| |
|||||
![]() |
|||||
|
| |||||
![]() ![]() ![]() |
Rotterdam 2006 |
||||
| Reseña en 15 películas sobre el Festival Internacional de Cine de Rotterdam 2006 | |||||
| Por Mauricio Alvarez |
|||||
|
Olvida ser Cannes, intenta ser Rotterdam.
Hay ciertos festivales de cine que se convierten en referencias sobre lo que está pasando en el cine, festivales en los que uno confía tanto que empieza a tener en cuenta ciertas películas por el sólo hecho de que se presenten allí. Uno de esos fue Sundance, que tenía junto a sí la estela de eso que se ha llamado el cine independiente estadounidense. Luego fue Cannes, la meca del cine internacional, del cine “de autor”, allí tan cerca de los Cahiers du cinema. Y con Cannes todos los festivales que están en ese extraño y selecto grupo de los festivales “grandes”. Toronto, San Sebastián, Venecia, Berlín. Pero hay un festival que debería ser seguido, aunque sea desde lejos, por todos los interesados en el cine como una forma de arte, en el cine abierto, internacional, de autor, arriesgado, experimental, comprometido. Y lo más sorprendente es que no se trata de un festival menor. Se trata del Festival Internacional de Cine de Rottterdam. El festival de Rotterdam es una inmensa fiesta en la que toda una ciudad se dedica al cine durante dos semanas. En 2006 el festival ha llegado a su edición número 35 y la declaración de intenciones sigue siendo contundente, en palabras de la directora del festival: “Permanecemos fieles a los principios militantes de los inicios más tempranos del festival: proveer una plataforma anual para las películas independientes, para el cine de autor. Un lugar donde el cine es considerado arte.” La imposible programación. El catálogo del festival tiene casi 500 páginas y diariamente se presentaban más de 50 películas. La mayoría de los nombres de las películas y de los directores no resultaban comunes ni a los cinéfilos más entregados. Con el programa y el catálogo en la mano cada asistente tenía que ejercitar sus dotes de programador y hacer su propia programación del festival. La programación estaba dividida en 15 secciones pero resultaba vitalmente imposible ver al menos dos secciones completas. Así que uno tenía que conformarse con su propia lista y ensanchar los pocos días de presencia en tierras bajas para ver la mayor cantidad de películas posibles. A quien esto escribe el sol se le convirtió en un extraño durante los 5 días de estancia en Rotterdam para poder ver sólo 30 películas. De sala en sala se pasaron las mañanas, las tardes y las noches. Una maratón de cine que puede causar confusión en la memoria y hasta en los propios recuerdos. Lo que sigue son las memorias de las películas que impactaron con mayor intensidad las pupilas y sentimientos del suscrito. Se trata entonces de un panorama incompleto y subjetivo de una parte de un inmenso festival de cine. Que sirva como una especie de declaración de amor. Si crees en la capacidad del cine como forma de arte, como medio revelador de lo humano, Rotterdam es el sitio a dónde debes dirigir la mirada. De los filmes impresionantes i) La perrera. Manuel Nieto Zas. Uruguay. Argentina. Canadá. España. Holanda. 2006. Se trata de una peli en el mejor estilo marginal de las novelas de William Burroughs. Personajes solitarios en un lejano pueblo uruguayo. Aburrimiento, lento paso del tiempo, tedio permanente, falta de algo que llame la atención, marginación social, alucinógenos, vino barato, aunsencia de dinero y algo de música ligera. La ópera prima de Nieto Zas nos presenta a una especie de desadaptado en un pequeño pueblo, nada le atrae, ni las absurdas propuestas de trabajo de su padre, ni las pocas actividades que ofrece el pueblo. El lo que quiere es una casa. Todos trabajan en ella. El tiempo pasa lentamente. Hay cosas de absurdo y delirio en el ambiente. Además no se ven muchas mujeres por aquel paraje. El joven director uruguayo ha construido una peli muy fina para reflejar cierta apatía de ciertos jóvenes de ciertos lugares antes ciertas propuestas del mundo para cooptarlos. La película es sobretodo el ambiente que se genera entre los muchachos del pueblo. Una cinematografía muy sencilla, pocos personajes, pocas situaciones dramáticas, todo muy contenido. Una película con mucho aire fresco, una especie de crítica social desde la intimidad, desde la apatía de los seres. ii) Old joy. Kelly Richardt. EEUU. 2005. Un film contemplativo, puros detalles de carretera y del camino, cámara de video HD lenta y subjetiva. Un par de amigos se van a caminar a la montaña y hablan de lo que ahora son sus vidas. Mark y Kurt los protagonistas de esta película son amigos desde hace tiempo y deciden ir a dar una caminada por el campo. Como suele suceder con este tipo de historias los amigos han cambiado mucho y ahora cada uno se mueve por distintos lugares de la vida, cada uno ha hecho elecciones propias que ahora los ponen a una distancia mayor de la que les gustaría. Pero la película de forma extraña y muy interesante se aparta de esta situación sicológica de los personajes y se concentra en los pequeños detalles de la forma de ser de cada uno mientras pasan una noche en las montañas. Para la película lo relevante son los gestos, la forma de hablar más que lo que se dice. Se centra en el semblante de cada uno. Quiere reflejar lo que ha sido la vida de estos dos individuos mediante sus movimientos más inconscientes. La película se hace con el paisaje de las montañas y de los rostros. El resultado final es un ambiente de cine contemplativo, algo de cine de carretera y un tono nostálgico en un final sencillo y abierto. iii) Alex de José Alcalá. Francia. 2005. Una verdadera joya. Una película dura y seca al estilo de Rosseta. Un estilo de filmar rudo y sin contemplaciones el que plantea Alcalá en su primer largometraje. Cuenta la historia de una mujer de esas que los sicólogos llamarían “inestable” que trata de vivir en un pueblo campesino del sur de Francia. Ella vende verduras e intenta hacer las cosas bien, pero las cosas simplemente “no se dan” y allí comienza un recorrido por la marginación social, la desesperación, la locura y ciertas formas de rebeldía algo insensatas. La película pone al descubierto la forma de vida de las comunidades agrarias del sur de Francia, en donde todo pasa como si nada pasara. Pocas opciones para hacer de la vida algo agradable y Alex la protagonista estalla contra el mundo y contra sí misma al no poder encontrar una forma de llevar sus cosas en ese ambiente. Un personaje brutal, ácido, seco, duro, tierno a veces, destructor sobretodo de sí mismo, intenso con toda fuerza en el sexo y en la vida social. Una de esas pelis en que uno sale contento porque el cine ha ganado otra batalla al poder mostrar de forma tan contundente los sentimientos y dolores de un ser humano. Pero también uno sale tocado de cierta bruma afectiva, porque uno se ve muy cercano a esa mujer que no tiene lugar en el lugar donde vive y que al explotar contra todos sólo termina haciéndose daño a sí misma. iv) 13 (Tzameti) de Gela Babluani. Francia. Georgia. 2005. Se trata de una película de género en todo el sentido del término. Un film de gángsters entre Georgia y Francia. Una especia de juego de ruleta rusa filmada en blanco y negro, con asesinos de pelo corto, apuestas, sangre, balas y corrupción. En medio de ese ambiente Babluani construye una historia de tensión con una buena dosis de absurdo. Todo en la película está muy cuidado, las luces, las armas de los asesinos, las expresiones de los jugadores mientras avanza el juego, el delirio de tener la muerte tan cerca, el dinero que pasa de mano en mano, los cuerpos de los jugadores que perdieron y van saliendo de escena. Dentro del mundo de la mafia no hay que ponerse con miramientos, y el problema es que cuando uno está adentro ya no hay forma de dar marcha atrás. Mucho pulso cinematográfico tiene Gela Babluani para mantener durante 90 minutos la tensión siempre al máximo y sin caer en juegos sucios con el espectador. Si todas las películas de pistoleros fueran de este estilo la gente o estaría completamente esquizofrénica o hace tiempo habría apagado el televisor. v) Mutual Appreciation de Andrew Bujalski. EEUU 2005. Un film, hecho en 16 mm y en blanco negro sobre unos estudiantes en NY que tienen un grupo de rock, y se sientan a conversar, tomar vino, fumar un porro. Recuerda el estilo de las primeras películas de Cassavetes o de Jarmusch. El protagonista anda buscando un baterista para su grupo ahora que recién llega a la ciudad, mientras tanto conversa con sus dos amigos, va a una entrevista para la radio, compra algo de vino en la tienda de la esquina. El tiempo pasa en el salón del apartamento de uno de ellos, mientras las conversaciones fluyen desde lo cotidiano a la crítica intelectual. Hay un aire de melancolía, de solo de Jazz, que envuelve a esta película de un sutil encanto. Un cine fluido, de ritmo mesurado, de frases sueltas, de imágenes bellas, de ambientes interiores. vi) La sagrada familia. Sebastián Campos. Chile. 2005. Este filme ya se había presentado en L'Alternativa. Festival de Cine Independiente de Barcelona 2005 donde ganó un premio de distribución en España. Es casi un culebrón de telenovela sobre el viaje de una familia a su casa de campo en las afueras de Santiago de Chile. La diferencia la hacen unos diálogos muy inteligentes y ácidos que ayudados por una cámara en mano muy insistente van llevando las situaciones a ciertos límites dramáticos que por momentos recuerda a la dogma danesa Celebración. Los personajes de esta familia están de cierta forma caricaturizados para representar cierto rol y desde allí poder cuestionar ciertos valores tradicionales de lo que puede ser la sociedad chilena o latinoamericana actual. Vida de las ciudades donde la familia sigue siendo el núcleo pero de individualidades que representan valores diferentes y a veces en conflicto. Todos están en lo “suyo” y desde allí intentan ver a los otros y el encuentro a veces no parece posible. Muy llamativo es el personaje de la chica que no habla porque saca a la película de todos los encasillamientos de los otros personajes y la abre hacia lo desconocido del mar en el atardecer y del silencio. vii) Sangre de Amat Escalante. México. Francia. Holanda. 2005 En opinión de quien esto escribe fue una de las películas más interesantes que se presentaron en el festival. Es una película certera que retrata la vida de una pareja de adultos en una ciudad en México. La película es incisiva y corrosiva al mostrar la vida de un celador de una oficina pública y de una mujer que trabaja como camarera en una restaurante de comida rápida. Sangre se mete en los espacios más íntimos de la pareja para desnudar los efectos del paso del tiempo, la angustia, el tedio, la mecanicidad con que se desenvuelve el afecto, la violencia, el apego, y toda una serie de contradictorios sentimientos humanos sobre el amor, la vida y la muerte. Pero uno de los aciertos más grandes de Sangre es su forma radical y arriesgada, su aire de naturalidad y de cine callejero, la sensación doble de improvisación y de control, sus actuaciones planas y naturales pero a la vez forzadas, la descripción irreverente de los momentos de mayor angustia o placer mediante una cámara fija y sin ningún tipo de música extradiegética. A esto se suma el detalle minucioso de las actividades más cotidianas de la pareja en cuestión, dándole al espectador todo el tiempo necesario para encontrar la atmósfera a que están sometidos los personajes. Se trata de una película un tanto salvaje, pero a la vez muy contenida, donde su director arremete con toda naturalidad contra ciertas convenciones ampliamente difundidas en la representación cinematográfica convencional. Esta impresionante ópera prima es obra de Amat Escalante, un joven director mexicano nacido en Barcelona que ha hecho escuela de cine en la práctica, ya sea con su primer corto en 16mm que según él le tomó cinco años de posproducción, o como asistente de Carlos Reygadas en Batalla en el cielo (México, 2005) y como director de este su primer largometraje. Tuvimos la oportunidad de entrevistarnos con él en la sede del Festival, en el Doelen de Rotterdam. Ver entrevista aparte. viii) Avenge but one of my two eyes. Avi Mograbi. Francia. Israel. 2005 Un documental en primera persona sobre el conflicto entre Palestina e Israel. Mograbi usa el documental en la forma que proponía Jean Vigo, como un punto de vista documentado. Con esta película Mograbi quiere demostrar que existe como parte importante de la religión y del modo de pensar judío una reivindicación del suicidio como forma de resistencia ante un enemigo externo. Para ello Avi sale con su cámara y presencia varios espacio en donde se transmite a los niños de las escuelas de Israel una ideología religiosa que justifica la muerte por propias manos cuando esta puede causar daño a un enemigo externo. La intención del documentalista es bastante clara y su capacidad de expresarla en imágenes es impresionante. Quiere mostrarnos que su propio pueblo es capaz de justificar para sí lo que prohíbe, persigue y denuncia de sus adversarios. Pero Avi no se queda en el plano de las ideas para hacer una crítica al estado de Israel por su actuación frente a los palestinos. El sale con su cámara y constata directamente la presión militar, dura y absurda en que se debate la vida cotidiana de una gran parte de la población palestina. Mograbi va a los puestos de control del ejército israelí en las pueblos palestinos, a los cortes de carreteras, a los retenes permanentes y constantes que hacen de la vida cotidiana de los palestinos un problema de supervivencia. Esa presencia en las zonas de conflicto lo lleva a tener altercados con los soldados que se ponen “nerviosos” con la presencia permanente de la cámara. Allí se desarrolla una relación de tensión que al final va a terminar por agotar la paciencia de Avi quien agotado y humillado por ver a un grupo de soldados detener durante horas a unos niños que iban al colegio decide increpar a los militares y discute con ellos en un elevado tono de voz. Al final de uno de los militares dice “vámonos, no le respondamos, sólo quiere provocarnos para encontrar material para filmar”. El documental del veterano activista en contra de la guerra es una demostración excepcional de documental político hecho desde la perspectiva de un cine personal. ix) Drawing restraint 9 de Matthew Barney. EEUU 2005. Hay un asunto complicado con las películas de Matthew Barney y es precisamente saber si se les puede llamar películas. Drawing restraint podría catalogarse mejor como un performance de artes plásticas usando materiales derivados del petróleo dentro de un barco ballenero japonés que sale del puerto de Tokio rumbo al océano ártico y bajo la atmósfera de una intensa música electrónica compuesta e interpretada por Björk. El propio Barney y Björk desarrollan una especie de orgía de canibalismo transformista mutante convirtiéndose en ballenas a partir de esculturas hechas con petróleo sólido. La música de Björk se suma al ambiente ritual de las escenas dando como resultado una sinfonía audiovisual de elementos, texturas, sonidos, materiales, carnes, y mecanismos. Desde el principio la película anuncia su sustrato plástico musical con una introducción hecha de bailes tradicionales y mezclas musicales. Y así la película, como en los anteriores Creamaster, transcurre en medio de objetos y espacios rituales, en este caso dentro del barco ballenero. En Drawing restraint Barney y Björk hacen del cine y de las artes plásticas una forma particular de bandera ecologista. De la misma manera que con la serie Cremaster, Drawing restraint es un ensayo audiovisual en donde las texturas de los materiales, la música, los colores, los movimientos, las danzas y la coreografía general son más importantes que una relación causal entre hechos y situaciones. x) Le filmeur. Alain Cavallier. Francia 2005. Un documental en forma de diario íntimo filmado con una pequeña cámara digital y luego pasado a cine. Recuerda mucho el estilo de Johan van der Keuken o de Chris Marker. El director francés utiliza la pequeña cámara como diario y reconstrucción de más de 10 años de su propia vida. Pasan por la lente de Cavalier los animales que aparecen por la ventana, los gatos, los detalles de las habitaciones de los hoteles donde tiene que pasar algunas noches. Nos lleva a la intimidad de la vida con su esposa, nos muestra las reflexiones que le suscitan los detalles de su vida cotidiana. Cavalier, a sus 76 años sabe mucho de la vida. Además tiene un ojo muy sensible y es capaz de extraer de la habitación más fría pequeños detalles que se vuelven puntos de reflexión, ventanas a otros aspectos de la vida. Su apuesta es muy arriesgada en tanto que se trata de una forma de desnudez extrema; nos está revelando un diario personal en imágenes. Por su vida aparece la enfermedad que en la forma de un cáncer le ataca la cara, aparece la muerte que se lleva a sus padres, aparece su propia vejez. De todos ellos Cavalier extrae un momento cinematográfico y una oportunidad para profundizar en el conocimiento de su vida. Lo más revelador es la capacidad de Cavalier, ya no como director de cine, sino como ser humano para escarbar en los detalles de la realidad cotidiana y encontrar allí lo que podríamos llamar momentos artísticos, es decir espacios donde uno se encuentra intensamente con el mundo. Y eso es capaz de transmitirlo Ćavalier con su diminuta cámara. Recordando quizá a Kiarostami al final de Ten on Ten cuando enfoca al suelo y encuentra una hormiga cargando un pedazo de hoja y con ellos nos advierte que el mundo está ahí siempre mostrando cosas pero que hay que saber verlas. Lo mismo nos revela Cavalier y su honestidad cinematográfica es de mucho valor cuando lo común es que se use el cine para esconderse, para ocultar lo que se es. xi) Tale of cinema de Hong Sang-Soo. Corea del Sur, Francia 2005. Peli partida en dos momentos: al principio un cortometraje que muestra la relación de un chico con su novia, un intento de suicidio y otros detalles. Luego sigue la película como tal que es una reflexión sobre los autores del corto. En el segundo fragmento la atmósfera se enrarece por la aparición de un personaje un tanto díscolo que quiere hablar con la chica que participó en el corto, pero cuya insistencia lo convierte en un ser molesto. A partir de ahí la historia se va tornando un poco absurda, las acciones del extraño personajes se vuelven cada vez más molestas y la película da rodeos al parecer sin rumbo aparente. La peli se desarrolla en relación con el misterioso cortometraje que aparece el principio y en las preguntas y acciones casi sin sentido del extraño personaje. La suma de todo esto es una peli un tanto delirante. Sobre White light. “La bochornosa relación entre las drogas y el cine”. En esta interesante sección se presentaron una diversidad de películas cuyo elemento aglutinante era la relación entre las drogas y el cine. El enfoque de los curadores fue muy abierto e incluyeron no solamente películas en las cuales se muestra el uso, consumo, efecto, o trance de las drogas sino otras películas que por su forma y estética sugieren estados alterados de la percepción o la conciencia de la misma forma que algunas drogas lo logran. Lo que demostró esta sección es que la relación entre el cine y el mundo de las drogas no es tan bochornosa como rezaba el subtítulo de la introducción sino que se trata de un campo de acción con mucha vida dentro del cine del que siguen saliendo películas muy interesantes. Lo alentador en este caso es que en medio de la oleada conservadora que engulle a políticos, iglesias e incautos (algunos no tanto) ciudadanos en una cruzada antidrogas, donde lo preponderante es la promoción de prejuicios, la imposición de juicios no contrastados y el alarmismo infundado, lo alentador digo, es que el festival de Rotterdam abra el espacio para que el mundo de las “drogas” pueda expresar su visiones, expresiones y creaciones. xii) Passages de Jon Jost. EEUU. 2006. Peli experimental sobre texturas de la imagen a partir de tomas de árboles, hierba, agua en movimiento. Mezclas de colores, desenfoque, transformaciones, rayas. El director juega con las texturas que se van mezclando, degradando, transformando. Partiendo de elementos naturales y en su mayoría vegetales el director hace una mixtura de colores y texturas. Hojas verdes de los árboles, hierba amarilla en el campo abierto, el mar y sus movimientos irreproducibles. Casi todo el tiempo en silencio, viendo cambios de imágenes, rayas en la pantalla, hojas que se mueven por el viento y se desfiguran y rehacen. No apta para no iniciados al cine de hojas verdes. xiii) Dead time de Steve Sanguedolce. Canadá. 2005. Film experimental en 35 mm, con la imagen siempre llena de manchas, rayas, negativos de color, alteraciones manuales de la película, que cuenta la historia de dos hermanas drogadictas, algo prostitutas siempre metidas con peligrosos dealers, metiendo coca, heroína y toda clase de sustancias. Por una lado está la imagen siempre al borde de destruirse por la acción de todo tipo de manipulaciones: inversiones de color, rayones manuales sobre la película, superposiciones de imágenes, granos, líneas verticales, manchas de colores. Durante los 80 minutos que dura la película la imagen siempre está sucia y ensuciándose, al punto de que uno cree que en algún momento no se llegará a ver nada. Junto a la situación de la imagen está la situación de los personajes la cual tiene cierta sincronización con aquella. Se trata de la historia de dos mujeres, en una especie de narco biopic. La historia de estas chicas está llena de abusos sexuales y abusos en el consumo de múltiples sustancias psicoactivas. Las chicas terminan metidas con peligrosos dealers en relaciones mutuamente destructivas en las que ellas siempre llevan la peor parte con golpes, violaciones, extorsiones y otros vejamenes. La vida de las chicas evoluciona desde trabajar casi como prostitutas en un bar a manejar los negocios de sus novios; de inyecciones y rallas, a golpizas y estados de profunda depresión. La combinación de los relatos de las chicas con la persistencia de imágenes descolocadas y perturbadas dan al film un ambiente de conmoción psíquica permanente. No apta no iniciados al vértigo. xiv) Running stumbled de John Mariguin. EEUU. 2006. Documental en primera persona con cámara de video en mano sobre los padres del propio director. Maiguin va a visitar a su padre que no ve desde que era niño. Tuvo que irse de la casa de su padre porque éste bajo la influencia del alcohol y las drogas intentó matarlo. El padre además es un pintor que realiza interesantes cuadros llenos de terror y desesperación. Mariguin vuelve a casa ahora como director de cine quizá para poder matar sus propios demonios o simplemente para saber qué va de su padre. La casa y la vida del padre son un desastre. El hombre está metiéndose pastillas todo el día y mantiene tirado en una silla. Todo alrededor es basura. El padre vive con una mujer igual o más drogadicta que él, que siempre está anunciando su suicidio. La mayoría del tiempo los dos están tan colocados que ninguno es capaz de decir algo coherente y cuando pueden decir algo es para insultarse mutuamente. Mariguin consigue hacer un retrato de la vida cotidiana de su padre exponiéndose a la miseria humana en que éste se ha convertido. Intenta hablar con él, visita a sus vecinos, algunos más chiflados que el propio padre, recorre la casa llena de basura y de cosas tiradas por todas partes, va a mirar las pinturas del padre. Sale con él por la noche, las tomas nocturnas con la cámara digital dan una sensación extraña de soledad. Todo el film está inmerso en un ambiente de dolor y ausencia que se refuerza por la textura de la imagen. No apta para no los no aficionados al delirio. Apéndice. Sharunas Bartas o el cine de la contemplación. xv) Seven Invisible men. Sharunas Bartas. Lituania. Francia. Portugal. 2005 Durante el festival se presentó la última película del director lituano Sharunas Bartas Seven Invisible men. Aunque su nombre suena algo desconocido la película de este director fue presentada en la sección de maestros del cine “King & Aces”. Bartas ha dirigido hasta la fecha siete largometrajes y se ha consolidado como uno de los directores más importantes del cine de autor europeo de los últimos años. Seven invisible men es una película de carretera. En ella un grupo de hombres y una chica “sin nada que perder” roban un carro en una ciudad y se aventuran por pequeñas carreteras en los poblados de Crimea. Grandes espacios abiertos y muy poca gente es lo único que hay por allí. Como en la mayoría de las películas de Bartas hay pocas palabras y son las imágenes las que se encargan de decir lo que haya que decir. También en esta película las relaciones y motivaciones de los personajes permaneces ocultas y lo que vemos son puros hechos casi aislados. Hasta que llegan a la casa. Una casa en lo profundo de un pueblo. Allí Seven invisible men se emparenta con The house (A casa, Francia. Lituania. Portugal. 1997), un lugar casi onírico, lleno de objetos viejos. Una casa llena de gente, que pueden ser una o varias familias. Una casa y una fiesta. En la fiesta, comen, cantan, beben, y las angustias y rabias van saliendo y la fiesta se convierte en drama y tragedia. Sharunas Bartas vuelve con una película cargada de emociones abiertas, de imágenes poderosas y de silencios profundos. En conclusión: siempre habrá mucho más cine del que uno se imagina. Si hubiera que extraer alguna conclusión sobre este festival sin suda habría que mencionar que el Festival de Rotterdam es la prueba de que el cine sigue más vivo que nunca y que resiste desde los lugares más insospechados. Vale la pena mencionar la importante participación de películas latinoamericanas la mayoría de directores jóvenes e independientes que por medio de coproducciones europeas logran sacar sus películas en muchos casos sin apoyos públicos o privados de sus países. En Rotterdam directores como ellos tienen una especie de refugio. Hay por todo el mundo gente con pequeños festivales, salas de cine alternativas, productoras, distribuidoras, tvs alternativas y la cosa se mueve más de lo que uno se imagina y Rotterdam es como un imán de todas esos esfuerzos. Información adicional http://www.filmfestivalrotterdam.com/ |
|||||