before numberseditorialcineclubs


 
Los cineastas y los cineclubes

   

Por: Gabirel Rodríguez (Mundokino.net)
 

 

   

No es común encontrar en los terrenos del arte, un escenario en el que los creadores y los espectadores se reconozcan sistemáticamente como ocurre en los cine clubes. Esa reunión a la que concurren responsables y copartícipes de la obra cinematográfica culmina, cuando el autor se explaya y los asistentes cierran la retroalimentación con sus preguntas y comentarios. Es preciso reconocer, que por buena o mala que sea la fama de los círculos cinéfilos no todo es aplauso ni snobismo en el cineclubismo. Sin importar su residencia o su época, las ideas que desembocaron en los protocolos del cine club están asociados íntimamente con visiones revolucionarias de la sociedad y su implementación contemporánea no ha perdido de vista su función colectiva. También es cierto que como otros paradigmas, aquél que sustentó a la reunión colectiva frente a una pantalla (subterránea o pública, amateur o profesional), se animó con los aires de renovación compartidos entre los jóvenes por todo el mundo y actualmente continúa evolucionando en los cinco continentes. Llena de mitos y leyendas, la red entre los críticos, los cineastas y los cine clubes es tan estrecha que los límites se pierden frecuentemente y cada micro historia encierra episodios germinales, climáticos y de crisis permanente entre sus protagonistas. Los cineclubismos han partido del encuentro entre el creador y la audiencia pero sobre todo, entre individuos entusiastas que sumados llegan a calar en el imaginario colectivo como militantes culturales o como corrientes estéticas. A su vez, cada experiencia es única y considerando que tanto la conceptualización como la implementación de un cine club echa mano de la creatividad editorial, publicitaria y administrativa, la manutención de los círculos ha dependido de la astucia autogestiva y del eco de sus afiliados reflejado en el número de abonados y suscriptores. Como éxito económico, en los grupos cinéfilos también es posible hallar el reflejo del comercio inspirado por la visión del cine como negocio del arte. El fracaso de unos y el éxito de otros, abre las preguntas acerca de la economía doméstica de los exhibidores alternativos que además de su propia dinámica interna, conlleva un conflicto con la censura, aprovechando los vacíos en la legalidad que regula la oferta y la demanda del audiovisual.

En los márgenes del periodismo, sobrevive esa opinión pública dedicada a fundamentar y legitimar una praxis. Fungiendo como intermediario entre una cinta y sus lectores, no han sido pocos cineastas involucrados en proyectos de publicación y exhibición independiente. Desde sus orígenes, es común ver ligados tanto a los realizadores como a los organizadores y promotores del cine club, asociación que a pesar de sus detractores, ganó status en los terrenos de la crítica y la política como entidad civil sin fines de lucro. Asimismo, la selección y presentación de películas ha utilizado otros recursos para acercar a los aficionados con los creadores. Las retrospectivas y los festivales representan una forma de mantener el diálogo entre los autores y sus seguidores.

En la dinámica comercial de la cinematografía (que incluye la contención o permisión de la piratería), la relación del creador y su público depende de la posibilidad contar físicamente con el cineasta y la copia, pero es indiscutible el atractivo que representa para la taquilla de cualquier sala cinematográfica, el contar con una figura especial en persona. En México, independientemente a los programas televisivos de entrevistas, no abundan espacios en donde se puedan presentar aquéllos acompañando con un debate de sus películas. Salvo contados casos institucionales que mantienen la presentación de la cinta y al terminar un brindis con los asistentes, fuera de los circuitos académicos es difícil asistir a un convivio de este tipo en el que los cinéfilos profundicen en la trayectoria de un cineasta en especial, léase guionista, editor, musicalizador, etcétera.

Pasado el auge de las mayorías, comenzamos a vivir cotidianamente la reafirmación de la diversidad individual, cultural, sexual y étnica. La era digital posibilitaría cine clubes que vieran la misma película y la comentaran por medio de tele conferencias televisadas. Sería interesante saber cómo reciben diferentes espectadores en el mundo, la misma película en horas y latitudes distintas. Lo minoritario del público especializado no justifica su desamparo. En esa arena, los cineastas tienen mucho que aportar y recibir. Queda pendiente, el capítulo de los cineclubistas que devinieron cineastas y alimentaron los circuitos de resistencia cultural ante la hegemonía estadunidense, algo que ya comienza a ocurrir en los albores de nuestro siglo.