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Estética Pulp
el Príncipe está en Roma, la espera, a ella. Es su
cumpleaños. Pero nunca llega. Dicen por ahí que se
quedó enredada en Londres. No se sabe (mejor así).
Entonces deciden, y decide, que lo mejor es internarse. Limpiar el
cuerpo. Un tiempo encerrado es bien, imagino que imagina. Pero no
soporta el silencio y decide volver a casa. A Seattle. En el camino
devora todo lo que encuentra. Cuando llega hay una nota sobre la mesa
del comedor:
Hi, honey:
Frances & me will stay in *****(ilegible). At the little night
table your birthday present.
Kisses.
Courtney.
Se toma su tiempo. Mira el reloj de pared que hay en la sala y piensa.
No sabe que hacer. Luego camina hasta el invernadero
Kurt & Courtney
Es puro azar
/de nuevo/
Kurt & Me
así está mejor. Más claro. Un hombre, una
cámara, un auto. Todo pagado por la bbc. Y América. Nada
más Una obsesión. Kurt & Courtney (Kurt &
Me, de todo mi gusto). Road movie. Los acontecimientos que se
suceden... lo siento, Jorge. No puedo. Intentar escribir en un tono
objetivo me resulta imposible. Además es de él de quien
estamos hablando. Esa obsesión. Puro amor
Break aclaratorio a petición de Jorge (al otro
día)
antes, incluso antes de ver la película, vicios. Preconceptos.
Escucho mucho. Mucha música. Creo que es lo mejor. Hasta adopto
cierta actitud. Adolescente. Pero no sabía. Nunca. Comienzo el
film y me doy cuenta de eso. Y no me sorprendo. Lo acepto como un
condicionante lógico. Único. ¿Qué
más podría esperar? Y sobre todo eso. ¿Esperar?
¿Por qué? ¿De quién? ¿De él
(El Príncipe)? Sí. Inevitable. Pero cero música y
eso es fascinante. Nada sobre él. Nada que yo no sepa. Nada
nuevo. Una película sobre M. M. sin la escena esa del vestidito
y la salida de aire. Jorge dice siempre (alguna vez que supongo
siempre): Sobre todo no. Eso. Kurt & Courtney sobre todo
no. No Courtney. No Kurt. Únicamente Kurt & Me, digo. Sobre
todo él. El del micrófono. El conductor que busca. No,
que conduce. Recorrido inútil en su esencia. No. Ningún
recorrido es inútil, por inútil que sea. El recorrido es
en sí mismo. Eso, eso es. Luego de los vicios, y de la
música, y de los preconceptos, y de todo, está la
película. Nada más
Estética I think of you all the time
hello, hello, hello, how low? Ya no hay tal. Sólo un
chiste de ensayo. Le dice, él, a Novaselic.
Así está bien? ¿sí? ¿más?
¿cuánto más? Luego echan a
reír. Sí, así está bien.
Sólo un poco más le termina diciendo. Aquí
en mi cuarto a mil años de distancia (mil es una buena cantidad,
es la cantidad, considerable). Mi cuarto, a mil años de
distancia. Ya no soy un adolescente. Pero escucharlos es
eso. Ser adolescente de nuevo. No. Sólo la
sensación que permite. Eso, estar así.
Sencillo. Todo es culpa de Jorge. Jorge no sabe lo que
hace. Ahora tal vez quiera guitarras distorsionadas y todo
eso. Traicionar debido a las circunstancias. Este modo de
vida. Tan austero. Y agradezco los espacios de silencio
entre track y track. Sin asombrarme. No es que no soporte
el ruido. Me gusta. No es eso. Sólo que, no
sé. El silencio. Eso, el silencio.
Después. Ahora es imperativo. Total que la marca (sello,
grabado, seña) está. Indeleble. Pero ya no.
No ruido, no sonido. Nada. Ni siquiera leve. El del
computador, a veces tan molesto. Pero inevitable. Se
siente. El ritmo imperativo. Imponente.
Sostenido. Sosteniéndolo todo
bien, tal vez no sea ruido lo que quiera. Tal vez no. Sí. Lo que
quiero es silencio. Alguien (Mauricio) dice que Kurt & Courtney
podría haber sido cualquier otra cosa, otras personas, otros
lugares. Pero no. Ahora sí. Puro silencio. Afuera hace
frío. Solamente se escuchan algunos carros pasar. Algunas voces,
pero suave. Lejos. Hay una niña acostada en mi cama, de
espaldas. Lee algo, no importa. Ella. Tal vez no es el momento. Pero
bien: la imagen de la imagen. Muchas veces en el documental. Primero
desde el asiento delantero la imagen duplicada. El marco del parabrisas
y la calle que se deja recorrer. Un auto y América. Tal vez el
sueño de una generación. Imposible saberlo. Al menos para
mí. Pero atrae. La forma. El recorrido. Segundo la última
imagen. No. La penúltima. Así, zoom digital sobre el
rostro. Nada más hermoso y claro para mí. Nada más
patético (perfecto final para una película de amor). El
Príncipe, él. Eso. La imagen en la pantalla. Pura
virtualidad. Imagen reciclada por los canales locales. Entonces eso de
El Príncipe no es tal. Bueno, sí lo es. Pero en la
esencia pura. Pura virtualidad. Desde el principio. Nada que objetar.
Objetarle. Pero hablar, decir algo de él, estúpido. Del
film, también. Una cámara. Una obsesión. Cero
pretensiones. Ninguna esperanza. Ninguna historia que contar. Who
killed to Kurt Cobain? ¿A quien le puede interesar? A él,
al otro él del film, tampoco le importa. Sólo es la
aproximación. Alguien más lo ha hecho. Muchos más.
Libros cada tanto. Eso pasa con las estrellas. Inevitable. Pero
él, el otro, no. Eso. La obsesión. Él, el del
documental, no sabía, no lo sabía, nada sabía.
Aún. Todavía. Una estrella es una leyenda. Ahora en la
internet. Pero sólo algunos trozos sueltos. Una carta. Algunas
fotos. Dos o tres entrevistas. Datos imprecisos. ¿Acaso importa?
¿Importa? Pero el film. Eso. De eso tengo que hablar. Escribir.
Del film. Pero nada. Ninguna pregunta. Ninguna inquietud. Tal vez:
¿alguien sabe quién es? Esto ya lo he preguntado.
Él, el otro él del documental, no tiene esperanzas. Ni
siquiera intenciones. Sólo tiene una cámara al hombro y
un auto. Un auto para recorrer América. El camino que va a
ninguna parte es largo
/de nuevo/
Kurt & Courtney (Kurt & Me)
un hombre. Cualquiera. Una obsesión. Una estrella de rock. Una
cámara. Un auto. Y América. Los detalles sobran. El resto
es azar. (Casi.) Al final zoom digital sobre nada. Pura virtualidad
(así está bien). Al final la imagen del afiche. No el del
unplugged. Él niño (Principito). Y La sonrisa. Eso. Nada
más. 1967 - 1994
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