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Downtown 81

New York Beat Movie
  Edo Bertoglio. USA. 1981. 75 min.


Por: Wilson Montoya.

 

Un lugar para el arte sin lugar.

Estados Unidos-New York-Manhattan-Downtown -comienzos de los 80’s, lugar y tiempo preciso para retratar lo que el mundo post-punk estaba fraguando: fusiones musicales, jazz, reggae, primeros acordes hip-hop, arte callejero y mucho crack; Los Outsiders se abrían lugar en la gran manzana, por eso la figura de Jean-Michel Basquiat es la ideal para ser el hilo conductor de está película, él, el más outsider de todos los artistas, deambula por las calles neoyorquinas, con el arte en los bolsillos, con todos los muros a su disposición para marcar su terreno con su poesía en aerosol. SAMO® es la marca registrada del arte hambriento, arte callejero, arte que se convirtió en Arte gracias al impulso de lideres esnobistas como Andy Warhol y Glenn O´Brien, este último responsable de la idea y guión de Downtown 81 y figura importante en el desarrollo de la carrera de Basquiat, O´Brien era algo así como el Tony Wilson de New York, punkero por antonomasia con acceso a los medios de comunicación para hacer de las suyas.

Hablar de Basquiat es hablar de la idea de que arte no es lo que se cuelga en los museos, sino que es lo que hace el artista, aunque necesariamente para que este arte se convierta en Arte debe ser asimilado, institucionalizado y por supuesto comercializado por los sumos sacerdotes de la institución Arte. Los dueños absolutos de la verdad: Galeristas y Críticos (algo críticos a mi parecer) son los que dictaminan qué es y qué no es, qué dejó de ser y qué será; Esto precisamente es lo que le pasó a Basquiat; su arte deambulante, sin lugar, pasó a convertirse en la nueva tendencia del momento, como si de moda habláramos, aunque para el momento ya se habían fusionado arte y fashion.

El asunto, por supuesto, viene de más atrás, desde que a Marcel Duchamp, cuatro décadas antes, se le metió en la cabeza desacralizar el arte, dicho acto subversivo (para el momento) fue por supuesto asimilado e institucionalizado; Pero fue Warhol el que le dio ese toque chic de banalización con el que el arte continúa hasta ahora, banalización glamourizada a la cual los esnobistas adoran fervientemente.

Por eso, es irónico ver la secuencia de Basquiat paseándose frente el Salomon Guggenheim.

Después de ser dado de alta del hospital.

Pero Downtown 81 no es una película sobre Basquiat, es más bien una polaroid que retrata un colectivo, Basquiat es simplemente nuestro guía por la ciudad, él la conoce, la recorre, la pinta y la inhala. New York es su estudio, allí todo el mundo lo saluda (o le cobra) y él, con su mirada de niño bueno, les contesta.

El cine se ha ocupado numerosas veces de la vida de los artistas, formando una especie de subgénero en donde las vidas tormentosas y desenfrenadas de estos personajes (y es ya un cliché) son argumento perfecto para un guión bastante dramático; artistas como Pollock (otro outsider domesticado), Bacón, Kahlo, Lautrec, y sobre todo Van Gogh fueron y son base de dramones biográficos que se muestran en los cursos de Historia del Arte, convirtiéndose luego en preocupación para los aspirantes a artistas pues si no llevan una vida desenfrenada, tormentosa, trágica, si no consumes drogas alguna, ni experimentas sexo dentro de tu género tienes pocas posibilidades de trascender en este mundo fascinante del arte.

De Basquiat en el cine se conoce sobre todo la película de Schnabel (Basquiat, 1996). Él, que también es artista, plasma un Basquiat más sórdido y angustiado, devastado por la adicción y sumido en la indigencia, apadrinado por Warhol (David Bowie) y sus secuaces. Por el contrario Downtown 81 nos muestra un Basquiat más fresco, que aunque no posee bien alguno, se conforma con su lata de aerosol, para él la vida no pasa, él la recorre todos los días, ésta se hace más llevadera con las descargas musicales de los Coconuts, con Kid Cróele a la cabeza (los cuales interpretan una canción, Palabras con Ritmo, escrita por el propio Basquiat), Art Lindsay y los DNA, The Plastics, Walter Steding, Tuxedomoon y James White and the Blacks, los conciertos de estos personajes hacen que Downtown 81 no sea una película sino un documento que da cuenta de uno de los lugares y momentos (al igual que Manchester), en donde se gestaban los últimos vestigios de verdadera creatividad, ingenio y frescura, tanto en el arte como en la música, todos sabemos que después de los primeros 80´s es muy poco lo que valdría la pena resaltar en estas áreas, sobre todo en el arte; sobre la literatura, el teatro y el cine... francamente no sé.

Información adicional

Filmografía de Edo Bertoglio en imdb.com