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Hamlet goes business. Aki Kaurismaki. Finlandia. 1987. 86 min. |
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Hamlet no quiere vender patitos de hule |
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| Por: Mauricio Alvarez | ||||||
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"Hay más cosas en cielo y tierra Horacio que las que sueña
tu filosofía." Hamlet goes business es una personalísima adaptación del popular y quizá poco leído Hamlet, príncipe de Dinamarca, realizada por Aki Kaurismaki. Según Aki, Hamlet vive en Helsinki y es hijo de un poderoso industrial Finlandés quien le deja todo su "reino" en herencia al ser asesinado por su tío quien quiere apoderarse de la gran empresa. Ahora el príncipe tendrá que administrar un gran conglomerado industrial y vengar la muerte de su padre. Hasta aquí la historia parece fiel, y lo seguirá siendo, al relato original del señor Shakespeare. Pero Aki, con un control muy inteligente del texto y una explosiva carga visual, nos ofrece sus aportes personales a la, parecer no terminada, historia del joven Hamlet. En primer lugar, Aki juega con el tiempo del espectador. Un blanco y
negro opaco, sumado a la imponente arquitectura del "nuevo reino"
de la familia real, nos llevan a un Helsinki perdido en el siglo XVIII,
pero los estridentes sonidos de la guitarra eléctrica de Melrose
interpretando Rich Little Bitch, nos devuelven al sucio y conocido siglo
XX. La sensación es de desorientación. Parece sugerir el
director que sólo algunas cosas cambian, que el siglo XX es un
siglo XVIII con guitarras eléctricas, que las monarquías
no han terminado y que ahora son multinacionales, que es lo mismo declararle
la guerra a Dinamarca que vender patitos de hule. Aki avisa que está
jugando. Jugando con el tiempo, con el color (que no existe), con nosotros,
con Shakespeare. En suma Aki juega con fuego. Pero el hermanito menor de la familia Kaurismaki sabe jugar, ya lo hemos visto. ¿Lo han visto? En La vie de Boheme, Baudelaire, un perro callejero parisino bajo un blanco y negro perdido en el tiempo, y, otra vez, confusiones de hasta 200 años. Kaurismaki ríe, pero todavía falta. Hay algo extraño en los textos de Hamlet goes business. Los personajes mantienen una solemnidad casi teatral, pero el texto es absurdo. Voy al texto de Hamlet, acto primero, dice: "Nunca pidas nada prestado y nunca prestes, que si prestas, préstamo y amigo quizás pierdas. Laertes a Polonio". Vuelo atrás en la película: Laertes, ahora convertido en industrial y con grandes deseos de invertir toda la empresa de la familia del príncipe en el negocio de los patitos de hule, dice a su hijo antes de viajar: "Nunca pidas nada prestado y nunca prestes... pero si prestas, demórate en pagar, porque cabe la posibilidad de que se muera tu prestamista." Sutil pero efectivo. Aki Kaurismaki nunca ha sido solemne. Lo confirman algunas de sus declaraciones que flotan en el mar de La Red: "En el fondo soy profundamente religioso. Creo en el perdón y en San Pedro. Dios está muerto y Jesús era un junkie. El único que habita en el cielo es San Pedro y él tiene las llaves. Es lo único que cuenta". En el fondo Kaurismaki no cree en nada definitivo y lo único que
cuenta es que se burla con gran inteligencia de ello. Pero Hamlet goes business no termina con los cambios en el texto, ni con el nuevo perfil de díscolo hombre de negocios del príncipe, sino que nos propone un nuevo desenlace: la historia no contada de Hamlet, lo que no quiso oír ni el propio Shakespeare. Los resultados de una nueva investigación aportan pruebas contundentes contra el propio Hamlet, una cadena de envenenamientos, asesinatos y suicidios baña con sangre, ironía y humor negro a la familia más poderosa de Helsinki. La realeza no ha cambiado, sigue siendo baja cuando de poder se trata. Aki Kaurismaki, el legendario (de mis leyendas cinematográficas personales, aclaro), autor de lo mínimo y lo absurdo, rescata al cine de las grandes producciones en serie, de la pompa y el bullicio y nos ofrece lo que en sus propias palabras es la obra de un artesano. Cine de un enamorado del cine y de un solitario. Piensa él que no está solo. Somos nosotros sus compañeros de una aventura peligrosa y emocionante: ver y hacer cine. "Yo no soy un caballero solitario, soy un lobo cansado. Y en tanto
que cineasta solitario me enfrento sobre todo conmigo mismo y mis propios
límites, pero por otro lado, sé que no estoy solo, que hay
otros partisanos". Reseña de Drifting Clouds, por Paula Montoya y Alexandra Chaverra |
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| magazine online pulp movies04. fotografías: claudiajaramillo. diseño pulpmovies. 2004. medellínbarcelonamadrid | ||||||