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Esta entrevista fue publicada originalmente en francés
en la revista Sofa No.17[1]. Tomamos la versión inglesa
traducida por Inge Pruks y publicada en la revista on-line Senses
of Cinema
Primera Parte: Invitaciones a viajar
Aimé Ancian: Cuando usted era una niña, viajaba mucho…
Claire Denis: Viví en África y tuve una
niñez itinerante, cambiaba de casa cada dos años. Mi
padre no soportaba nuestro desconocimiento sobre geografía,
entonces, incluso cuando estábamos en Francia,
recorríamos de una lado para otro todo el territorio con la
familia. Viví en África, pero incluso con él,
viajar por Francia era exótico.
AA: ¿Cuál fue su primer contacto con el cine?
CD: Mi madre en vez de contarme cuentos, me “contaba”
películas, le gustaba mucho el cine. Más tarde, mis
primeros recuerdos “verdaderos” sobre cine fueron con War and Peace
(1956) de King Vidor y Pather Panchali (1955) de Satyajit Ray. Por otra
parte, en África veía películas de guerra; Estados
Unidos nos inundaba con stocks de copias en malas condiciones y
horribles. De cierta forma, me gustaban mucho estas películas,
eran siempre sobre pilotos norteamericanos que derribaban aviones
japoneses, las islas del Pacífico rodeadas de crueles japoneses.
Creo que eso nos hizo muy antiamericanos, estábamos
escandalizados de ver cómo los japoneses con sus pequeños
cascos de cuero eran golpeados todo el tiempo. Fue suficiente para
crearnos sospechas.
AA: Sus películas están llenas de referencias literarias, ¿usted leyó mucho?
CD: Fui a la escuela como todos los niños; pero sí,
cuando era adolescente tenía la costumbre de leer mucho, por
ejemplo libros de aventuras.
AA: ¿Escritores como Conrad, Stevenson?
CD: Mi padre pensaba que Stevenson era muy cínico, solía
leer a Jack London. Más tarde descubrí a Stevenson por mi
cuenta. A Conrad, creo que a través de mi padre. Mi madre era
una lectora de historias de detectives, de la Serie Negra, de la
Masque. En la escuela leí literatura clásica, que era
obligatoria. Luego, en casa, robé las historias de detectives de
mamá y las leía en la cama. Adoraba la Serie Negra porque
era muy erótica, porque había mujeres con enormes pechos.
Adoraba a Ed McBain…
AA: ¿A Jim Thompson?
CD: a Thompson lo descubrí más tarde cuando se
volvió famoso. Thompson era menos placentero, era más una
crítica a Estados Unidos. Sin embargo con Carter Brown, Chester
Himes, James Hadley Chase… era más erótico y eso es muy
importante cuando eres un adolescente. Ellos también hablaron de
Estados Unidos pero de una manera diferente. Cuando tenía
alrededor de 14 años, Faulkner me hizo dejar la Serie Negra. Era
muy triste. Con Faulkner quedé impactada y con dolor, incluso en
la actualidad. Mucha gente me dice que Dostoyevsky fue una
revelación para ellos… lo leí un poco como tarea. Sin
embargo con Faulkner, era una zambullida en los sentidos, en el terror
y en el dolor de sus personajes. Faulkner fue ignorado, especialmente
en el colegio, donde estábamos inmersos en la literatura
francesa. Ir a Faulkner, estando en ese punto, era como regresar a algo
muy violento. Sanctuary es impresionante, esta joven de buena familia
es violada en un burdel. Pero no tienes al rico y a los malos. El pobre
vende depravadamente al rico, es más complicado. Pienso que
Stendhal o Balzac son estupendos, pero más en términos de
satisfacción del gusto literario. Lo mismo que me pasaba con
Faulkner, me pasaba con Chandler. Fueron shocks de increíble
intensidad. Sentía que mi vida daba un sobresalto.
AA: A pesar de esto, usted no siguió estudios literarios…
CD: Estudié economía y fue un acto completamente suicida.
Todo me molestaba, y al mismo tiempo tenía esta manera loca de
hacer las cosas. Quería ir a Inglaterra y vivir allí,
así podría ser Eric Burdon, el cantante de The Animals.
Estaba también en un terrible estado de shock. Entonces, de
hecho, fui a Inglaterra y me metí con las lenguas orientales, me
casé…
AA: Y entró al IDHEC [2] (lo que hoy es el FEMIS, La
Escuela Francesa de Cine, La fundación Europea de directores de
imagen y sonido)…
CD: Mi esposo era fotógrafo y lo estaba ayudando. Un día
me dijo que debería pensar seriamente en lo que quería
hacer. Hice una pasantía en Télé Níger (un
canal educativo en Nigeria que enseña a leer a través del
cine), después en el departamento de investigación, que
más tarde se convirtió en el INA (Instituto Nacional del
Audiovisual). Un día le dije a todos: “voy a entrar al IDHEC”.
En verdad no sabía ni siquiera que era eso. Todos me dijeron:
“No, no pierdas tu tiempo estudiando, todo lo que necesitas es hacer
películas aquí con nosotros”. Pero no sé
qué me movió, presenté el examen de
admisión y lo pasé. No creía del todo que
quería hacer películas, estaba en el punto de mi vida
donde simplemente me dije: aquí estoy, vamos a aprovechar esto.
La idea de tener un proyecto, por ejemplo, para convertirme en
directora, la simple idea de tener cualquier tipo de ambición me
parecía algo muy abyecto. Para ser honesta, no era yo,
también era la época.
AA: ¿Eso fue después de 1968?
CD: Sí, fue en 1972. Entonces salí del IDHEC como un
zombi. Todavía no tenía deseo de ser una directora;
sólo quería participar en eventos y experiencias. Hice
prácticas en películas, conocí gente. Y tuve esta
inimaginable oportunidad de trabajar para Rivette. Me tomó
muchos años apreciar la Nueva Ola: Chabrol, Truffaut, Godard, me
parecían sectarios. El único que me parecía
absolutamente maravilloso era Rivette. Al mismo tiempo también
hice algunas prácticas con un director llamado Robert Enrico.
Esa experiencia fue un acercamiento mucho más profesional, pero
no me sentía querida, creo que él me eligió porque
lo tenía intrigado, pero fue una experiencia muy masoquista
AA: ¿Por qué?
CD: Porque era tan inconformista que siempre estaba gritando.
Después de un tiempo me sobrecogió una especie de
angustia y me di cuenta que quería hacer películas pero
continuaba viéndolo presuntuoso. Al mismo tiempo me
decía: tendré que cambiar. El mundo estaba cambiando, ser
una rebelde (si se puede decir que yo era una rebelde) o estar
“flotando” no era tan divertido. De repente, todo se consolidó,
pero seguía viviendo de una manera diferente. Estuve un
período en Jamaica, pero vi claramente que los años
estaban pasando y que tendría que aceptar mi deseo.
AA: ¿Qué la hizo querer hacer películas?
CD: Pero no las buenas películas que había visto cuando
era adolescente; algunas veces eran documentales o trabajos
ocasionales. Quizás fue [Jean-François] Stévenin
quien mejor lo entendió; era un poco como yo, no es alguien de
resultados rápidos. Stévenin era asistente, nos vimos
durante una grabación; lo que él quería era que me
volviera cantante, incluso quería escribirme algunas letras. Y
después aparecieron esas dos estrellas sobre nosotros, Rivette y
Eustache.
AA: Passe-Montagne (1978 primera películas de
Jean-François Stévenin) parece que causó una gran
impresión en muchas personas.
CD: Cuando vi Passe-Montagne, ya había decidido dejar de jugar a
la falsa modestia, pero Passe-Montagne es única. Sabes, a veces
nos reímos del contenido intelectual de cierto tipo de
películas, Passe-Montagne no era del todo esa clase de
película, era una película de carne y sangre, que se
parecía a nosotros. Después de todo eso, trabajé
un año en Israel en una película de Costa-Gavras, al
principio de la Intifada. Allí, pasé por cosas que fueron
más intensas que el cine. Cuando regresé a casa,
tenía escrito un guión, pero estaba muy desorientada.
Pero la era de Passe-Montagne había pasado.
AA: Terminó por conocer a Wim Wenders y trabajar con él.
CD: Un día él me llamó y me dijo: “ven a Estados
Unidos”. Y descubrí una forma muy diferente de
producción; por una parte, no había guión,
presupuesto, elenco de actores, música…todo estaba completamente
conectado y en lo profundo eso era lo que estaba buscando.
También tuve tiempo para conducir, conducir, conducir, mientras
escuchaba música e imaginaba el guión que cambiaba todos
los días cuando llamaba a Sam Shepard. Era algo indescriptible
para una pequeña chica francesa.
AA: Y a través de Wenders encontró a Cassavetes…
CD: Sí. Tenía el mismo estilo de guión que Wim en
Paris, Texas (1984). Pero Cassavetes era más inaccesible, sus
películas estaban un poco fuera del alcance como La Maman et la
Putain (Eustache, 1973). Mientras que con Wim, en realidad
estábamos haciendo películas, no necesitaba admirarlo.
AA: La gente frecuentemente habla de la energía de Cassavetes…
CD: Sí, pero no a la manera de estar corriendo de un lado para
otro con una cámara en tus hombros o cosas parecidas; esa
energía hace referencia, principalmente a la de ser el hombre
que era. Creo que no hay un actor que me haya gustado tanto como Ben
Gazzara en The Killing of a Chinese Bookie (1976/1978). Cuando
estábamos filmando la muerte de Alex Descas en S'en fout la mort
(1990), todo el tiempo pensaba en la misma muerte, esa muerte que de
alguna manera es esperada, que trae alivio, pero que también es
muy dolorosa. Es cierto, podría decir que S'en fout la mort
está dedicada a esa película.
AA: Volvamos a sus viajes por Estados Unidos.
CD: Cuando estaba trabajando con Wim me desplacé muy
rápido por paisajes que siempre soñé atravesar,
sin darme cuenta que, finalmente, esos lugares no tenían tanta
importancia para mí después de todo. Me gustaba atravesar
Estados Unidos, conducir por todas partes, escuchando a Bob Dylan o
Pretenders; pero había nacido en un mundo diferente, donde las
relaciones con el paisaje, con la gente que te rodea son diferentes. Y
me dije: esto es, soñé con Norteamérica pero, en
el fondo, no tenía nada que ver conmigo. De hecho, lo mejor que
me pudo haber pasado fue conocer a John Lurie y a Jim Jarmusch. Nos
volvimos amigos, y gracias a ellos me gusta Norteamérica. Por
otra parte, aunque hubiera paisajes impresionantes, yo era más
que una extranjera. Sabes, me propusieron dos veces hacer
películas en Estados Unidos, incluso me ofrecieron Boys Don't
Cry. Eso fue hace seis años, pero no me gustó la idea de
hacer esa película, hace poco había hecho J'ai pas
sommeil (1993); tenía la impresión que me estaban
ofreciendo otro tema del momento: “oh ella, a ella le gustan los temas
novedosos, eso es lo suyo”. Lo que más me molestaba era que me
obligaran a proclamar desde el principio que, como era extranjera, iba
a ver las cosas con más claridad. Por mi parte, no creo en eso
para nada. Creo que sólo puedes percibirte como un extranjero si
eres parte de una comunidad. No creo en el punto de vista del
extranjero. Cómo habría o podido ver yo, si lo hubiera
hecho, esos pequeños norteamericanos, esas comunidades
trágicas, todos sin empleo, personas viviendo en caravanas,
chicas de 14 años ejecutando fraudes con tarjetas de
crédito, peleas todos los días, y el nacimiento de las
primeras muñecas barbies a los 13 años. Llegar en jeans
negros y hacer una película compasiva, no podría haber
hecho eso.
Segunda parte: El “pequeño comando”
AA: ¿Es de Wenders y de Jarmusch que heredaste ese tipo de relación con la música?
CD: Jarmusch organizó su vida como una estrella de rock; creo
que es consciente que no existe un arte de vivir inherente en el cine,
simplemente existe música que le da sabor a cierto tipo de vida.
El cine es una batalla con la gente que no quieres conocer, con
limitaciones que no quieres tener. En realidad no estaba segura si me
gustaba el rock de los blancos. Éste era para mí The
Animals, Eric Burdon, porque en el fondo, me hubiera gustado ser Eric
Burdon. Cuando él dejó Los Ángeles y formó
un grupo con War, con músicos negros, me pareció
mágico. Entonces en algún sentido me detuve en Earth,
Wind and Fire. Puedo ir y escuchar a Sonic Youth y seguramente me
gustará, pero mi alquimia ya ha sido formada.
AA: Murat y Tindersticks han significado mucho para usted y para sus películas.
CD: Con Murat, estaba trastornada con sus canciones y le
escribí; soy una lectora asidua de Bayon (escritor y cronista
del periódico francés de izquierda Libération),
él tuvo una niñez muy parecida a la mía, entonces
me gustaba leer sus novelas; mantuvimos una correspondencia y me
hablaba mucho sobre Murat, amigo suyo. Bayon me envió algunos
demos, y un día, me dijo: “¿por qué no le
escribes, por qué no vas y lo visitas a Auvernia?”, y fue
así como pasaron las cosas, gracias a Bayon. Murat vino a ver
mis películas, intercambiamos consejos críticos;
él significa mucho para mí. Cuando miro el reporte del
clima en la TV siempre me fijo en la temperatura en Auvernia, incluso
si Murat no está allí. Porque, no lo sé, siento
que entiendo lo que él hace y viceversa. Y además, es muy
agradable porque Murat siempre está, no sé, en la punta
de la tensión erótica, y eso para mí es estupendo,
me trastorna. Con Tindersticks, fue pura casualidad. Fui a un concierto
y quedé pasmada, no podía hacer nada más,
sólo pensaba en ellos, no escuchaba otra cosa que Tindersticks.
AA: La primera escena de Trouble Every Day (2001), la escena del beso
con la canción de Tindersticks, es de una gran belleza…
CD: Ese beso no estaba en esa parte del guión, estaba en otro
lado, durante un paseo nocturno con Vincent Gallo, que por un incidente
no fue filmado. Pero de todos modos yo quería grabar el beso
porque el beso es la película. En el guión, la primera
escena es la del avión. Stuart de Tindersticks quería
escribir una canción pero no para el principio de la
película; y cuando escuché su canción, le dije:
“Stuart, creo que debería estar al principio, no puedes ponerla
después”. Y entonces, no pudimos empezar con la del
avión, todo tenía que ser puesto después de la
canción de Stuart. De hecho, creo que Stuart canalizó
todo en la canción, no había visto las primeras tomas,
pero había leído el guión. Vino a Londres a ver
Beau Travail (2000), y al mismo tiempo una retrospectiva de todas mis
películas. Creo que entendió que estaba lista para muchas
cosas. Y me trajo esta canción. Stuart es un inglés con
mucho más sentido del humor que yo, pero tiene una
relación con el cuerpo, con la carne, con el deseo, que es muy
cercana a la mía.
AA: Usted trabaja un poco como Wenders, como lo decía antes, todo está conectado…
CD: Sabes, en Trouble Every Day hay una escena en la que Vincent Gallo
está mirando a su esposa bañarse, y puedes ver vello
púbico moviéndose en el agua. Esa es una de las canciones
de Stuart, en su segundo CD, hay una canción llamada “Sea Weeds”
y la historia es precisamente esa. En realidad, escribí esa
escena por esa canción. Mis películas están llenas
de entrecruzamientos.
AA: Al mismo tiempo le da mucha importancia al guión y a su extensa colaboración con Jean-Pol Fargeau.
CD: He trabajado con Jean-Pol Fargeau desde el principio, desde
Chocolat (1988). Al comienzo, estuve en otras ciudades africanas,
después, escribimos el guión en Marsella y luego fuimos a
Camerún. Conocerlo fue decisivo para mí.
AA: ¿Cómo ve la articulación entre el guión y la película?
CD: No me gusta del todo la idea que un guión sea una jaula y
que en su interior tienes que dirigir a los actores. Me parece que el
guión es una especie de despegue y el mejor momento es ver a los
personajes despegar. Pueden girar a la izquierda, a la derecha, o subir
y bajar, lo que sea. Y al mismo tiempo tienes un poco de miedo.
Mientras no se choquen. Porque si filmar significa que tienes que tener
el control de todo, me gustaría filmarme a mí misma.
Tienes el control del encuadre, los colores, el vestuario, las
locaciones y todo eso. Pero eso está hecho antes, el control
está hecho antes.
AA: Para Beau Travail usted escribió “documentos” en vez de un guión…
CD: Fue una idea de Jean-Pol, porque como no teníamos la
autorización de rodar en Yibuti, y para no aburrirnos hasta la
muerte, escribimos las memorias de Galoup. El diario de Galoup. Y
estaba dispuesta a dárselo a leer a Chevalier director de la
unidad de ficción de Arte [3] o a Denis Lavant, para darles una
idea de lo que se trataba la película. Después de eso,
escribimos un guión basados en esos documentos.
AA: También está Agnès Godard, tu directora de fotografía, con quien no ha dejado de trabajar.
CD: De hecho conocía a Agnès desde antes; habíamos
trabajado en The Wings of Desire (Wenders, 1987), en Berlin. Pero fue
en Chocolat que algo realmente pasó. En Camerún era muy
difícil, yo no había visto las primeras tomas. Era tan
entristecedor que nos dijimos que íbamos a buscar algo simple.
Entonces, sólo trabajamos con dos lentes. Me di cuenta que eso
era lo que hacía la película, que no deberíamos
intentar otra cosa, excepto buscarla dentro de esos planos.
Pensé que era mejor tener tiempo para reflexionar que tener
material extra. Así fue como nuestra relación
empezó.
AA: Y desde Nénette et Boni (1996) y Beau Travail, se ha hecho más fuerte.
CD: Sí, Nénette et Boni fue muy importante, ambas
entendimos en qué punto habíamos progresado juntas y en
que punto queríamos continuar haciendo películas.
Entendí que no sólo le preguntaba a Agnès
cómo encuadrar la imagen sino que de una manera muy simple le
expresaba que quería hacer películas con ella. Entonces
cuando Grandperret y Chevalier me dijeron: “si tienes tres o cuatro
meses, ven y haz esta película de esta colección ‘Tierras
extranjeras’ con nosotros”, tenía una relación tan fuerte
con Agnès que acepté. Entonces nosotras íbamos
más allá, no en la experimentación sino en el
placer de trabajar juntas.
AA: Pero el rodaje de Beau Travail fue muy complicado.
CD: Sí, fue mucho más largo y más complicado de lo
que preveíamos y no teníamos la garantía de acabar
la película. Afortunadamente, había tenido tiempo de
trabajar con Bernardo Montet (el coreógrafo), tuve que ensayar
con los actores, Agnès y yo pusimos todo nuestro empeño;
teníamos tantos problemas que todos los días nos
decíamos: ¡bueno, bueno, todavía estamos filmando!,
y como resultado, paradójicamente, esto provocó una gran
alegría en nuestro pequeño comando.
AA: Otro ímpetu para sus películas es su fuerte
relación con los actores. Se siente, por ejemplo, que usted hizo
Nénette et Boni para continuar su relación con Alice
Houri y Grégoire Colin, quienes dio a conocer con US Go Home
(1994).
CD: Conocí a Grégoire en el casting de US Go Home y justo
después de eso quise hacer Nénette et Boni con Alice y
Grégoire. Durante esas cuatro semanas de grabación,
estuve enamorada de ellos, tanto que quería más,
quería volver a filmar con ellos.
AA: En consecuencia, hay muchas figuras recurrentes en sus
películas. Actores como Isaach de Bankolé, Alex Descas,
Béatrice Dalle, Vincent Gallo…
CD: Isaach es una persona que me dio coraje. Para Chocolat,
quería encontrar el personaje principal, el muchacho, en
Camerún. Pero los actores pensaron que el tema de la
película era degradante… Era un poco tabú, pero en mi
cabeza era al contrario. Afortunadamente, Isaach, a quien no
había conocido, pero que tuve la oportunidad de ver en Black
micmac (película de Thomas Gilou), vino a verme. Con Isaach, es
un pacto, una alianza, que continúa. Está en Nueva York,
ha trabajado con Jarmusch, y juntos tenemos planes.
AA: Otro importante encuentro vino después con Béatrice Dalle.
CD: Lo de Béatrice Dalle pasó cuando Jim
Jarmusch quería hacer Night on Earth (1992); estaba buscando una
actriz para interpretar la muchacha ciega, entrevistó una o dos
actrices que le gustaban, aunque todo el tiempo sabía que
quería a Béatrice. Desde Betty Blue (Jean-Jacques
Beineix, 1986), Béatrice me tenía deslumbrada. Y durante
el rodaje de Jim nos conocimos. Cuando comenzamos J'ai pas sommeil, el
papel de la joven esposa de Alex Descas había sido escrito para
otra actriz francesa. Y luego, una noche antes de empezar el rodaje,
esta actriz decidió no hacer la película pues pensaba que
era demasiado sórdida, que era malo para su carrera…
quedé anonadada porque después de todo había
escrito este papel para ella. Ahí fue cuando Béatrice me
dijo: “hey, Claire, escuché que estás en serios
problemas, tengo dos semanas libres”. El papel no era del todo escrito
para ella, era la historia de una niña-mujer, no el de una mujer
hermosa. De alguien todavía un poco niña, un poco
frágil. Yo le dije eso, pero ella me respondió: “a quien
le importa, podemos cambiarlo”. Desde entonces, era fijo que
trabajaríamos juntas de nuevo.
AA: Béatrice Dalle arrastra con su mito…
CD: Ella muestra poco que es una actriz, su comportamiento siempre
tiene esa clase de sentimiento diletante hacia ello, nunca habla de
trabajo, tiene esa manera de hacer creer a todo el mundo que es
“natural” aunque es un poco de defensa. Por eso, ver sólo su
parte mítica o sus declaraciones escandalosas o su
increíble belleza... Sabes, es duro tener sus atributos
físicos y también ser franco, ha creado una clase de quid
pro quo a su alrededor. Sin embargo, más allá de todo
eso, a Béatrice le encanta trabajar, le gusta y defiende las
películas que hace. De hecho invade sus películas.
AA: Así mismo, me gusta mucho Katerina Golubeva en J'ai
pas sommeil. Su papel es muy sorprendente; es un personaje que va
paralelo a los acontecimientos. ¿Por qué la
incluyó?
CD: Me pareció esencial porque no quería utilizar el
asesino de la mujer vieja como un personaje, como el hilo a seguir.
Quería que lo descubrieran como cuando abrimos el
periódico y descubrimos un universo extranjero. Cuando hice el
guión con Jean-Pol siempre imaginé ese París con
sus circunvalares como un juego de la oca. Y vi a una mujer de otro
país que llegaba a este Paris que incrementaba el miedo. Creo
que no podría haber hecho esta película sin esta
estructura. Desde el principio se suponía iba a ser una joven
española, que Isabelle Huppert quería interpretar. Pero
las fechas cambiaron y un día en Berlín conocí a
Katerina. Entonces, la película se hizo con ella, y hoy
día, creo que es difícil imaginarla sin ella.
AA: Usted dice mucho esto sobre sus películas y sus actores, por ejemplo, de Denis Lavant en Beau Travail.
CD: Sabes, por un momento creí eso con Isabelle, y pienso que
cuando tu crees en algo, funciona. Una película es una
estructura expansible, donde el espacio es invadido por los actores.
Entonces, todo es posible. Si hubiéramos hecho la
película con Isabelle, creo después de todo
habríamos dicho: “sin Isabelle, no habría
película”.
AA: Tiene un método particular de ensayar, casi siempre ensaya otras escenas…
CD: Hay películas con las que necesitas ensayar, pero es verdad,
no me gusta ensayar escenas que estoy a punto de grabar. Entonces,
algunas veces ensayo algo un poco diferente. Jean-Pol y yo escribimos
escenas que no están en el guión, sólo con el
objetivo de ensayar. Porque me da miedo si ensayo una escena, que
durante el rodaje me encuentre diciendo: era mejor antes, ahora se fue.
Creo que algo muy doloroso para mí es que cuando no estoy
rodando, tengo que existir. No quiero decir “vivir”, porque eso es algo
diferente. Tienes que justificar todo lo que haces. Lo que me gusta del
rodaje son esos momentos en los que tienes el derecho de no repetir y
dejar que las cosas sucedan. Antes del rodaje, después del
rodaje, tienes que dar cuenta de todo.
Tercera parte: Vendredi Soir
AA: Sus películas siempre se han alimentado de la
literatura, pero con Vendredi Soir, usted se acerca a una
adaptación fiel. ¿Por qué escogió este
libro de Emmanuèle Bernheim?
CD: Me encanta los libros de Emmanuèle, su manera de describir
sensaciones; de una manera muy precisa, muy meticulosa, que pone en la
misma frase lo consciente y lo inconsciente, así como lo que es
experimentado y lo que es deseado. En realidad, por esa época
estábamos trabajando en otro proyecto, y creo que estuvimos
dando círculos durante un año, porque ninguna de las dos
quería admitir que no nos gustaba el proyecto. Fuimos a ver el
productor y le dijimos que no podíamos manejarlo.
Emmanuèle me dijo: “¿qué quieres hacer de
verdad?”, yo le respondí: “quisiera un pequeño espacio,
el pueblo alrededor, un hombre, una mujer”. Ella se rió y
acordamos una reunión en un café, allí ella me
entregó el manuscrito, había acabado de terminar,
“Vendredi Soir”. No lo podía creer. Dije sí, aunque
sentí que mucha gente no creería en él y que no
podría adaptarlo al cine. Todos pensaban que necesitaba
más detalles narrativos, incidentes. Pero dije no.
Emmanuèle pensaba como yo, que necesitábamos ser fieles
al libro, que no debería agregársele nada.
AA: Lo que me gusta de Vendredi Soir es el rechazo a toda
psicología, o al menos a la psicología como se concibe en
la mayoría de las películas. Pienso que se habría
cometido un error al “psicologizar” la historia.
CD: Eso fue lo que me dije. Pienso que Emmanuèle tenía
más confianza en mí que la que yo tenía en
mí misma. Desde el comienzo le dije a Emmanuèle:
tendremos que escribir una voz en off. Y empezamos a escribir una
versión con una voz en off. Creo que en la tercera sesión
de trabajo en la película volví a leer lo que
habíamos hecho y le dije a Emmanuèle: ¿qué
piensas de esto?, y nos dijimos, no. Creo que el hecho de trabajar sin
una protección me obligó a tener una absoluta fe en el
cine. Tener absoluta fe en la actriz y el actor con quienes quiero
trabajar. Creo que ella, él y el director eran lo único
que necesitaba. Ensayé con la voz en off durante tres o cuatro
días, pero acabó con lo que se había invertido en
la película.
AA: Hay un pequeño diálogo en Vendredi Soir que es deliberadamente un poco estúpido…
CD: Cuando la gente leyó el libro, dijeron: “¡Uy, por fin
va a ver un diálogo!”, pero, es de hecho un diálogo
interno. No se expresan muchos pensamientos en voz alta en la
película, aunque mantuvimos casi todos los diálogos del
libro. Quizás hay uno o dos pedazos de diálogos que
suprimimos durante la película, porque los actores no
querían pronunciarlos.
AA: Usted dijo que consideraba los diálogos parecidos al ruido…
CD: Sí, podría decirse eso, pero eso es teórico y
yo no soy teórica para nada y menos alguien que hace
teorías. Para Vendredi Soir, ni me hice la pregunta, ya que la
película era una adaptación del libro. Lo único
que hacía era pensar en el libro todo el tiempo. Entonces cuando
terminé de editar la película, dije: “sí, no hay
muchos diálogos”, pero no había sido consciente de eso.
En Nénette et Boni el diálogo fue suprimido en
cantidades, no porque no me gustara, sino porque Grégoire estaba
molesto. No sé, así es como pasan las cosas. No lo
intento ni lo explico, incluso, había un poco de diálogo
en US Go Home. Me gusta ese tipo de diálogo, era casi siempre
una comedia. Me parecía muy bueno. Y después,
había ocasiones en las que Jean-Pol y yo nos poníamos
nerviosos y escribíamos diálogos que eran explicativos o
psicológicos en otros guiones.
AA: En el libro “Vendredi Soir” hay una gran cantidad de cosas
que son comunicadas a través del olor. ¿Cómo hizo
para visionar la transposición de esto a través del
lenguaje cinematográfico?
CD: Sabes, siempre he pensado en el olor. Siempre he pensado que el
olor tiene algo que ver con el hecho de que alguien nos atraiga. Hay
incluso una escena en Nénette et Boni donde Valéria
Bruni-Tedeschi habla una gran parte con Gégoire Colin, y es
sobre el olor. Ves, después de todo si hay diálogos en
Nénette et Boni; y ese diálogo en particular es muy
bueno. Pero los olores, tu puedes imaginarlos en el cine, puedes hablar
de los olores en el cine porque tienes cuerpos presentes.
AA: El libro parece ser más atrevido en las escenas de amor…
CD: El libro es más atrevido porque está en palabras.
Todo lo que esté escrito en palabras necesita, tiene que
convertirse en cine. Pero el libro es atrevido y modesto al mismo
tiempo. Las palabras son atrevidas pero la forma es modesta. Entonces,
para la película, ¿cuál sería la manera de
ser atrevida si la forma es modesta? Además el personaje
masculino respeta esta modestia. Sería una mala
interpretación. Y en cualquier caso, lo que es atrevido en el
cine es bastante regular, no hay mucho una vez que haz mostrado las
partes sexuales del hombre y la mujer.
AA: ¿Por qué Vincent Lindon y Valérie Lemercier?
CD: Vincent Lindon porque Emmanuèle y yo primero pensamos en el
hombre que nos parecía más lógico. De nuevo
pensé en su papel en Le Septième Ciel (Benoît
Jacquot, 1998) y vi que Vincent era igual que ese hombre. Sin embargo
en el libro él es más viejo. Pero para mí, desde
el principio, era él y nadie más.
AA: ¿Por qué cambió su nombre? En el
libro él se llama Frédéric y en la película
Jean.
CD: Vincent no quería que lo llamaran Frédéric,
odiaba ese nombre, cosa que puedo entender. Entonces, elegimos “Jean”
porque le dije que se parecía a Jean Gabin de perfil con su
cigarrillo…él había leído el libro y le
envié el guión. Dijo sí desde nuestra primera
reunión. Y Valérie Lemercier, me di cuenta que todos
estos años había querido ver los shows de Valérie,
sus películas…Ella me seduce enormemente. Soy un poco una
groupie de Valérie Lemercier, así pues, ya la
conocía un poco. Me dije que para ese papel particular,
había una cierta lógica.
AA: Sabes, muchas personas no dejaban de pensar en In the Mood
for Love (Wong Kar-Wai, 2000) cuando veían tu película.
CD: ¿En verdad? Sinceramente pienso, ante todo, en
Emmanuèle y en su libro, y luego pienso en la presencia de
Valérie y Vincent, desprovista de muchas referencias
cinematográficas…alguien me hizo una observación que me
hizo reír: alguien me dijo que entre la suavidad de las pieles y
los cuerpos de los carros, había pensado en la película
de (David) Cronenberg, Crash (1996). Sí, bueno, lo entiendo. In
the Mood for Love es una película que me gusta mucho, pero
conozco a Wong Kar-Wai y para mí hay una gran diferencia entre
las dos películas. In the Mood for Love es una película
en el pasado, una película de recuerdos, una película
nostálgica. Mientras que, me parece, Vendredi Soir es una
película en el presente, y muy concreta.
AA: Me gusta mucho la parte un poco Hitchcockiana en la que Valerie sale huyendo…
CD: Eso es porque la música es de Shostakovich y Bernard
Herrmann estaba muy inspirado en Shostakovich. Fue deliberado porque en
la novela hay dos o tres referencias a Hitchcock. El hombre joven en el
hotel, por ejemplo. Pero es mejor no hablar de las referencias a
Hitchcock porque todos lo hacen. Todos los que creen que el cine es
imagen y sonido declaran lo obvio. Siempre he hecho películas
con deseo. Creo que es el material principal de mis películas.
Básicamente, las películas de Hitchcock son sobre
cómo el deseo se tergiversa, excepto quizás Notorious
(1946), al principio, pero sientes que el desastre ya se ha establecido
antes, eso es decir, Cary Grant es forzado a domar a Ingrid Bergman
antes de empezar a desearla, entonces, ya hay algo más sutil que
el deseo y es porque él la desprecia que él va a
desearla. Creo que soy menos sutil que eso.
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