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Un año después de Time Code, pero no distribuida con el mismo entusiasmo: Hotel.
De nuevo un director de cine. Esta vez, uno irrisoriamente Dogma. De
nuevo un espacio: La pantalla. Cuadros alternándose,
improvisaciones alternándose, expuestos en la pantalla. Ese
espacio que ya no tan pocos suelen dividir. El espectador enfrentando
ese multinivel dramático, sarcástico, erótico y
ante todo cómico. Tanto como estar a cuatro cámaras,
siendo pillado robando desodorantes en un supermercado. Ningún
espectador es tan inocente como parece. La lógica
de capturar evidencia de las cámaras de seguridad, es en este
caso, un experimento de sincretismo audiovisual. Cine y
tecnología digital, Figgis y cia. a cuatro cámaras DV PD
100, dosPD 150's y una, DSR 500 Night Vision, tratando de sacar el
mejor registro a punta de imágenes manchadas, planos cortos,
trucos de edición, lo más portátil posible. Lo
único que hay aquí en sentido clásico son las
personas, pues los actores tienen que desaprender a dar la cara a los
lentes que los persiguen, ya no con el ritmo acuciante de Time Code,
sino con mucho sentido del humor. En este caso la alineación de
las partes no es tan importante, nada va a explotar, todo está
bajo control. O esa por lo menos parece ser una premisa. Sensu stricto Tomárselo
con humor y sin erudición.Ejercitar el ojo, la mente, los
músculos en equipo y sin la presión del presupuesto. Pero
hay que construir por lo menos una adaptación para fijar un
punto –de encuentro entre el equipo, en el Hotel - y poder
circular tras bambalinas con todos los trucos que nos den las DV-CAM.
Mucho mejor si cada actor se hace cargo de sus líneas y su
registro en mini-disc. Entretanto, en el salón de al lado,
alguien puede retirar con los pezones la nata de la leche y todo lo que
no sirva. O simplemente, dejar que tu esposa improvise con sus rasgos
melancólicos una puesta en escena neo-jacobina (sin decorados)
de una duquesa bastante caliente y mal hablada. Podemos invitar a algunos amigos del starsystem
con la excusa de grabar en Venecia, y si la cosa sale mal, pagaremos a
los que sobrevivan sus gastos de Hotel o los omitiremos de los
créditos. Aniquilaremos provisionalmente al protagonista, lo
pondremos a robar pantalla, y llenaremos el resto con siluetas barridas
y disolvencias. Sin pagar extras. No te preocupes si hay
lagunas en el guión. Mejor aún, si no hay guión,
nos evitamos las lagunas (Lo más lineal y coherente que se me
ocurre ahora mismo, es un poema erótico). En cuanto a la forma,
puedes burlarte de un Dogma que te ha usurpado lo que hacías sin
manifiestos. La venganza es un capricho siempre vigente. Puede
que todo esto no dé como resultado lo que se denomina una
película, o por lo menos no una “correcta”. Cuando
menos hagámosla pletórica, si se me permite este abuso
estético. Quizá todo esto moleste mucho a
los críticos y encante a algunos incautos espectadores.
Probablemente…Siempre es bueno ver partes humanas en la mesa,
resucitar esa vieja esperanza de degustarnos más de cerca,
aunque el filete sea magro para evitar altas en el colesterol. De todos
modos, no descartes los huéspedes adiposos de la despensa en
caso de escasez. Y deja ya de devanarte los sesos atando
cabos. Más bien, sírvelos como entrada en la cena de
bienvenida a este Hotel
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