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Mohsen
Makhmalbaf y el cine de lo real subjetivo |
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| Por: Mauricio Alvarez |
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| "Ser iraní e independiente es muy
difícil. Ser un director de cine e independiente es muy
difícil. Estar vivo y vivir es muy difícil. Pero la vida
continua. " Mohsen Makhmalbaf |
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Desde hace algunos años el cine
iraní aparece en carteleras de cine comerciales, cine clubes,
festivales y videotiendas. De la mano de directores como Majid Majidi
(Los niños del cielo), Abbas Kiarostami (Donde está
la casa de mi amigo, Close-up) y Jafar Panahi (El globo blanco)
esta nueva cinematografía ha mostrado al mundo una faceta
diferente de una sociedad poco conocida y a la que los medios de
comunicación dedican cada cierto tiempo un espacio visto
desde los aviones que la bombardean ocasionalmente. Sin embargo
a través de este cine hemos visto como asuntos de complejidad
vital se pueden expresar por medio de relaciones infantiles, no
por ello poco valiosas o fáciles de resolver. Los niños
del cine iraní hablan más del ser humano, sus contradicciones,
impotencias y búsquedas que cientos de sofisticadas, costosas
y débiles películas de corte mercantilista que vemos
a diario en los teatros y televisores. Y es posible que todo el
cine iraní de los últimos años se haya hecho
con lo que cuesta una sóla superproducción norteamericana.
Es decir que confirmamos el hecho de que, hacer buen cine no es
un asunto de abultados presupuestos y refinamientos técnicos
sino una cuestión de búsquedas vitales, de una necesidad
de comunicación, de usar la imagen como el último
lenguaje posible.
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Pero entre este reconocimiento que se hada dado al nuevo
cine de Irán hay un nombre que permanece oculto y que es sin
embargo uno de los estandartes más valiosos de este joven
movimiento cinematográfico. Se trata de Mohsen Makhmalbaf. Un
hombre de esos que uno se podría encontrar en la calle tomando
un helado o comprando flores si uno viviera en un barrio popular de
Teherán. Este polifacético espécimen de nuestra
especie ha sido: militante político-religioso radical, escritor,
director de teatro y también director de cine. En este
último campo ha producido cerca de 15 largometrajes en los que
ha quedado plasmada la multiplicidad de su ser. Su cine es artesanal,
una obra hecha a mano. Sus películas son de bajísimo
presupuesto, con pocas personas en la producción, con los
mínimos recursos técnicos que el cine permite; es decir,
es un independiente. Pero esta palabra, desgastada por algunos
jóvenes norteamericanos que juegan fuera de pulpo Hollywood,
tiene una significación definitiva para Makhmalbaf. Ser
independiente en Irán es tener a todo el mundo en contra: al
gobierno y su minuciosa censura religiosa, a la oportunista
oposición política, al pentágono y la cia que
constantemente buscan enemigos para justificar su inútil
existencia. Llevadas las cosas a este punto, una película
Iraní no puede hablar directamente de cualquier tema so pena de
ser vetada por el gobierno, rechazada por la gente o prohibida en los
EEUU. Es por esto que la obra de Makhmalbaf, Kiarostami y sus
coterráneos resulta en extremo valiente y creativa. Porque han
usado al cine como una manera de comunicarnos asuntos vitales sobre
nuestra estancia como humanos independientemente de nuestra
filiación religiosa o posición geográfica. En
Makhmalbaf el cine es un acto de desesperación comunicativa, la
única manera de salir del autismo. Usa al cine como el puente
posible para comunicarse con el otro, su única para manera para
llegara hasta él, hasta nosotros. Por eso no necesita sino una
cámara y un grupo de amigos para contar su historias: como
militante político en BOYCOTT, para hablar de las huellas
profundas de la guerra en MARRIAGE OF THE BLESSED, para reflejar el
dolor de la impotencia y el valor de la dignidad en THE CYCLIST, para
mostrar las contradicciones de la fama en THE ACTOR y para contar una
historia de amor por medio de tapetes persas en GABBEH.
Brevísimo y quizá inútil resumen de su
filmografía que lo único que quiere es mostrar la
diversidad de una obra, fundida con su propia vida y con la de su
país, en lo que podríamos denominar el realismo de lo
subjetivo. El mundo de lo real pasado por el filtro del imaginario de
una persona sencilla que ve la vida de un forma simple y radicalmente
digna. El cine como una reivindicación de lo humano a partir de
la vida cotidiana, de lo excepcional de los seres cotidianos; el cine
como un acto de sinceridad con la realidad, como la devastación
de la mentira por medio de imágenes de ficción que
delatan lo real.
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| Además de las
películas dirigidas es imprescindible mencionar la
participación de Makhmalbaf en ClOSE-UP (Abbas Kiarostami) y THE
APPLE (Samira Makhmalbaf). La primera es, para nosotros, una de las
películas más importantes del cine de los últimos
años. Allí Kiarostami (director, observador y personaje)
y el propio Makhmalbaf (actuando como si mismo a través de su
cuerpo y del de otro que quiere ser él) tiran del cine hasta
llevarlo, más allá del documental y el argumental, a la
intervención cinematográfica de la realidad. Cine que se
hace con los hechos que quiere contar, la narración del tiempo
real, del tiempo de lo real; el cine como una provocación, como
una guerrilla del lenguaje. Esta idea ya se expresaba en MARRIAGE y
demuestra la preocupación del director por integrar la vida real
dentro del cine, sin imitar la propuesta neorealista centrada en el
dolor y la carencia y sin llegar a la distancia típica del
documental. Practicando incluso lo contrario, haciendo una obra de
ficción como si fuera un documental, tal como sucede en GABBEH.
La segunda, THE APPLE (guión y producción de Makhmalbaf),
es la ópera prima de su primogénita Samira, quien a los
17 años nos sorprendió con un obra que somete al
espectador a tensiones humanas de largo alcance: un trance afectivo y
una dislocación de los sentimientos en busca de unas nuevas
coordenadas vitales que quizá sólo las dos niñas
protagonistas, en su aprendizaje del mundo, nos pueden indicar, como un
camino partida hacia otro sitio, otra vida, para nosotros desconocida. |
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| Significa más el
cine iraní por lo que oculta que por lo que muestra. En medio de
la marea de imágenes del cine y la televisión
comerciales, al máximo elaboradas, procesadas para que ignoremos
lo real, para crearnos una realidad ajena a nuestra propia vida; el
cine iraní, Makhmalbaf, Kiarostami, Samira y los otros que no
conocemos, quitan, recortan, eliminan, en una búsqueda intensa
por despojar al cine de lo accesorio, en busca de que pueda contar lo
real, lo real de cada uno y de los otros, masturbar en el cine esa
parte de la intimidad de cada ser humano que nos enlaza a lo otro, usar
al cine como una señal primaria, como una clave morse, como el
primer dibujo de un niño, usarlo para hacer silencio, para dejar
de ver. De otras cosas habla Close-up, The actor, Marriage of the
blessed, cosas que no se muestran, cosas que algunos espectadores
ignoran, las cosas que las justifican como cine. Diálogo secreto
que escapa de la censura oficial y que penetra nuestra sensibilidad
violándola, escurriéndola, alterando nuestra realidad
para demostrarnos que es falsa, ilusoria, prescindible y que podemos
llegar, si queremos, si sabemos dejar de ver, a esa realidad verdadera,
a nuestra propia realidad. Sin embargo aparecen Kiarostami al final de
Taste of cherry y Makhmalbaf en Close-up, demostrándonos que
todo era ficción, actuación, cámaras, cine. Como
si eso nos devolviera la tranquilidad, como si eso nos retornara a la
realidad. Como si una película de cine sólo fuera una
película de cine. |
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| "De este modo, puede que no leamos
nada preciso, nada identificable, nada definido, como si cada uno
de los meandros se nos revelara de repente tras una mirada, un encogimiento
de hombros, sin réplica posible, sin palabras para fabricarlas,
pero experimentando a la vez la sensación de lo verdadero."
Jean Claude Carriere. La película que no se ve |
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| Filmografìa Mohsen Makhmalbaf |
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