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Pulpmovies. Pulp Birthday!
Por: Alvaro Ruiz
La
hora es propicia para entrar al film, ocupar la butaca, quitarse los
zapatos, soltar el cordón del alma mientras la pequeña
noche artificial lo cubre todo y el proyector comienza a rodar,
paciente como un río, en el auditorio; la cinta corre
entonces cuadro a cuadro expandiendo rayos de luz sobre nuestras
cabezas. La película inicia, sobre la pantalla los colores
adquieren nitidez, fuerza, allí todo lo cotidiano se infla, se
profundiza: podemos oler a los personajes, podemos ir al fondo del
paisaje humano, frisar la piel del corazón, presentir el sol
asomando entre brisa tibia, el agua bajo el puente en la boca de un pez
y más, mucho más...burbujas que efervecen en una copa de
champaña para celebrar con guirnaldas la vitalidad del
cine ahora, aquí. Cine para ver con los ojos abiertos, cine de
viajes internos por entre la sangre, cine de pop corn y alas y dulces
raíces, cine para reposar en la hierba y distraerse un rato con
las nubes, cine que abre caminos y descompone estructuras, cine para
capturar la belleza y multiplicarla, cine para pintar estrellas de
óleo sobre los sentidos, cine para borrarse físicamente,
para votarse a la no gravedad, para licuarse en el espacio, para
evacuar el pensamiento. Cine que descubre, desnuda, abre y penetra, a
veces tan sólo con la intención de ofrecer sensaciones,
de fantasear...
Y mientras la peli avanza, nuestros sueños se estiran como
plastilina, en la sala el silencio se cierne intimo y esperanzador de
pared a pared, pocos pasan desprevenidos, algunos sudan más que
de costumbre, otros se recogen y pierden la voz, lanzan suspiros, la
hora es propicia para adentrarse más, todo impulsa al
desprendimiento general de los músculos en la cadencia de cada
fotograma en la música corporal del no rigor...
La cinta da el último trastoque: danza... y muere...
Los créditos finales aparecen y se esfuman en el viento.
La corteza de los párpados se quebranta para alegría y
paz de la mirada.
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