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"Reivindico, pues, los filmes fantasmagóricos,
poéticos
en el sentido denso, filosófico de la palabra, filmes
síquicos. Lo que no excluye ni la sicología, ni el amor,
ni el esclarecimiento de ninguno de los sentimientos del hombre. Pero
que sean filmes en los que se trituren, se mezclen las cosas del
corazón y del espíritu hasta conferirles la virtud
cinematográfica que hay que buscar."
Antonin Artaud
La existencia de Cine Club soslaya una de las mayores contradicciones a
que está sometido el arte cinematográfico. La
contradicción planteada entre las formas de producción,
distribución y exhibición del cine, regulados por grandes
grupos multinacionales, y los intereses y expectativas de los creadores
y del público. El cine para los administradores de la
aldea global, no es más que un espectáculo destinado a
entretener a un grupo especial de consumidores denominado
espectadores. Por eso el cine ha descendido de la
concepción de arte, el cual es obra del artista, y se basa en la
premisa irrenunciable de la libertad de creación y que exige de
su público el esfuerzo inteligente de la apreciación, a
la de alternativa de entretenimiento, donde debe competir con payasos,
mercachifles y shows televisivos en la ardua tarea de hacer pasable,
casi siempre frente al televisor, el trago amargo de la nimia vida
moderna, al acondicionado hombre urbano del nuevo milenio. De esta
pobre, pero económicamente productiva, relación
espectáculo-espectador surge un nuevo modo de censura que
consiste en que sólo puede ser observado aquello que deciden los
curadores de las multinacionales de la distribución y la
exhibición, cuyos pírricos ojos no ven más
allá del unidimensional “concepto” de la taquilla.
La misión del Cine Club es devolverle al cine los espacios para
que este pueda cumplir su misión estética,
artística, social, sexual, filosófica y
política. Para ello rompe la censura de las grandes
cadenas, abriendo un lugar para la lectura del texto
cinematográfico y para permitir la apreciación libre de
las múltiples manifestaciones culturales que el cine posibilita
como un lenguaje plenamente vivo. La existencia del proyecto social del
Cine Club está justificada en la convicción de que el
cine es un lenguaje en construcción, con exponentes de aguda
inteligencia y sentido estético y con obras que siguen siendo
capaces de asombrar nuestros sentidos.
La búsqueda principal del Cine Club es abrir los espacios donde
este cine pueda mostrar las múltiples miradas que incluye sobre
lo humano desde las infinitas perspectivas en que puede éste ser
asumido. En cuanto a la relación con el espectador, el
Cine Club defiende la capacidad del ser humano de enfrentar el hecho
cinematográfico con la fuerza de su individualidad. El reto es
proveer los elementos para que tal acercamiento pueda darse con mayor
intensidad y permitir el espacio necesario para que se puedan
exteriorizar las vivencias que se generan al contacto con la luz en
movimiento.
La invitación del cine club ha sido
aceptada por una nueva generación de espectadores que ven al
cine mucho más allá del espectáculo y que
encuentran en él una vía de identificación y
confrontación con sus propios modelos vitales. Este
proceso que lleva al cine desde la imagen que se agolpa contra los ojos
hasta la elaboración mental de las relaciones y conexiones entre
éstas y una intención estética del autor genera
un gran variedad de miradas que enriquecen colectivamente el proceso de
apreciación de cine. Este es uno de los mayores retos del
Cine Club, permitir al cine una revelación colectiva desde la
interiorización más individual.
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