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Hay películas que son necesarias, no se sabe bien si para vivir
más tranquilo o para hacerlo de la forma más intranquila
posible, pero necesarias al fin para hacer justicia con uno mismo.
24 hour party people es para verla con los 13 años reventando en
la cara, y así darse cuenta que ese preadolescente perdido que
no tiene idea de nada pero que está seguro de que los otros, los
grandes están completamente equivocados, echados a perder e idos
todos a la vida más mierda, tiene razón y debe ser
considerado un héroe de su época.
Lo importante es que Winterbottom haya hecho esta peli, lo que importa
es que esté rodando por ahí y que se pueda ver en una
sala de cine, en una filmoteca, o en algún cineclub marginal
Lo mejor es que cuando todo parece que va hacia la gloria aparece una
grupo de cuatro fugados perdedores en una azotea de la ciudad
universal, que para la ocasión es Manchester, con un poco del
frío y la niebla habituales, celebrando sus derrotas más
estrafalarias, su gran éxito contra todo.
Lo demás, lo que va antes en el film, es pura diversión
visual: música y fiesta contados en primera persona. Persona,
personaje que sabe que está contando una historia. La
película como las mejores de nuestro tiempo (Taste of cherry),
es autoreflexiva, se cuenta y se analiza a sí misma. Se burla de
sí misma. El montaje se discute ante la pantalla, escenas que no
pudieron quedar se insertan porque es bueno que queden y es bueno que
el espectador sepa lo que pasó con ellas. Winterbottom aborrece
de sobra contar historias completas. El habla de sensibilidades
extremas (Butterfly kiss), de sentimientos urbanos concentrados
(Wonderland), de la ruptura como eje de la vida contemporánea.
Los personajes de Winterbottom han perdido algo en la vuelta de alguna
esquina y ahora que no lo encuentran, buscan y buscan sin conformarse,
buscando entonces otra cosa, algo que los salve de los días sin
tener que venderse. Rebeldía post y desolación. Otra vez
Wonderland.
El asunto se intensifica en 24 hour. Porque al parecer hay una historia
que contar, la música en Manchester desde el punk sex pistolero
hasta las raves más under-house. Alguien podría encontrar
un inicio, nudo y desenlace. Pero como dijo Godard cuando le aseguraron
que hasta sus películas los tenían: "seguro que
sí, pero no necesariamente en ese orden"
Contradicción del cine. El género más verídico
en la actualidad es el falso documental (Nick Broomfield). Muchos de los
documentales verdaderos están tan viciados del proselitismo moral
de sus autores que son insoportablemente falsos. Las obras de ficción
han llegado al extremo de la dramatización que la mentira de la
puesta en escena gana sobre la hiperrealidad de la cámara.
Winterbottom se salva, y salva al cine por dos más de dos horas,
al hablar en falso. Ese es su primer acto de sinceridad, sabemos que lo
que se diga es verdad manipulada, en principio debe ser mentira o al
menos podemos desconfiar de ella. En una extraño fenómeno
de identificación de esta manera sus personajes se vuelven
increíblemente verídicos. Y aunque el entusiasta
personaje lo intente a cada momento no alcanza a convencernos de que
eso que sucede allí no es parte de la
realidad, por lo menos de alguna que sea posible en un lugar de nuestra
imaginación.
Winterbottom se deshace del problema de la narración dejando que
sea el personaje el que cuente la historia explícitamente. Desde
el principio nos anuncia que el asunto ese es una película. A
medida que transcurre se encargará de develar todos los secretos
de la historia, de descubrir el film. Incluso algunos detalles de las
influencias del film, de cómo
está hecho. De esta manera los personajes son más puros,
en el sentido de que ya no tienen que esforzarse por llevar la
historia, pues esa ya la sabemos, ahora sólo tienen darnos
sensaciones. Incluso pueden ser fríos para transmitirlas pues no
hace falta que justifiquen lo que sucede pues esto ya está
decidido, por la Historia o por el director, pero sobretodo ya
está advertido.
Winterbottom se dedica a pasearnos como espectadores por un ambiente de
sensaciones a menudo tóxicas, como casi todo lo interesante que
se puede consumir, pero que resultan saludables, al menos, para
espíritus desencantados.
Lo que el director refleja, además de un momento preciso de la
historia de Manchester es esa sensación que se produce cuando
tienes 4 amigos y nada más en el mundo y con ellos planeas
destruirlo todo, decirle a los demás lo mierda que son y
entonces decides formar la banda más oscura de metal adolescente
local o un grupo de anarco punk o una pandilla de
skates u simplemente un grupo de amigos que ponen música en un
teatro al aire libre para demostrar las conexiones entre la danza del
sable de Kacahaturian y el hard core contemporáneo. Lo mismo
deben sentir aquellos que se reúnen y ponen películas
para que otros las vean y además escriben sobre ellas, duermen
con ellas y viven con ellas.
En todos los casos es lo mismo, miles de almas antes que la tuya han
intentado cosas parecidas y a veces con mucho talento, pero no eso lo
que tú quieres, que es lo que realmente hace falta. La
sensación es la misma y uno se puede sentir tan mierda o tan
gigante en Manchester como en La Ceja. Sólo es cuestión
de matices. Pero el vértigo es el mismo,
eso es lo importante, por lo menos si uno anhela algo parecido a la
justicia preadolescente. Winterbottom usa la historia de Manchester, de
la música en Manchester, que ha estado cerca de la rabia, de los
gritos y del pogo y la rumba de muchos en muchas partes, de la mano de
los pistols o de new order; como un señuelo para contarnos la
historia de lo que pasa cuando alguien es capaz de juntar sus deseos
fulminantes de destruir el mundo, o por lo menos gran parte de
él, con los anhelos igual de elementales de otros cuantos y
expresarlos de forma tal que la destrucción sea visible para
muchos otros y sobretodo que el proceso resulte en exceso divertido,
aunque peligroso, para los involucrados.
El asunto tiene que ver con la ciudad en si, con poder ver algo en esa
suma distorsionada de voces de organismos y aparatos. La ciudad es el
personaje central de la mayoría de las películas de
Winterbottom. Las imágenes nocturnas de Londres en Wonderland o
las vistas del amanecer de Manchester en 24 hour no son una figura de
escape o de cambio de
contexto, las imágenes de edificios centelleando a lo lejos, las
imágenes digitalmente desenfocadas de las avenidas, son fines de
la película en si misma, son tomas completas que hablan de una
gama de sentimientos asociados a eso, a la distancia de las luces y el
cemento. La ciudad de Winterbottom es una sola y es la ciudad de la
soledad. La ciudad vista así es espantosa pero real. Estas
imágenes solitarias de la ciudad y su tiempo mudo son las que
más identificación generan en cierta parte del
público, sobre todo de los que no ríen fácilmente
(en el cine).
El personaje se burla de todo esto un poco y pregunta a quienes lo
acusan "es que no conoces la diferencia entre significante y
significado..., no has oído hablar de la posmodernidad..., no
entiendes, todo esto es una gran ironía" Los personajes de
Winterbottom son corrosivamente inteligentes, destruyen con
ironías las mentiras y la falsa moral de su tiempo. 24 hour
podría ser entonces un falso musi-documental urbano
irónico cómico radical. La técnica de Winterbottom
consiste en crear un personaje lo suficientemente disparatado que lo
permita todo: apariciones repentinas de dios o algunos de sus enviados
en ovnis callejeros. Todo vale, todo puede ser parte de un documental
sobre la guerra ideológica de la una época en trance,
sólo basta que haya alguna realidad que lo sustente y esa
realidad puede ser el exceso de sus personajes apoyado por el execeso
del propio director. Todo vale, la basura de la cultura de cada
época es el mejor material para construir tu propia
expresión. El exceso como redención de la personalidad y
, de paso, del cine.
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