Editorial.
Segunda Muestra de Cine Independiente de Medellín
Por Yenny Chaverra
Más allá de todos los pronósticos –suponiendo que alguien los haya hecho- llegamos vivos a los 9 años. Definitivamente la terquedad ¿o la pasión? si no crece, por lo menos permanece con los años. Parece que no sufrimos de una enfermedad terminal, aunque si incurable. O simplemente perseveramos en el vicio de ganarle a la vicisitud con el cine. (O simplemente el único vicio que fuimos capaces de tener para ganarle a la vicisitud, fue el cine) Lo otro, la necesidad de darle continuidad a una muestra de cine independiente, ahora con nombre propio, IndiVisible, para reiterar nuestra intención, que cada vez se hace menos clara en palabras, y que hemos integrado a nuestro organismo como una suerte de instinto común: resistir desde el margen en una cierta lucha, viendo películas, piezas audiovisuales o sin audio, esperando, o siendo sorprendidos por algo. Sí, hemos desarrollado algo así como un instinto mesiánico. No estamos muy seguros de haber evolucionado o mutado correctamente, pero por lo menos ahora tenemos una figura legal, y nos imaginamos que eso es un tipo de cambio. Un intento de adaptarse. Igual nos embarga el miedo y la incertidumbre, puede que el cine no sea algo tan bueno y pretendemos llevarnos por delante a muchos con nosotros. Hasta aquí esta elucubración entre El origen de las especies y el Apocalipsis. Vamos a algo serio. Escribir un editorial.
IndiVisible2 Muestra de cine independiente de Medellín, va en contra de todas las recomendaciones de antaño, para celebrar que lo nuestro no haya sido un mero hobby universitario o un pasatiempo de juventud. O sí. Talvez nos pasamos algo de nuestro tiempo o casi toda nuestra juventud, buscando lo que no se nos había perdido en el cine. Consumiéndonos con las películas, los autores, las ideas, y buscando los sentimientos o afecciones que no podíamos obtener ni sembrando un árbol, ni escribiendo un libro. Aun después de cada sesión nuestro cuerpo se sacude involuntariamente para librarse de algo. Afortunadamente no es tan sencillo.
Nuestro error inicial fue que no nos conformamos con hacer voyeurismo en un grupo de amigos, si no que se nos ocurrió que unos cuantos más tenían que vernos mientras lo hacíamos, y terminamos ejerciendo cierto exhibicionismo ¿altruismo? audiovisual. Ninguna enfermedad es completa a menos que la padezcan más de dos.
Tenemos cierta sospecha. Lo que vemos, lo que escogemos, lo hacemos por que sospechamos. Con tan dudoso criterio, no pesa sobre nosotros la responsabilidad de que esos intentos con la imagen sean buenos o malos, sólo están ahí, expuestos. No certificamos la calidad, ya existen empresas para eso.
Nos partimos la cabeza tratando de darle un nombre a esto, nosotros mismos nos hartamos de los adjetivos que usamos, y siempre que eliminamos nuestros comentarios quedan los nombres de las películas y de quienes las perpetraron. Ahí está todo el sentido de lo que queremos decir. Esos individuos audiovisuales tienen la capacidad de impactar de alguna manera, ya sea desgastando los ojos u ocasionando lesiones severas. Definitivamente el cine sobrevive mejor que nosotros sin adaptarse.
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