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Para
muchas personas es más preciso que se llamen Video Clubes en vez
de Cine Clubes porque sus proyecciones se hacen en formato de video y
no en cine. Entonces, si uno de estos clubes se empeñara en
hacer sus proyecciones por medio de discos digitales
¿deberían denominarse "Digital Clubs" o "Disc Cine Club"?
Este juego de denominaciones toma mayor relevancia en tanto que el
fundamento de cualquiera de estos grupos, el cine, da paso al
predominio de los formatos. Un Cine Club no es un espacio determinado
por los formatos, sino por el cine mismo; en tanto que su
disposición y recursos estén orientados hacia la
apreciación cinematográfica, sus medios no determinan su
carácter.
En este sentido, no existe duda del inusitado auge de los Cine Clubes
en la Universidad de Antioquia, tanto en la Ciudad Universitaria como
en la Ciudadela de Robledo y en la Facultad de Medicina. Espacios de
apreciación y sensibilización que vienen desarrollando lo
que podría denominarse una "Primera Etapa" en su acercamiento al
concepto integral del Cine Club, dado que sus tareas se restringen, por
ahora, a la proyección.
¿Cuál es la dimensión y los alcances de un
conglomerado de individuos que se reúnen entorno al cine? No
existe una respuesta precisa dado que son esos mismos individuos
quienes determinan tales dimensiones con cada uno de sus actos.
Podría ser la simple proyección de películas de
forma arbitraria o a manera de ciclos con unidades temáticas, la
discusión o socialización de inquietudes y conceptos, la
realización, el procesamiento de información por medio de
revistas, plegables o páginas Web, conferencias, tertulias,
festivales y concursos, etc. Lo que si es preciso y evidente luego de
un sondeo en el público que asiste a las sesiones que brinda
cada uno de estos espacios, es que la "Primera Etapa" está
generando expectativas ante las cuales se presenta la cuestión
por superarlas y conducirlas.
A este punto, con algunas excepciones, la universidad cuenta con una
gran cantidad de público pasivo que hace las veces de receptor
silencioso de las diversas propuestas cinematográficas. El
proceso mental que se desarrolla en cada individuo ante la
confrontación con múltiples tendencias narrativas y
estéticas lo está librando en su intimidad, en la
seguridad y confianza que propician los recodos de su mente. Si bien
este proceso interior es ineludible y necesario hasta en el más
singular de los espectadores, también lo es la
socialización de los conceptos, la retroalimentación, la
comunicación como premisa de construcción cultural y
dinámica social entorno a un centro temático: el
cine.
Existe un argumento respecto a esta parca socialización
conceptual que ha terminado por imponerse a falta de otros: la cultura
universitaria se ha forjado sobre la base de una cierta timidez
ideológica ante la magnitud e imponencia de discursos
tradicionales y radicales. El temor expresivo que ha marcado las
discusiones políticas al interior de la universidad ha extendido
ese mismo mutismo en todos los campos, hasta en aquellos en que
supuestamente deberíamos sentirnos con mayor libertad como el
arte. Y lo más delicado de ésta circunstancia social es
que ha logrado su consagración como actitud
cultural.
Pero sin dejar que ese argumento califique de un tajo el presente
letargo de los Cine Clubes, he aquí otros argumentos: De una
parte puede ser que las dinámicas bajo las cuales los Cine
Clubes desarrollan su actividad impidan la participación del
público, sea por la disponibilidad limitada de tiempo, espacios
y recursos; o que contando con esos factores, quienes lideramos los
Cine Clubes no tengamos la capacidad logística e intelectual de
optimizarlos y posibilitar tal acercamiento con los espectadores.
También podría afirmarse que esta clase de procesos
culturales no deben forzarse sino permitir su configuración
espontánea; pero igualmente se ha evidenciado que esa
configuración tiende a ser tardía y adormilada si no se
reflexiona y se toman medidas para ello.
De cualquier modo, las propuestas de apreciación
cinematográfica lideradas por los estudiantes y materializadas
en los Cine Clubes, han servido como detonantes culturales que no por
exitosos deban dejar de mejorar su margen de impacto. Todos los
públicos han tenido respuesta, a excepción de los amantes
del porno y la acción, para quienes quizá se esté
fraguando en la cafetería una propuesta creativa e
interesante.
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