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Gangster No. 1 Paul McGuigan. Inglaterra/Alemania/Irlanda. 2000. 103 min. |
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Gangster No. 1. "El desahogo". |
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Porr: Diego Armando López (Silencio Canudo Cine Club La Ceja) |
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Gracias a Thomas de Quincey y a poco cine, otrora lecturas de bolsillo. "Muchas de las cosas que suceden aquí pasan en la realidad, por lo menos en la mente de algunos individuos"
Estaba solo. Lo llamo Alex. Aferraba sus manos a los profundos bolsillos de su jean roto. Era la noche, escuálida como su figura, él la paseaba con los ojos vidriosos recordando vagamente una oda a la alegría de un compositor clásico alemán. Alex hubiese querido silbarla, no obstante su lengua y su oído no coordinaban. Dos cuadras hacia arriba y estoy en casa, pensaba,l al punto que se imaginaba sentado en su sofá-cama viendo la televisión. Enfrente de su casa. Liberó sus manos estirándolas y meditó sobre el nuevo umbral que visitaría, más oscuro que la noche, no, pero sí más pequeño. Al instante se le antojó darle la espalda a la puerta porque la calle aún vestía su frío, cómodo para su sofoco nocturno. Sin más, movimientos bruscos, llave, dedos, cerradura, golpes, suspiro, chaqueta, se sentó y encendió el televisor: rayos catódicos disparando cine, o rabia por un malchico, un gángster que no le debía nada a nadie, ni a su madre, ni a sus congéneres, aquellos de lujosos trajes y sombreros, famosos en la norteamérica de la edad de oro hollywoodense. El telefilm:
No era Orange clock-work, señores. "Alex: Me vi la naranja mecánica. Nicolás: ¿Sí? Más chimba el libro". Gangster No. 1 no era pues un viaje por el futuro acerca de un mundo de ciudades en decadencia, de adolescentes asesinos y tecnologías de castigo y crimen; pero es cierto que Gang, de cariño, nuestro héroe, como Alex, otro héroe, pelea, castiga y mata con una alegría inconsciente, como un fuerte. Había entonces a-gó-gó y disco, colores, trajes limpios, corbatas, zapatillas relucientes, poses de gángsters juveniles, rabia, chicas dulces sin futuro económico, estrellas, balas, insultos, little piece($) of shit. ¿Quién no hubiese deseado actuar allí compartiendo este pasto de delirio: matar con estilo, sin titubear? En situaciones preconcebidas se disfruta por ello. Menester es destripar, ir por partes con el fin de sublimar la existencia porque se anhela el desahogo, aquel profundo grito del desasosiego; y proseguir soliloquiando como en algún relato de Becket para descubrir el karma, desde el lenguaje, aún si no tienes ni la más remota idea de lo que haces: "sólo hechos", parece decirnos el karma a los que tenemos pocas palabras.
El desahogo: Diría un cristiano, de los que escribieron, Lactancio –sustantivo de tiempos inmemoriales ¿no?: "...si sólo por hallarse presente en un asesinato se adquiere la calidad de cómplice, si basta ser espectador para combatir la culpa de quien perpetra el crimen, resulta innegable que, en los crímenes del anfiteatro, la mano que descarga el golpe mortal no está más empapada de sangre que la de quien contempla el espectáculo, ni tampoco está exento de la sangre quien permite que se derrame, y quien aplaude el asesino y para él solicita premios, participa en el asesinato"; diría yo, por cierto, si no estoy delirando luego de ver una simple película, por demás inadvertida, clandestina o desconocida, y aceptando las palabras de Lactancio: hay que matar. Aunque la cuestión del asesinato aquí no la concibo como obra de arte externa al sujeto -a lo Thomas de Quincey, ante todo, no como excéntricos psicópatas-, sino como experiencia estética, al interior del sujeto. Matar para sí mismo. Una forma de liberar el propio miedo-apego a la muerte de los demás, pues pocos quieren estar solos en vida. Matemos aunque sea cucarachas o zancudos o moscas o algo más grande: ideas. Bienvenido el asesino, bienvenido Gangster 55 (omnipotencia) como héroe perdedor o perdido (absurdo).
Verdad o consecuencia Termino con el viejo Quincey -un poco de humor negro es lo que le entiendo: "Por lo general, señores, el mundo es muy sanguinario y todo lo que se exige del asesinato es una copiosa efusión de sangre; el despliegue ostentoso a este respecto basta para saisfacer a la mayoría. El conocedor advertido tiene gustos más refinados y nuestro arte, como todas las demás artes bien asimiladas, humaniza el corazón; tan cierto es que:
“Ingenuas didicisse fideliter artes Emollit mores, nec sinit esse feros” |
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| magazine online pulp movies04. fotografías: claudiajaramillo. diseño pulpmovies. 2004. medellínbarcelonamadrid | ||||||