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Luis Ospina es el director de Pura Sangre, Soplo de vida y
algunos documentales que han marcado historia en la forma de ser y
hacer cine en Colombia. Estuvo en Medellín presentando su
más reciente trabajo: La desazón suprema: retrato
incesante de Fernando Vallejo, y Pulpmovies aprovechó para
tomarse unas cervezas con él y, mientras tanto, hablar de
algunos tópicos como cineclub, video, Fernando Vallejo, cine
colombiano, entre otros.
[Pulpmovies]: ¿qué diferencias nota entre los cine clubes
de ahora y los cine clubes de la época que a usted le
tocó, en relación con la consecución de material y
otros aspectos?
[Luis Ospina]: en el Cine Club de Cali nosotros trabajábamos con
un teatro que era el teatro San Fernando, ahí dábamos las
proyecciones de 35 mm los sábados y en la Ciudad Solar, que era
una especie de comuna que teníamos, proyectábamos las
películas en 16 mm en el patio de la casa. Luego, cuando se
acabó la Ciudad Solar, se hacían las proyecciones de 16
mm en mi casa, a un grupo muy selecto de personas, eran proyecciones
privadas. El material de 35 mm había que conseguirlo
forzosamente con las distribuidoras, claro que en esa época la
oferta era mucho mejor que la que hay ahora, porque estaban vivos
Buñuel, Bergman, Antonioni, John Ford, una cantidad de gente
aún estaba viva y entonces uno tenía siempre
clásicos de ese momento. Además el cine de los
años 70 era mucho mejor que el cine que se ve ahora aquí.
El cine ha ido deteriorándose mucho.
La gran diferencia que había cuando nosotros teníamos el
cine club, es que no había la facilidad del video. Andrés
[Caicedo], por ejemplo, no conoció el formato Betamax, ni el VHS
que fue lo primero que hubo. Entonces nosotros teníamos que
perseguir las películas por todo Cali, irse uno al cine de
barrio, que aún existía en esa época, proyectaban
una película por dos, tres días y después quemaban
las copias. Pero ahora los cines clubes tienen la ventaja de que ya las
proyecciones de video son muy buenas, existe el DVD, entonces ya se
puede ampliar la oferta y ser más alternativo. Pero realmente a
un cine club no voy hace pero mucho tiempo, también porque los
ponen los sábados y uno los sábados está
enguayabado o no quiere salir.
P: ¿Tiene ahora algún contacto con cine clubes de Cali, de Bogotá?
L.O.: No. Yo comencé a desencantarme mucho de los cine clubes
una vez me retiré de la actividad del cine club, pues vi el
rumbo que estaban cogiendo. Su función se había
convertido en un reciclaje de las películas de cartelera o en
programar ciclos absurdos como: El cine y la mujer o El cine y el amor,
Cine y literatura; cuando dentro de eso cabe de todo. Una cosa en la
que insistíamos mucho cuando teníamos el cine club en
Cali, era que había que tener un soporte escrito a las
películas. Más allá de la proyección de la
película entregábamos un material escrito, y esto no
estaba pasando en los cine clubes. Después también vi que
los cine clubes se agarraron de algunos fetiches, entonces daban las
películas de Oliver Stone, de Peter Greenaway, o de éste,
del otro, del que estuviera de moda en ese momento. Entonces no
volví. Además las copias cada vez se iban deteriorando
más. Las películas que nosotros habíamos visto en
los 70's en buenas condiciones, ya después, sólo se
veían puras rayas.
P: ¿Qué opina de la labor de formación audiovisual
de los cine clubes, no sólo a nivel de la crítica
cinematográfica, sino también en la realización?
L.O.: Pues en el caso del cine club de Cali, creo que eso fue muy
fructífero, porque de ahí salió gente que
trabajó después en el campo de lo audiovisual. Algunos se
volvieron críticos, otros se volvieron productores, otros se
volvieron directores, otros documentalistas. Creo que nosotros
alcanzamos a crear una generación, una corta generación
de cinéfilos.
P: ¿Cuáles considera que son los retos actuales de los
cine clubes, en un país en el que es difícil acceder a la
formación académica sobre el cine ya sea por cuestiones
económicas o por otras causas?
L.O.: pues yo creo que son una alternativa de este basurero que se ha
vuelto la distribución comercial, de esta invasión del
cine norteamericano que está tan malo. El cine norteamericano
está en un período terrible y ha malacostumbrado mucho al
público, entonces los cine clubes sirven como punto de escape,
de disfrute. Por ejemplo yo veo que ustedes dan películas en
versiones originales, si no se consiguen subtituladas al español
pues darlas así y el que quiera ver una película en
finlandés la ve en finlandés.
P: ¿Qué pasó con el movimiento de cine en Cali?
L.O.: Yo me fui de Cali hace 8 años, entonces no estoy muy al
corriente. Más o menos me entero del trabajo documental que se
está haciendo en la ciudad, que siempre ha sido muy bueno, sobre
todo el que viene de la Universidad del Valle y de Oscar Campo. La
última película de cine que se había filmado en
Cali fue La mansión de Araucaima que fue en 1985, y ahora la
película de El rey. Hubo un largo período en el que no se
hizo cine en Cali.
P: ¿Qué opina de la idea general entre algunos
críticos de que los caleños son mejores para la
ficción y los antioqueños mejores para el documental?
¿Piensa que ésta es una distinción válida?
L.O.: Eso ha ido cambiando, sobre todo a partir de la creación
de los canales regionales. Creo que Cali se volvió como el
puntal del movimiento documental, se podía hablar de un
movimiento documental en Cali. De esto había un poco en
Antioquia y en el caso de la Costa Atlántica era
prácticamente inexistente. Ahora ya han ido surgiendo
documentalistas en esta región. Pero, por ejemplo, es muy
difícil decir quién es el documentalista de
Bogotá. Es complicado definir quiénes y cómo han
captado la idiosincrasia bogotana en el documental. Mientras que en
Medellín y en Cali esto es muy marcado.
P: Especialmente con la parte argumental de Cali, se podría
decir que son los únicos en Colombia que han hecho cine de
género. De hecho la última película argumental
suya es de género.
L.O.: Sí. Y la que hicieron ahora también
[refiriéndose a El rey] es de género, está
relacionada con lo policiaco y con el tema del narcotráfico. Yo
creo que la necesidad de hacer cine de este tipo, fue también
por esa fuerte influencia que hubo del cine de género cuando
nosotros manejamos el cine club de Cali. Nosotros éramos grandes
defensores del género y los ciclos que hacíamos no eran
La mujer y el amor, sino El cine de gangsters, El cine de vaqueros, El
cine de Bergman; cosas así, era muy por el lado del
género y por el concepto del cine de autor.
P: ¿Está desencantado del cine?
L.O.: estoy un poco desencantado del cine porque la oferta que hay en
las salas comerciales es muy floja, y a mí el cine
norteamericano actual es poco lo que me gusta. Digamos, en este
año, se pueden rescatar una película de David Lynch y una
película de Todd Haynes, y ya esas Matrix's y todas esas cosas
no me interesan. El cine norteamericano ha llegado a crear una
hegemonía de un discurso que no me interesa y un sistema de
producción y de montaje que es demasiado rápido para
mí. A mí me gustan las películas más
serenas.
P: A propósito de eso, ¿qué opina de propuestas marginales como las del cine iraní?
L.O.: esas me interesan mucho. El cine iraní me gusta mucho,
pero es difícil verlo aquí en el país, cuando
viajo trato de ver ese tipo de películas.
P: ¿No piensa que ese tipo de cine podría ser un ejemplo del modo de hacer cine en Colombia, con pocos recursos?
L.O.: de bajo presupuesto. Pero es que el público ya está
muy mal acostumbrado, y entonces si uno hace una película como
las que hace el director iraní Kiarostami, el público no
aguanta ese tipo de ritmo. Pues el cine norteamericano ha deformado
tanto al espectador medio, que tiene el límite de
atención de una ardilla.
P: ¿Cómo cree que el documental puede influir en el argumental, a nivel formal y de contenido?
L.O.: eso se ve muy claramente en las películas de Víctor
Gaviria que tienen siempre un origen documental. Yo creo que en
Colombia es tan impactante la realidad, que cosas documentales se le
meten a uno en las películas de ficción. A nivel formal
también se da, en la forma de producción, pues hay gente
que está haciendo argumentales con medios con los que solo se
podía hacer documentales. Están haciendo ficciones en
video con cámaras pequeñas. Ahora la fusión entre
video y cine es tan grande que hay mucha gente que decide hacer sus
películas en video y ampliarlas a cine.
P: ¿Cree que la forma de narrar en video es distinta a la forma de narrar en cine?
L.O.: si uno graba en video tiene que utilizar todos los aditivos que
le da el video. Con el video puede hacer los efectos que en el cine
resultan muy costosos, como por ejemplo congelados, ralentis, todo eso
lo puede hacer uno sin mayor costo. Entonces sí puede influir en
la forma de las películas...se pueden grabar más cosas.
P: ¿Cree usted que existe alguna relación entre el cine y el video?
L.O.: yo acabo de escribir un artículo sobre eso en el
último número de El Malpensante que se llama Vine, video,
vici. El video como resurrección. Entonces yo muestro ahí
cual ha sido mi relación con el soporte magnético y como
eso ha influido en mi cine y viceversa, como lo uno se nutre de lo otro.
P: ¿Usted ha hecho televisión?
L.O.: dramatizados, nunca, en televisión. Porque pienso que la
televisión debe ser para los documentales y la ficción
para los cines, siempre que veo una ficción en televisión
me siento viendo una telenovela.
P: ¿Cómo fue la experiencia de hacer un documental [La
desazón suprema: retrato incesante] sobre Fernando Vallejo,
alguien que ahora dice odiar el cine y sobre todo los documentales?
L.O.: pues eso era un reto muy grande porque a él no le interesa
el cine para nada, y menos le interesa el documental. Él dice
que es un género limosnero y que los documentales son una
pedacería de planos.
P: ¿Cómo llegó usted a Vallejo?
L.O.: eso es una historia larga. Yo primero lo conocí por sus
libros en una época en que casi nadie los leía y no
sé cómo un libro de él llegó a mis manos,
esto debió ser como a finales de los 70's o a principios de los
80's. Me interesé mucho ya que leí Los días azules
y El fuego secreto y me fascinó. Me pregunté quién
es este personaje. Aunque yo anteriormente había visto sus
películas en una función privada en Bogotá, cuando
estaban prohibidas por la censura. El personaje me intrigaba mucho
porque ni siquiera se conocían muchas fotos de él,
sólo se sabía que vivía en México, que
había hecho esas tres películas allá y que
había escrito un libro de gramática literaria, casi
imposible de conseguir en Colombia. Cada vez que salía un libro
de él, lo leía, y seguí la saga
autobiográfica de El río del tiempo.
En una reunión social, alguien me dijo: el señor que
está allá recostado es Fernando Vallejo, entonces me le
acerqué, le dije que había visto sus películas y
que me gustaban mucho sus libros. Esperé encontrarme una especie
de monstruo y cuando lo conocí se me hizo que era todo lo
contrario, un tipo muy tranquilo, de voz pausada, suave y muy amable
conmigo. Después hablando con Barbet Schroeder -quien iba mucho
a Cali, y quien insistía en hacer una película en
Colombia pero nunca había encontrado un escritor con el cual
pudiera trabajar un guión- yo le dije a Barbet: yo creo que
éste es el escritor para usted, Vallejo, -en ese momento acababa
de salir La virgen de los sicarios en francés-, él
ahí mismo consiguió el libro, se lo leyó y me
llamó y me dijo: yo quiero conocer a Vallejo, entonces, por
medio de un amigo mutuo, Enrique Ortiga, nos pusimos en contacto y
ahí surgió la idea de que ellos trabajaran La virgen de
los sicarios.
Posteriormente, Barbet me invitó a hacer el detrás de
cámaras, el making off, de La virgen de los sicarios, y
quizás yo en ese momento ya tenía la secreta idea de
hacer un documental sobre Vallejo, aunque todavía no
había cuajado del todo en mi cabeza. Una vez que se vio todo ese
éxito de La virgen de los sicarios, me preguntaba: ¿no
sería bueno que alguien hiciera un documental sobre él?,
pero no. Después pasó un productor francés por
Bogotá, yo no estaba, y le preguntó a Dago García,
¿quién aquí puede hacer un documental sobre
Fernando Vallejo?, y Dago García le dijo: yo sé quien
puede hacer un documental, es Luis Ospina, y a mí me
llegó este run run y entonces yo me puse a escribir todo un
proyecto, y entonces tan tan, escribí todo el proyecto y se lo
mandé a ese señor. Ese señor nunca me
contestó y entonces a mí me dio un poquito de rabia, y
dije: pues si él no lo quiere hacer, yo lo voy hacer, y yo lo
voy a comenzar a producir. Entonces dije: voy a hacer el documental, y
llamé a Barbet Schroeder, y le dije: ¿usted va a terminar
de hacer el documental que estaba haciendo sobre Vallejo?, porque
él estaba haciendo una cosa con cámara pequeña
cuando vino aquí a Medellín y filmó a Vallejo, y
él me dijo, no, yo ya no lo voy hacer, pero si quiere yo le
regalo los materiales que ya filmé. Yo ahí mismo
llamé a Vallejo, y le dije: vea yo quiero hacer un documental
sobre usted, y él dice, ah bueno, si usted quiere hacerlo venga
aquí y se queda en mi casa. Yo me fui con una camarita, yo solo,
y ahí fue la primera grabación que hice con él que
fueron 20 días, en la misma casa y todo, yo solo con una
cámara. Luego ya me vine a Colombia a seguir grabando,
después el año pasado me volví a México y
seguí grabando con él.
P: ¿cuánto duró el proyecto?
L.O.: creo que desde que yo comencé a investigar hará
unos 4 años y comencé a filmar hace como unos 3
años y medio. La película yo la comencé haciendo
con mis recursos. Y qué eran los recursos: si a mí me
daban desayuno, almuerzo y comida en casa de Fernando, entonces eso era
gratis, lo único que me costaba eran los cassettes. Una vez hice
esa primera filmación en México, reuní algunos
materiales, hice un pequeño Reel a manera de presentación
y lo presenté a dos fondos, uno que era la beca de residencia
artística de CONACULTA, y Ministerio de Cultura en México
y otra que fue la convocatoria de documental de la Dirección de
Cinematografía y me gané esas dos. Ahí ya fue como
una luz verde para seguirlo haciendo.
P: ¿Qué cambia en sus documentales al usar una cámara miniDV, qué le permite y qué no?
L.O.: pues yo creo que el caso específico de esta
película, si yo me hubiera ido a la casa de Fernando Vallejo con
20 personas, una cantidad de cables, luces a dañarle allá
los fusibles, a que la gente se le orinara en la tapa del inodoro y
todas esas cosas horribles que suceden en una filmación, yo no
hubiera durado en esa casa 2 días. Era muy fácil porque
yo trabajé todo sin luces y entonces la cámara se vuelve
más una persona y en la película se ve eso, que la
cámara no es una cosa sólo registrando algo, sino que es
un interlocutor. Se ve que Fernando a veces me habla a mí, a la
cámara, y me dice cómo te parece esto, o tal cosa. Se
llega a lo que originalmente decía Astruc en 1948 de la
Caméra Stylo, la cámara como un bolígrafo, el
autor total.
Yo nunca había sido camarógrafo, y entonces con esta
película fue mi primera comunión de cámara, porque
yo siempre había soñado que si uno hacía un
documental uno mismo, debería hacer la cámara. Claro que
siempre tuve camarógrafos buenos en mis documentales, pero esta
vez fue muy emocionante hacer la cámara. Además como yo
soy editor entonces yo ya filmaba pensando en cómo iba a editar
esto.
P: ¿Qué distancia hay desde el personaje público
de Fernando a la persona íntima, y a su vida privada?
L.O.: pues eso es lo que yo trato de establecer, ojalá lo haya
logrado mostrar en el documental. Lo que intento mostrar es que
detrás de los libros, de las declaraciones públicas, hay
un ser humano con unas cualidades humanas muy grandes. Me interesa que
la gente conozca ese otro lado, porque la gente confunde el odio con el
dolor, y si Vallejo dice cosas un poco odiosas sobre Colombia, es
porque le duele el curso que ha tomado el país, por diferentes
razones: el narcotráfico, la pérdida de los valores, y lo
que han hecho los políticos de este país.
P: ¿Qué piensa de esta serie de películas
colombianas que viene ahora sobre la época de los 80's del
narcotráfico y Pablo Escobar, frente a la posibilidad de otras
propuestas, como la suya, de un cine más íntimo y
más personal, de una visión subjetiva de la ciudad y del
país, de un cine de autor?
L.O.: yo me he considerado más un outsider, mejor dicho, las
películas mías prácticamente las he generando yo
mismo, no son cosas de encargo, ni cosas así. Ahora lo que yo
veo es que con la facilidad que ofrecen los medios tecnológicos
la gente está haciendo historias personales, sobre su vida.
Claro que es gente muy joven, entonces es muy difícil cuando
alguien es muy joven que hable sobre la vida. Por ejemplo, Vallejo
sólo comenzó a escribir hasta los 40 años y
Visconti comenzó a dirigir cine cuado tenía más de
30 años.
Yo creo que mi trabajo se ha vuelto cada vez más intimista,
incluso una película como Soplo de vida es una película
intimista, una película que sucede en un cuarto de hotel y unas
historias de amor, no es el gran fresco nacional sobre el
narcotráfico y la violencia en Colombia. Pues este país
es tan grande que no cabe en una sola película. Mi trabajo con
Lorenzo Jaramillo, es un trabajo muy intimista. Y éste
último también es intimista, ahora que tengo más
años, me siento con más tranquilidad. No, no más
tranquilidad, sino más capacidad de hablar sobre temas que
cuando era más joven, tal vez no los podía manejar.
P: ¿y ahora que?
LO: es muy difícil que le pregunten a uno que va hacer
después de La desazón suprema, tal vez nada... Si yo
quisiera hacer otro argumental tal vez lo haría en video y
haría una comedia, porque yo me he dado cuenta de que mis
documentales son muy humorísticos, me gustaría ensayar la
comedia. Claro, pero una comedia bien negra.
P: Volviendo al tema del género y de las nuevas generaciones,
que nos puede decir de Jorge Navas quien también
incursionó en el cine de genero, del vampirismo y todo eso.
L.O.: esa es ya la segunda generación o tercera
generación de vampiros. Yo fui profesor de Oscar Campo, y Oscar
Campo fue profesor de Jorge Navas. Así como en la China la
tercera generación y la quinta. Aquí ya vamos en la
tercera generación de consaguinidad del vampirismo caleño.
P: Tenemos vampiros para rato…
L.O.: pues usted sabe que los vampiros nunca mueren.
P: ¿Que piensa de la opinión de algunos críticos y
realizadores colombianos de que en los países latinoamericanos
por las condiciones sociales, la realización debe servir a la
crónica y a la denuncia social, y que no puede hacerse una
película intimista, con personajes que tengan conflictos
individuales, más allá de los linderos de lo social?
L.O.: creo que ése es un problema de inferioridad que tenemos
los propios cineastas, de que es castigado que un cineasta tenga un
mundo interior, pero para mí eso es lo fundamental. Los temas
están ahí, pero lo que importa es lo que tenga un
director en la cabeza, su visión, su manera de ver la vida real.
El cine no tiene que ser sociología.
P: ¿Qué piensa de los actores, en el caso del cine colombiano?
L.O.: es muy difícil. Aquí sobre todo es muy complicado
conseguir actores secundarios, es bastante difícil.
También está el gran peso que tiene la televisión
sobre los actores y cómo el trabajo de los actores se ha vuelto
un poco facilista por las condiciones de grabación tan
rápidas en televisión. Otra dificultad es por los
horarios de los actores, si uno va hacer una película y el tipo
está haciendo una novela, entonces hay que planear el rodaje con
base a los actores, eso hace que se vuelvan más caras las
películas.
P: ¿no te interesa ir a los Oscares?
LO: yo quiero es ganarme el Oscar de la Renta.
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