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"Esta película cumple con todas las normas prescritas en el
manifiesto de Dogma 95", dice un cartel que aparece al inicio de esta
profunda y compleja película. Tal afirmación
podría pasar por simple excentricidad o adorno si no se tratase
de una de las propuestas estéticas
más importantes sobre el filme; tanto que el director
decidió presentarla al comienzo en una especie de declaratoria
de principios cinematográficos que insinúan al espectador
que lo que tiene ante sus sentidos no es una película
más, aunque lo sea, sino que se trata de una visión
particular del acto creador de la narración
cinematográfica.
Esta visión particular del cine, sus contenidos, formas y
procesos: expresadas en las 10 reglas del llamado manifiesto de Dogma
95 es el resultado del desencanto de los directores Thomas Vintenberg
(Copenhague 1969) y Lars Von Trier (1956) entre otros, con las formas,
contenidos y procesos con los que se ha venido desarrollando el cine
desde hace algunos años. Y en particular, su
crítica máxima apunta a la mediatización del cine
contemporáneo en su matrimonio funesto con los mercaderes del
capitalismo internacional, quienes han hecho del séptimo arte,
no sólo un fenómeno masivo y superfluo, sino
además costoso y conducido cada vez más por las manos de
productores, publicistas, creadores de efectos especiales, gerentes de
ventas y vendedores de encuestas de rating. Este es el punto donde
Vinterbeg y Von Trier proponen una vuelta de hoja sobre la naturaleza
del cine al reclamar para el director el papel de autor, de guía
de la obra y al eludir complejos y costosos medios de producción
que impliquen tener que jugar con el fuego de los intereses de las
grandes industrias. No queda duda que esta nueva pero a la vez
antigua manera de hacer cine va a renovar, y lo esta haciendo, el
panorama del cine europeo y mundial, trayendo de nuevo al banquillo la
vieja discusión sobre la relación entre arte, industria y
técnica en el cine. En un ambiente global donde las
propuestas consistentes aparecen amilanadas por la nube de pifias
audiovisuales de carácter estrictamente comercial, la
herejía de Vintenbger y sus copartidarios, que aunque ya empieza
a ser destrozada en muchas reseñas críticas, aparece como
un aire de renovación, de experimentación profunda y de
elaboración esmerada de la relación entre obra, autor y
público.
Festen como parte de este atrevimiento estético, con
certificación de "dogmas" incluida, es una película
fuerte y compleja. Filmada en la primera persona de una
cámara voraz que consume rostros, caminos y espacios, siempre en
la mano, como cualquiera de las de video. Libre de
trípodes vaga libremente por los intrincados movimientos de una
tradicional celebración familiar danesa. Atada a ella
está el micrófono abierto que registra una a una las
expresiones de los singulares miembros de la familia, que van dejando
atrás, a medida que avanza la noche, su imagen de familia
perfecta para llegar al clímax de horror y aflicción
afectivos de una madrugada llena de voces del pasado que asechan y
destruyen conciencias, reputaciones, familias y vidas enteras.
En Festen son tan importantes la historia como la forma de contarla, el
dramatismo de las situaciones de esta particular celebración
familiar, está en los hechos mismos que se cuentan, no en el
efecticismo de imágenes o sonidos. La "crudeza" de la
técnica: movimientos rápidos de una cámara en mano
y sonidos libres del ambiente al aire, dan a la película un aire
sórdido y profundo y resaltan más la situación de
los actores y la intención del director.
Para el espectador sensible, una película como ésta no
podrá pasar desapercibida, ya que afectará sus
sentimientos vaciando una carga de humor negro, amargura y ternura
insospechadas. Sólo un conocedor profundo de la
creación cinematográfica podría unir tantos
elementos artísticos en una sola obra y eliminar tantos recursos
técnicos sin destruir la técnica misma. Es
allí donde está la genialidad de Dogma y de
Vintenberg. Como corriente aventurada ésta tiene el riesgo
de dejar de ser propuesta renovadora para convertirse en norma mal
imitada. Mientras tanto sobre nuestros ojos se descarga la
inteligencia creadora y sobre nuestro intelecto aparece un nuevo e
interesante debate.
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