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Con la clásica metáfora del
cine como “una ventana
abierta al mundo” como inspiración, la discusión
comenzará con los cambios generados por la aparición de
la revolución digital. Las preguntas involucrarán las
transformaciones y la concentración de medios de
producción que maltratan la diversidad e independencia de la
realización cinematográfica creativa y qué
relación con la realidad deberá construir el cine para
ganarse de nuevo la imaginación y reflexión del
espectador.
El cine ha estado siempre a merced del poder político
—particularmente en el Este—, del capital —particularmente en el Oeste—
y de la concentración de medios de producción —en
cualquier parte del mundo—. La creatividad individual de los artistas a
lo largo del siglo XX ha sufrido bastante por las extravagantes
prácticas de esta extraña combinación de fuerzas.
La situación en los umbrales del siglo XXI parece haberse
alterado radicalmente. Con innovaciones tecnológicas
sorprendentes apareciendo por doquier, no parece que los artistas vayan
a ser por más tiempo totalmente vulnerables a esos impedimentos.
En el futuro cercano, la cámara podría muy bien
convertirse en algo similar a un lápiz, puesto confortablemente
a disposición del artista, justo en la palma de su mano.Si como
se ha sugerido “la rueda es la prolongación del pie humano”,
entonces podríamos también decir que la cámara es
la prolongación de la mirada creativa del director. A comienzos
del siglo XX, debido al aplastante peso de la cámara, la
dificultad para operarla y la necesidad de soporte técnico, esta
mirada constituía una pesada carga para los pensamientos y
emociones del director. Pero hoy, siguiendo la revolución
digital, puedo imaginar fácilmente una cámara tan liviana
y pequeña como un par de gafas, o incluso como un par de suaves,
confortables e inadvertidos lentes, localizados al interior del ojo, en
la córnea.
Tres formas de control externo han sofocado históricamente el
proceso creativo del director: el político, el financiero y el
tecnológico. Hoy, con la revolución digital, la
cámara podrá evitar todos estos controles y ser puesta
abiertamente a disposición del artista. El nacimiento real del
autor de cine está aún por celebrarse después de
la invención de la “cámara-lápiz”; para entonces
estaremos ante el amanecer de una historia totalmente nueva de nuestra
profesión. A medida que la realización se vuelva tan poco
costosa como escribir, la centralización del capital en los
procesos creativos será radicalmente disminuida.
Este será el caso particular de la producción
cinematográfica. La distribución de nuestro trabajo
continuará por su puesto a merced del capital. Igualmente
comprometido estará el control gubernamental y la censura,
porque seremos capaces de “proyectar” nuestro film en internet para que
sea visto por millones en el mundo en la privacidad de sus propios
cuartos. Pero éste no será el fin de la
censura. Porque la auto-censura por el miedo a la
persecución del fanatismo religioso y el terror
continuarán frustrando la imaginación creativa.
Si la cámara se convierte en un lápiz, el director en un
autor y el acoso intervensionista del poder, el capital y los medios de
producción son todos eliminados, o al menos comprometidos
radicalmente, ¿no estaríamos en los umbrales de un cambio
totalmente nuevo en la misma esencia del cine como un medio
público? Me inclino a creer que debido a la creciente naturaleza
individual de la producción cinematográfica, así
como de su observación, el cine del siglo XX se
convertirá en la literatura del siglo XXI.
¿Estamos asistiendo a un momento histórico en el que el
cine está recibiendo su despedida? ¿Está el cine a
punto de morir? François Truffaut hizo una película
acerca de la muerte de la literatura con la aparición del
cine.Si Truffaut estuviera vivo, ¿no estaría intentando
hacerlo de nuevo con una película acerca de la muerte del cine
en las manos del autor digital?. O ¿se imaginaría a la
nieta de Tarkovsky o de Ford preservando las películas de sus
abuelos en algún lugar del Polo Norte?
Me inclino a pensar que la revolución digital es realmente el
último logro del conocimiento tecnológico y no el resumen
de lo que los artistas aún tienen para decir. Es como si esta
revolución hubiera sido lanzada contra ciertas profesiones
relacionadas con el cine, pero no contra el cine mismo.
En la última década del siglo XX, la desigual
relación entre el artista y el técnico había
alcanzado un punto crítico que podría muy bien haber
resultado en la muerte del cine. Hoy, sin embargo, la relación
se ha invertido y los avances tecnológicos en los instrumentos
de producción pueden resultar en efecto en la muerte del cine
como industria y una vez más dar la prioridad al cine como arte.
La revolución digital reducirá el aspecto técnico
de la realización a un mínimo y maximizará por el
contrario la importancia del director. De esta manera una vez
más la centralidad del aspecto humano del cine se
superpondrá a la función intermediaria de sus
instrumentos, y el cine como una forma de arte reclamará su
postura original.
Me parece que con la prioridad del cine sobre la técnica,
seremos testigos del nacimiento de verdaderos
directores-autores.Aún falta la presencia de artistas,
filósofos, sociólogos o poetas entre los directores. El
cine está aún en manos de técnicos. La
mayoría de las escuelas de cine alrededor del mundo
enseñan la técnica en lugar de los aspectos creativos de
la realización. Por supuesto, la pregunta que permanecerá
siempre es si los aspectos creativos del cine pueden realmente ser
enseñados. Cualquiera que sea el caso, el cine está hoy
inevitablemente limitado a aquellos que tienen acceso a costosas
cámaras. Hoy producimos aproximadamente 3.000 películas
al año para alrededor de seis billones de habitantes del
mundo... No más de 1000 cámaras son los instrumentos de
esta suma de producción cinematográfica anual. Cuando el
número de cámaras digitales aumente considerablemente, un
número masivo de autores sin cámara tendrá una
oportunidad sin precedentes de expresar sus nuevas ideas.Bajo la
emergencia de una democracia tecnológica, las barreras
políticas y financieras no podrán frustrar la
efervescencia de este próspero arte.
Imaginemos un mundo en el cual pintar un cuadro fuera tan
difícil como hacer una película, y que las ideas de Dali,
Van Gogh o Picaso tuvieran que ser implementadas por un grupo de
técnicos. La revolución digital es como brindar el
potencial equivalente a darle un pincel por primera vez a Van Gogh y a
Picaso. Si el software de PhotoShop o Windows 98 pueden convertir a
Monet, Manet, Pizarro, Cezanne o Matisse en innecesarios, entonces la
cámara digital también haría a Truffaut, Ray y
Bergman innecesarios. La cámara digital es la muerte de la
producción de Hollywood y no la muerte del cine.
Podríamos muy bien imaginar que con la revolución digital
seremos testigos de la muerte de los técnicos, cuando operar una
cámara se convierta en algo tan simple como desabotonar la
propia camisa. Entonces vendrá la muerte de la censura porque
“proyectar” será tan fácil como poner la poner la propia
película en internet en la privacidad de la propia casa para que
sea observada en cualquier parte del mundo. Y, finalmente,
comenzará la muerte del capital porque los baratos medios de
producción los convertirán en innecesarios. Pero,
¿no redundará un astronómico aumento de autores,
facilitado de este modo, en la muerte de la misma idea de autor?
Esta facilidad con la cual casi cualquiera puede convertirse en
realizador resultará indudablemente en un astronómico
aumento en la producción anual y per cápita en cada
sociedad. El aumento en la existencia de películas
resultará en un decrecimiento de la demanda. Esto llevará
a una competencia agresiva para dominar el generado caos que todo lo
nivela. La competencia entre los productores se trasladará a una
competencia entre los realizadores y la potencial audiencia se
encontrará pronto sumergida en un enorme supermercado, incapaz
de escoger el producto favorito. Al final del siglo XX, los
realizadores estaban en una posición de poder y elección.
¿Resultará la revolución digital y su consecuente
apoyo a un aumento masivo de la producción
cinematográfica, en un punto muerto donde habrá
más gente que haga películas de la que estará
dispuesta a sentarse tranquila en un cuarto oscuro por cierto
período de tiempo y ver realmente una película?
¿Qué tal si comprar una cámara es tan fácil
como comprar un lápiz y escribir con él?. Ciertamente
nunca ha habido tantos escritores creativos como lápices han
existido en el mundo. Tampoco significará la disponibilidad a
bajo costo de cámaras digitales la desaparición del
realizador creativo. Pero el cine como arte perderá ciertamente
su multitudinaria audiencia. La convocatoria general del cine puede ser
por tanto fracturada en atracciones más específicas y una
división del trabajo y el mercado puede tomar lugar en el cine
mundial. Gradualmente, en efecto, la audiencia, como consumidores,
pueden comenzar a dictar los términos de sus expectativas y la
narrativa cinematográfica puede comenzar a ser profundamente
afectada por las expectativas de sus espectadores.
En su crecimiento tecnológico, la cámara gradualmente se
convirtió en un monstruo que, con el fin de registrar la
realidad que tenía enfrente tenía que matarla
primero.Recuerden la escena donde la cámara y la banda de
técnicos detrás de ella están agrupados para
registrar un close-up de una actriz, mientras que el director
está tratando de convencerla de que está sola y no tiene
esperanza de encontrar a nadie por largo tiempo. La miserable actriz
era puesta en la poco envidiable posición de tratar de ignorar
el pelotón de gente detrás de la cámara. Pero
ahora, mientras más pequeña se vuelve la cámara
menos impondrá su distorsionadora presencia en la naturaleza de
la realidad a la que mira. La observación de la realidad
será más directa, más íntima, hasta el
punto de que la cámara puede ahora, literalmente, ser
considerada como el mismo ojo del director.
Si a pesar de sus intenciones democráticas, el Neorrealismo
italiano no pudo sobrepasar las limitaciones técnicas del cine y
testificar lo cotidiano, las realidades rutinarias, hoy movimientos
como Dogma 95 toman ventaja de los avances tecnológicos y
tienden por lo que el Neorrealismo Italiano no pudo alcanzar.
Alcanzaremos próximamente un punto en el que el periodismo
visual será posible, y el cine, tal como el periodismo,
será capaz de realizar su fusión crítica de
salvaguardar la democracia. Un evento puede tener lugar un
sábado, base que serviría para una película hecha
un domingo, proyectada un lunes y, por consiguiente, tener un efecto
inmediato en la construcción diaria de la historia.
Si el cine es conocido como “el arte del siglo XX”, ¿cuál
será la situación en el siglo siguiente, el de la
“civilización de la imagen”? El cine, hasta ahora la principal
forma de expresión de la imaginación colectiva,
superará a otros medios de imagen y narración.
¿Cuál será su rol en la invención de nuevas
formas? ¿Podrá resistir los sistemas de
representación dominantes que influencian profundamente en todo
el mundo?, ¿Qué campo de acción ético y
estético puede ser reclamado en la nueva configuración?
Estas cuestiones no deben ser tomadas como medios de revisión
del pasado, ni como una lista de peticiones, ni como una toma de
reservas con la situación presente. Deben ser tomadas más
bien como una reflexión de las posibilidades artísticas y
del lugar social de la realización cinematográfica en el
futuro.
¿Resultará la revolución digital en una
situación en la que el cine se convierta en una creciente forma
de arte individual?Si los largometrajes se pueden producir ahora con
una pequeña cámara digital y luego verse por internet en
un computador personal, ¿desembocará esta maravilla
tecnológica en la eliminación de la idea misma de una
audiencia colectiva, como el punto cúlmen de una experiencia
cinematográfica?
Imaginen un espacio de avanzada con equipos audiovisuales en su casa,
con pantallas tan grandes como una pared de un cuarto. En estos casos
uno puede pensar en efecto en que el cine, justo como la literatura, se
convierta en una forma individual de arte y pierda su función
social. Si la concentración de los medios de producción
en el pasado ha impedido la imaginación creativa, el cine
todavía tenía una particular función social debido
a la naturaleza comunitaria de su observación. Cualquier
artista, al momento de la creación, se imagina enfrente de una
audiencia. Esto es constitutivo del arte creativo. Si imaginar esta
audiencia colectiva le es negado al artista, entonces habrá un
efecto catalizador en el proceso de creación. Para la audiencia
el efecto será igualmente nocivo.Si le negamos a la audiencia el
placer de ver una película en presencia de otras personas, el
cine perderá una de sus más distintivas y definitorias
características.
Creo que el cine se ha beneficiado mucho de la naturaleza social de la
humanidad y no abandonará esto fácilmente, tampoco el
avance tecnológico cambiará tan rápidamente
nuestro carácter grupal. Actualmente la mayoría de la
gente en Francia tiene café y cafeteras en sus casas.
¿Por qué están entonces llenos de gente los
cafés públicos?Es la misma necesidad que llevará a
la gente a las salas de cine. Cannes es todavía otro buen
ejemplo. Aunque el cine es aún un evento muy social, la
necesidad de ser parte de una todavía más grande multitud
nos reunió aquí en Cannes. El placer de ver una
película aquí es incomparablemente más grande que
verla en un pequeño festival, en un teatro más modesto, y
en la compañía de sólo un pequeño grupo de
personas.Así que cualquiera que sea el estatus de las
innovaciones tecnológicas, la proyección privada, la
producción y la audición, esta urgencia colectiva
continuará garantizando la función social del cine como
una forma de arte. La naturaleza social de la imaginación
creativa prevendrá la individualización radical del cine
incluso más allá de la privatización de los medios
de producción y audición. El acto creativo tiene unos
intereses creados en su ser social, porque eliminar la audiencia de la
mente de un artista impediría el proceso de creación. El
arte en última instancia tiende y apunta a su audiencia. En este
aspecto el arte es muy parecido a las prácticas religiosas. Los
individuos creyentes pueden practicar su piedad en la privacidad de sus
casas, pero la función social de la religión
inevitablemente lleva a la gente a las prácticas comunitarias.Si
llevar a cabo actos individuales, desde la religión hasta beber
una taza de café, continúan siendo sociales a pesar de
las enormes posibilidades de su privatización, entonces la
necesidad colectiva de ver películas en presencia de una
multitud también persistirá. La ironía de este
desarrollo es que en su crecimiento, el cine gradualmente se
encontró a sí mismo con la dificultad de que, como la
arquitectura, cada aspecto de su ejecución dependía de
otro. Con la revolución digital, el cine puede ahora recuperar
su propio estatus como una forma de arte, pero,por virtud del mismo
desarrollo, ve su propia función social puesta en peligro.
¿Cuál sería la relación entre la
revolución digital, la función civil de la
imaginación y la posibilidad de un cine más
democrático?
De lejos el evento más significativo en la revolución
digital es la revocación del control político en algunas
ciudades (particularmente en el Este), y del control financiero en
otras (particularmente en el Oeste).
Hay otra consecuencia igualmente importante de la revolución
digital. La gente en las regiones menos prósperas del mundo ha
sido siempre el último receptor del cine como forma de arte. La
historia del cine comienza con las naciones ricas y poderosas haciendo
cine, no sólo acerca de ellos mismos sino acerca de otros. Esta
es una relación parcializada de poder. Hoy, con cien años
de historia del cine, esta no democrática e injusta
relación de poder se ve incluso en el hecho de que ninguna
película de África ha sido mostrada en Cannes este
año.¿No tiene África nada que decir? ¿Son
incapaces los africanos de expresarse a ellos mismos en términos
visuales? O tal vez es la injusta distribución de los medios de
producción la que le ha negado a los artistas africanos la
posibilidad.Otro ejemplo de la injusta distribución de los
medios de producción se ve comparando mi propia familia con la
nación-estado de Siria.Durante el año anterior, Siria
produjo sólo una película, y en mi familia dos y medio
largometrajes! Con la misma lógica de que la producción
per cápita en mi familia incrementó por los conocimientos
y facilidades que mi padre compartió con el resto de su familia,
la revolución digital también pondría tal
conocimiento y facilidades a disposición de una gran comunidad
de artistas.Imagínense las nuevas secciones de Cannes en el
año 2010, más diversificadas y mucho más
democráticas, todo ocasionado por la revolución digital.
Otra consecuencia crucial de la revolución digital es que el
cine perderá su monológica y profética voz y
emergerá un diálogo más globalmente predicado.
Hoy, se producen anualmente alrededor de 3.000 películas por una
población global de alrededor de 6 billones de personas, lo que
quiere decir que se produce una película para cada 20 millones
de personas. Pero no todas estas 3.000 películas tienen la
oportunidad real de ser proyectadas. La competencia con Hollywood es
intensa en cualquier parte del mundo. Los cines nacionales están
oponiendo una heroica resistencia al cine de Hollywood, pero muchos
teatros son monopolizados por las producciones de Hollywood. Hay
teatros que son reservados para las películas de Hollywood
aún por salir, mientras que los cines nacionales están al
borde de la destrucción.
Cuando los libros no eran muchos, la gente consideraba lo escrito una
verdad superior y, si un libro era encontrado en una ciudad remota, le
atribuirían su origen a fuerzas celestiales. Cuando los libros
aumentaron, este atributo sagrado y absoluto se rompió y los
autores terrestres perdieron sus presunciones celestes. En la era de la
escasez de producciones cinematográficas, “Titanic” tiene la
función de ese libro celeste y nuestro mundo el de aquella
pequeña ciudad.
La imagen cinematográfica del mundo que prevalece es aquella que
el Primer mundo impuso sobre el Tercer mundo. África ha sido
vista desde el punto de vista francés y no desde el punto de
vista africano, tampoco los norteamericanos y franceses han sido vistos
desde el punto de vista africano. La revolución digital
superará este desbalance. El Primer mundo perderá
entonces la prioridad de su visión como el punto de vista
dominante del mundo. La globalidad de nuestra situación no
dejará ninguna credibilidad a las asunciones de un centro y una
periferia del mundo. Estamos ahora lejos de pensar que recibimos la
técnica del Oeste y luego le añadimos nuestra propia
sustancia.
Yo como cineasta, no seré más sólo una
iraní que asiste a un festival.Soy una ciudadana del mundo.
Porque, desde ahora, la ciudadanía global no está
definida por el ladrillo y el mortero de las casas o por las palabras
impresas en la prensa, sino por la fuerza colectiva de un expansivo
vocabulario visual.
Un cierto grado de tecnofobia ha acompañado siempre al arte del
cine. Uno puede sólo imaginar el miedo y la ansiedad que
sintió la primera generación de asistentes al cine.O
cuando por primera vez los franceses vieron el tren de los
Lumière en la pantalla. El cine de nuestro futuro no será
inmune a los retos y oportunidades de la tecnología que tienen
lugar a nuestro alrededor. Más allá de la tecnofobia de
las anteriores generaciones, la nueva generación jugará
con estos artilugios tecnológicos como con juguetes de un juego
totalmente nuevo.
Me parece que esta misma conferencia está por fuera de cualquier
impulso tecnofóbico y más cercana a un modo de ejercicio
de terapia colectiva para aliviar esta tecnofobia. Mientras que creo
que deberíamos considerar este evento como un funeral ritual por
la tecnología. La tecnología ha progresado tanto que ya
no es tecnológica! Todo lo que necesitamos para operar una
cámara digital es saber cómo mover unos cuantos botones,
tal como desbotonarse la chaqueta en un cuarto oscuro. Es todo. No
necesitamos un gran conocimiento tecnológico para hacer esto.
Una de nuestras conclusiones al final de esta conferencia podría
bien ser que después de la revolución digital estamos
todos curados de nuestra tecnofobia.
Un nuevo miedo preocupa ahora a los realizadores, y es si, como
artistas, tienen algo para decir a otra gente que, con una
cámara digital en sus manos, no tiene nada que decir. Hay una
historia de Mathnavi de Rumi, uno de nuestros grandes poetas: una vez
un gramático se montó en un barco y se adentró en
el mar. Cuando el mar estaba calmado y silencioso, tuvo una
conversación con el capitán y le preguntó si
él sabía algo de sintaxis y morfología.“No”,
respondió el capitán. “La mitad de tu vida ha sido
perdida”, reviró el entendido gramático. Un momento
después, el barco quedó atrapado en medio de una enorme
tormenta. “Sabe nadar?”, le pregunta el capitán al
gramático.“No”, dice el gramático. “Toda tu vida se
perdió”, le asegura el capitán.
Hace veinte años si alguien quería entrar a la
profesión de realizador, le preguntaban si conocía la
técnica. Si no, se le hubiera dicho que era un iletrado en la
mitad de este arte.Veinte años después, la única
pregunta que necesita responder es si tiene el arte
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