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De Fem benspænd |
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| Cinco Condiciones. | |||||
| Jørgen Leth, Lars von Trier. Dinamarca / Bélgica/ Suiza/ Francia. 2003. 90 min. | |||||
Por: Mauricio Alvarez |
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De la (auto)flagelación en el cine “Cuando vas hasta el límite también pagas el precio de alcanzar el punto donde el miedo se convierte en locura”Jørgen Leth De Fem Bespænd puede inscribirse a la vez en el contexto del cine que reflexiona sobre sí mismo: sobre sus métodos, lenguaje y limitaciones y el del cine de lo real. Es una reflexión, comandada por Lars von Trier y Jørgen Leth como protagonistas, que hacen el papel de su propia vida en donde establecen un diálogo sobre la creación en el cine. De Lars von Trier, si bien no se le conocía como actor de sus propias películas, se sabe mucho de sus intenciones y propósitos en el cine contemporáneo. La mayoría de sus películas se han realizado bajo la presión de normas autoinpuestas. Idioterne y Dogville son ejemplos que sirven de paradigma. El director se autoimpone unas reglas y la película se tiene que desarrollar dentro del espacio restringido que ellas definen. Las reglas, según hemos visto, van desde la estructuración lineal del relato a la eliminación de la serialización de las acciones en el tiempo y su paralelización en el espacio. Se trata entonces de coartar la libertad inicial de la creación para que en un marco reducido de movimiento la creación encuentre una expresión más propia. En De Fem Bespænd, Lars von Trier reconoce que fue Jørgen Leth quien introdujo este sistema de definir unas reglas de juego en su técnica de cine. El propio von Trier se refiere a estas limitaciones como una autoflagelación. Lars von Trier se autolimita, se hace daño, se golpea y se restringe a sí mismo porque cree que sólo de esa manera su cine podrá ser verdadero. El riesgo es terminar limitándose a sí mismo y no llegar al cine verdadero. Cada uno sacará las conclusiones que quiera sobre las películas de Lars von Trier, pero lo que sí se puede afirmar es que con su juego de autolimitaciones ha cuestionado ciertas ortodoxias en la creación cinematográfica contemporánea y ha abierto nuevos caminos en la creación y el lenguaje. En De Fem Bespænd Lars von Trier plantea nuevamente su discurso de la limitación, sólo que en este caso no se trata de la conocida autoflagelación sino que ahora impone las limitaciones a otro. Y no a cualquier otro, sino precisamente a aquél que le enseñó eso de definir unas reglas de juego en la creación de una película. Además estos condicionamientos se oponen ahora sobre una obra terminada Der perfekte menneske (El hombre perfecto). Parece que el objetivo de Lars von Trier, mediante la imposición de reglas artificiales en la recreación de una película, es obligar a Jørgen Leth a violar sus propias reglas y de esta manera dejarlo en evidencia como realizador y como ser humano. El alumno tras la caza del maestro. A Jørgen Leth le conocemos poco, pero basta con apreciar Der perfekte menneske para darse cuenta que se trata de un cineasta de una lucidez formal impresionante y de una reveladora capacidad de reflexión interior mediante el cine. En Der perfekte menneske asistimos a la representación de una alucinada vida cotidiana de lo que es un ser humano perfecto. Cómo se viste, cómo come, cuáles son sus preocupaciones. El hombre y la mujer perfectos presentados como un paradigma delirante y ambientados sobre el vacío de la nada de un blanco infinito. Es sobre esta película que Lars von Trier quiere intervenir, quizá porque es donde Jørgen Leth refleja con maestría el resultado de aplicar unas estrictas reglas de juego al desarrollo de una idea cinematográfica. Quiere Lars von Trier imponer nuevas reglas sobre esta película hasta que Jørgen Leth no pueda cumplirlas y acabe traicionándose a sí mismo. Las diferentes condiciones que impone Lars von Trier a Jørgen Leth delatan de algún modo la intención del primero de conocer qué tanto de azar y qué tanto de control absoluto hay en la creación del segundo. Lars von Trier parece interesado en lo que José Luis Guerín llama la política de la realidad y que consiste en el papel consciente que el creador asigna al control y al azar en relación con la aleatoriedad de la realidad. Los condicionamientos de von Trier reducen el espacio del azar en la creación de Jørgen Leth tendiendo a estropear, disminuyéndolo, el espacio libre donde éste se puede mover. Pero Jørgen Leth es un viejo lobo del cine y un creador impresionante por lo que consigue, de muchas maneras, cumplir con los condicionamientos de von Trier sin traicionar su forma de hacer cine y sin estropear ninguna de sus películas. El secreto puede estar en su creencia firme en la espera. Según él, el simple control no es interesante. “Aunque prepares una escena o un plano siempre habrá algo que escapa de tu control. Me encanta que haya descontrol. Aunque desatienda las reglas de Lars von Trier [he de] buscar una solución que satisfaga.” Si bien toda esta empresa puede parecer demasiado pretenciosa de parte de Lars von Trier, hay que reconocer que los condicionamientos que impone a Jørgen Leth son bastante astutos y que de alguna forma ponen al último en una situación límite. Quizá la más significativa de todas las condiciones es aquella que impone como castigo a Leth por no haber cumplido a cabalidad la condición inmediatamente anterior y que consiste en darle toda la libertad de creación. El castigo en el juego de las reglas es quitar las reglas. Pero es allí donde Leth le demuestra toda su capacidad creativa y ese nuevo ser humano perfecto ambientado en Bruselas en el siglo XXI, es una recreación potentísima y dura de aquel ser humano perfecto de los 60s. Hay un lugar donde Lars von Trier no puede llegar y es esa zona interior desde la que Jørgen Leth construye el discurso sobre el hombre perfecto. Hay en él una especie de visión de lo que cada uno y la sociedad en su conjunto llaman un hombre perfecto y esto está tan claro en la mente de Jørgen Leth que parece que ninguna obstrucción puede anteponerse entre esta idea y su realización cinematográfica. Para Jørgen Leth “el ser humano perfecto es solo algo que nos decimos esperando que pueda hacer lo que decimos que puede.” Y eso parece que es posible representarlo aún bajo los condicionamientos más severos y absurdos Quería Lars von Trier encontrar al Jørgen Leth que se esconde detrás de Der perfekte menneske, que según él aparecería bajos sus condicionamientos como el actor que “actúa de una forma que odia pero que para mi es genial porque es maquinal.” Pero Jørgen Leth no le dio la posibilidad de verlo realizando de tal forma, aún haciendo una película de animación, las cuales detesta, o con restricciones formales destructivas; Jørgen Leth siempre encontró la forma de hacer una película que fuera valiosa para él y para nosotros como espectadores. Al final el único que acaba revelándose a sí mismo y quedando en evidencia como realizador, es Lars von Trier, su método, sus fuentes, sus miedos, todo eso aparece en las limitaciones que le pone a Jørgen Leth y en su respuesta ante las películas que Leth le presenta. Sin embargo, hay que reconocer, que Lars von Trier es una persona muy hábil y capaz de reconocer lo que sucede a su alrededor. Por eso al final, cuando nos hemos dado cuenta que es él quien ha quedado en evidencia, no sólo ante Jørgen Leth sino ante todos nosotros, pone una última condición, en donde, según él, intentará sacar algo pedagógico de todo esto. Allí obliga a Jørgen a leer un texto que es una carta escrita por von Trier en la primera persona de Jørgen Leth dirigida a Lars von Trier. En un juego impresionante de cambio de indentidades Lars von Trier se vale de la voz de Jørgen Leth pare reconocer lo que todos hemos visto en la película. Esta última condición es la única en la que Leth queda aislado de su capacidad creativa, pero es precisamente porque von Trier le ha quitado toda posibilidad al azar y ha tomado él el control absoluto. Información adicional |
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