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Credo Pulp de la esquizoficción
Por: Alvaro Ruiz
EL CINE CLUB PULP MOVIES está empacado en formato no
convencional y su excitación química encuentra su punto
más efervescente en la imagen, a la que somos adictos y en la
que creemos, es la única manera de acceder a los complejos
mecanismos del mundo actual.
Nuestra fórmula, si así se puede llamar, es la de un
modernismo post fielmente ligado a las vanguardias del arte. Mostramos
a través del vídeo y el cine, la consciencia del hombre
contemporáneo y su desenvolvimiento en el subconsciente locuaz
de la ciudad y su concreto hiperurbano.
Rara vez miramos hacia atrás, en cambio, la firmeza de nuestra
visión está determinada por el escalón siguiente
de una experimentación en pugna con el sentido último de
un arte que merece y debe ser constantemente reivindicado, renovado y
explorado para el deleite de las pupilas y los circulos viscerales de
nuestro organismo. Celebramos que la imagen pueda ofrecernos tales
placeres.
Cada vez se ve más cine en el mundo pero cada vez menos en el
formato tradicional. Las nuevas técnicas reducidas a pantallas
microscópicas de vídeo, disco-laser, CD-ROM,
televisión interactiva, cable, realidad virtual, multimedia,
promulgan la adicción a la imagen con hormonas de vouyerista.
EL DESCUARTIZAMIENTO DE FORREST GUMP
La película Forrest Gump de Robert Zemeckis es un ejemplo justo de todo lo que aborrecemos:
las falsas pretensiones hollywoodenses
el efecticismo agudo
las pésimas actuaciones
la adoración maniática a los efectos especiales
la torpeza tomhanksiana
el american dream de letrina
los argumentos flojos vacíos
el convencionalismo de una estética que no
arriesga nada, sin un trazo de creatividad sobresaliente.
No trabajamos para el idiota-espectador que es disímil al mero
placer de la imagen. El no poseer una postura crítica frente al
cine es ya un crimen, tal vez el peor.
El cinema postmoderno se inscribe en lo imposible y sus iconos arden de fotograma a fotograma :
El fetiche como culto (o apego) obsesivo a objetos, rostros y rastros del paisaje icográfico humano.
La cultura junk que eyacula dosis de drogas duras (el sacol como
psicoactivo volátil viene a establecerse como la propuesta
más económica para los jóvenes viajeros de un
mundo sin control), la tele y la comida rápida glorificada hasta
la náusea.
La estilización de la violencia : se utilizan cuerpos frescos para ser abaleados, sangre a granel.
Todas las perversiones sexuales : la necrofilia, la más exquisita.
El kitsch hornea una exacerbación de lo feo, los colores se reproducen como ratas.
El nihilismo y el absurdo treparon del delirio Beckettiano a los complejos fílmicos.
La pirotecnia visual de escultores de la imagen contemplando el
vértigo de la gastronomía kinetoscópica.
La pornografía encuentra en la repetición brutal del
coito su placer más hipodérmico : instantáneas de
glandes hinchados y vulvas pululando, se aceptan penetraciones anales,
el despliegue vaginal y los litros de semen son para paladares porno.
El cine es un artículo de perversión, la fábrica
de labios acrílicos tipo Marylin, cricovisceral Metro goldwin
mayer gato roroneante caricaturesco de la cultura pulp como de la
mierda y el reciclaje de géneros la novísima
frustación experimental el thriller el film noir la comedia
ácida el musical post - grunge el video arte. Todas las
corrientes esplendorosas de un cine no menos elocuente en su calibre.
Celebramos que los monstruos del underground aun nos deleiten con sus
preciosidades sangrientas y doblemente esquizofrénicas : David
Lynch, los hermanos Cohen, Quantin Tarantino, Wong Kar-Wai,
Martin Scorsesse, Danny Boyle, Spike Lee, Robert Altman, el desfile
continua y el futuro de cinematógrafo apenas despliega toda su
parafernalia ante la cierta mirada de un espectador al que pretendemos,
por supuesto, atrapar.
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