Como yerba fui y no me fumaron.
R. G. Jattin
Ante la avalancha de discursos audiovisuales a que nos vemos sometidos
en los tiempos que corren, uno pensaría casi con cierta sensatez que ya
es (más que) suficiente con todas las variedades de imágenes que nos
acechan por todos lados. Por un lado está la inapagable televisión, que
se reproduce con hijos malditos por todos lados en forma de pantallas
en autobuses, aviones, salas de espera de hospitales mentales,
odontologías, terminales de transporte y baños públicos. Cada vez
aumentan los espacios menos convencionales
para consumir imágenes, casi todo aparato se va incorporando de una
pantalla digital miniatura donde se puede ver video y en las calles de
algunas ciudades se instalan grandes pantallas que pasan anuncios
insistentemente. Pareciera que no fuera posible salir de ese mundo de
imágenes fabricadas.
En medio de todo ese ruido audiovisual es que nosotros venimos a plantear la idea de Indivisible 3. Muestra de cine independiente de Medellín. Pulpmovies 10 años. Lo hacemos, ya por tercera vez, porque de alguna manera nos atormenta
la idea de que en medio de una aplanadora audiovisual uniformante y
hegemónica las voces disidentes se ahoguen hasta pasar completamente
desapercibidas y al final sean dadas por inexistentes. Adorno decía que
mientras la misma música omnipresente e inevitable se instala como
un sólido pedazo de vida, como un bien de consumo entre los otros,
estandarizado por los productores, y se desposee de todo cuanto
trasciende el servicio y el chantaje al cliente, se vuelve cómica.*
Y esa es la misma amenaza que se cierne ahora sobre el cine y las artes
audiovisuales: que se vuelvan un chiste, una broma barata, una baratija
más de las múltiples que se ofrecen. Ante la omnipresencia de imágenes
de la vida estandarizada nosotros creemos que es necesario dar una pelea.
Para nosotros el cine y los audiovisuales son medios de expresión
problemáticos y en conflicto. Y digámoslo en términos afectivos: eso nos toca.
Porque hemos sido testigos de que de esa situación de conflicto surgen
nuevas formas de expresión, nuevos autores en sentido pleno, cuyas
obras tienden puentes entre esas crisis del cine y otras pestes de
mayor calado social por no decir espiritual que cunden en nuestro
tiempo. A la avasalladora presencia de imágenes estandarizadas el cine
más atento de nuestro tiempo ha propuesto miradas desde estéticas radicales del silencio
–por decirlo en palabras de Susan Sontag– para poder encontrar un lugar
en donde todavía el cine pueda decir algo sobre la vida humana sin
volverse un chiste. Por eso coincidimos, en intenciones al menos, con
el Festival de Rotterdam, en la idea militante del festival de cine
como un espacio para proveer una plataforma para el cine independiente
y de autor. Un lugar donde el cine sea considerado arte. Resistimos
porque sabemos que hay otras voces rondando, otras películas, otros
modos de hacer y vivir el cine.
Por eso una muestra. Pequeña, al tamaño de nuestras
posibilidades, sin ceder en nuestras aspiraciones ni renunciar a
nuestra autonomía. Una muestra para ver que hay cine más allá del cine.
Para poder ver que el cine está siendo cuestionado desde dentro. Que
sus límites expresivos se escurren hasta la fractura para intentar
vulnerar las barreras comunicativas y artísticas que el audiovisual
como tóxico y ruido de fondo impone sobre los materiales y sobre la
forma. No aseguramos que éste sea El Cine. El Único y Verdadero. Sólo
anunciamos que otras formas son posibles y sobretodo que existen. Por
eso la llamamos muestra de cine independiente. Porque para
que sea posible un cine de este tipo es necesaria la independencia, que
bien podríamos ante la creciente mercantilización del término, mejor
llamar autonomía del espíritu. Es decir, la capacidad para (re)crear
una visión del mundo y una relación del individuo con éste usando
alguna forma de expresión. Porque si Schumman tenía razón entonces sólo
existe un arte, una expresión de lo humano sublime, y música, pintura,
poesía y cine no son más que instancias de una misma posibilidad
humana. Independencia del creador pero también de los programadores y
del público. Desde acá nosotros ejercitamos nuestra autonomía como
programadores. Independencia frente a fuerzas que intentan imponer
cierto tipo de contenidos; a veces sutilmente o mediante la presión
legal por cumplir estrictos patrones de propiedad intelectual que sólo
benefician a los ya más que beneficiados. A esa autonomía como
programadores se corresponde una independencia de los espectadores. Son
ustedes, quienes quiera que sean o quieran ser o hayan sido, los que
desde su fuero interno podrán validar, aceptar, asumir o rechazar las
obras que nosotros les proponemos. Es un ejercicio abierto y proponemos
juego limpio. Se trata de un diálogo con el lenguaje cifrado de las
películas, para hallar puntos de encuentro y visiones comunes.
Se trata también de la muestra de cine independiente de Medellín.
Y esto según se mire es una casualidad, una fatalidad o una
oportunidad. Creemos nosotros que vale la pena abrir espacios de contra
corriente culturales, para usar un término quizá enmohecido, aquí y
ahora como una manera de no declinar. O dicho de otra forma, creemos
que un cine abierto, autoconsciente, crítico, independiente, poético,
libre, duro, bello y sucio, puede ser una ventana abierta a otras
posibilidades. Lo fatal de esta muestra en esta ciudad es que lo
hacemos siempre al borde la autoextinción. No sabemos en qué punto todo
esto puede dejar de funcionar, hasta donde nosotros mismos seremos
capaces de mantener un espacio que se nutre solamente de ciertas formas
de la terquedad. Lo casual es que no sabemos hacia dónde se dirige esta
embarcación, que está metida dentro de un río urbano que parece ir
directo al abismo. No mirarlo de frente sería consentir con formas
bastante extendidas de autoengaño. Pero abandonarlo ahora sería una
completa irresponsabilidad.
Y finalmente es la muestra de cine independiente de Medellín. Pulpmovies 10 años.
Y esto es la vez una celebración y una afirmación. Casi sin darnos
cuenta ha pasado una década de presentar películas en Medellín, y si
algo se ha logrado en este tiempo ha sido permitir el encuentro de
ciertas personas con ciertas películas. A algunas de esas personas,
entre las que nos encontramos nosotros, algunas de esas películas le
supusieron un momento clave, una señal, un rastro, un descubrimiento a
partir del cual podían profundizar en otras búsquedas personales.
Ciertos ecos de la memoria, de conversaciones, de mensajes que llegan y
dejan entrever que estos encuentros han sido certeros. Nuestra
aspiración para los tiempos venideros es mantener abierto ese espacio y
dejar que la gente y las películas se sigan encontrando.
* Sobre la relación actual entre música y filosofía. T. W. Adorno.
Cineclub Pulpmovies agosto de 2006