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  L'humanité  
La humanidad
 
Dirección y guión: Bruno Dumont  
   
Francia. 1999. 148 min.
Por: Diego León Ruiz.  
 
LA HUMANIDAD de Bruno Dumont
 

Es pequeña cosa, es lo lento y comprimido del tiempo. ¿Qué es la Humanidad? Una película tragicómica, como la existencia misma en la que se padece y se ofrece la vida al tiempo, nos hace soñar, recordar, alegrarnos con sus bromas o llorar con sus verdades.

Es la trama infinita de la intriga, la pregunta constante, la pasividad del suspiro, el cansancio. Vapores y estupores, insultos y desprecio. Sudor áspero de las mañanas calientes, la soledad al final de un pesado sueño. La extrañeza de las cosas, lo inexplicable.

La saliva y la lengua, el estruendo del cuerpo, la masa y el volumen, espíritu de cosa viviente. Reducida molécula muere ya, es tu mandato y tú mueres al momento de nacer. Éste es un discurso de apariencias por la tierra de las conveniencias, un mareo de crucero, pasajero vomitante. ¡Haa! Es el mar amplio que invierte los sentidos y equilibra nuestra esfera de pantano en el suave y oscuro velo del universo.

Música de selva y caballos. Sangre pulsante. Emerger a la superficie de las cosas con el sonido de un arpa, sopesarlas acompañado del pavoroso tintineo de un clavecín y finalmente ceder el alma a las pesadas notas del órgano. Es de tener cuidado cuando una película, más que generarte cierto concierto o desconcierto, te motiva reacciones orgánicas como la repugnancia o el aborrecimiento, hambre, deseo… muerte. Advertencia justa cuando el pensar es indefenso a la demanda del cuerpo.

Existen productos audiovisuales estimulantes de reacciones que van de la epilepsia a la depresión, sólo basta con mover el dedo para echarle ácido o azúcar a tu corazón. Pero todo ello sucede sin darnos cuenta, hasta que por fin llega el episodio climático provocador del infarto emotivo, la patología contenida se desarrolla. El cáncer de las imágenes es tal que tiende a hacernos olvidar el mundo en tiempo real, nos abstrae de él disipando nuestro cuerpo en una lánguida expectativa de sensaciones.

La separación del espectador, su entrega inocente a las creaciones de un cineasta, albergan una suerte de sueño o esperanza de ver aquello que creemos buscar, aquello que aún no hemos visto, eso que pueda darle a nuestra vida la comprensión del mundo. Casi con devoción enfermiza corremos entre las sombras de pensamientos ajenos en los que tratamos de perdernos, cualquier ruido o seña que nos recuerde lo existente bajo los pies, es una molestia irritante que impide nuestra fuga.

Sin embargo, a pesar del deseo mental es imposible deshacerse de La Humanidad. Es allí donde se produce un efecto de letargo, una especie de momento mental en el que, más por comodidad física, pasamos horas observando un suave desfile de gestos y cosas. Nuestra humanidad, en la sala, aprecia La Humanidad de Bruno Dumont. Es una cuestión de lógica en la que pueden formularse varias especulaciones, no obstante existe un margen delicado en el posible rodeo analítico: se trata del hecho artístico subyacente en el acto de confrontar a la humanidad en la sala de cine; pero no ese abstracto concepto que pretende englobar toda una historia evolutiva, sino aquel sencillo suceso de agrupar en un recinto a cientos de cuerpos vivientes que vegetan frente a una pantalla contemplando fantasías.

En esta película, Bruno Dumont además de contar una historia, desarrolla la acción en la figura de un protagonista y, en cierto sentido, maneja el suspense, lo cual tiene en sí un mérito formal, plantea una visión, un encuadre y composición en los que lo sugerente, alegórico, simbólico, significativo y narrativo de la imagen, tienen su punto de partida en lo corpóreo de lo humano. Es decir, las ideas del filme discurren a través de sensaciones que mediadas por sus actores llegan al jugueteo mental y a una suerte de limbo orgánico en el cuerpo del espectador.

Usualmente entretienen tu mente mientras sonsacan tu cuerpo, es decir, permitir el uso "o abuso" de nuestra corporeidad, por ejemplo, en el caso de una sala de cine (por no hablar de una factoría o de un comando) en la cual, inclusive, pagamos por ofrecernos, es común soportar un discurso de dulcificantes, extraordinarios formatos de sociedad e ideales de éxito y superioridad entre los cuales tú, mísero espectador enésimo, has pagado por un asiento. De ese mundo que ves sólo disfrutarás por el pequeño trozo que has pagado. Termina la película, si quieres más ve y trabaja o ponte a llorar, en cualquier caso cuando tengas dinero ven y disfruta nuevamente.

"Mientras vivas nosotros representaremos tus ilusiones", éste parece ser el débil eslogan de las truculentas majors que subculturizan al mundo. Entretenimiento de baratijas y pistolas de juguete, tan variado como el paño de un vendedor ambulante. La humanidad es ignorante e ingenua como para creer en quienes se dicen dueños del estrecho margen existente entre el bien y el mal, en la verdad y la justicia.

Es así como La Humanidad de Bruno Dumont, en vez de habitar esos márgenes ya rotulados a favor de sus propietarios, prefiere hacer sus planteamientos sin llegar apenas a delinear los límites valorativos. Permanece a la altura de nuestro hombro y hasta nos permite escuchar su respiración.

 
Filmografía de Bruno Dumont (imdb.com)
 

Los textos han sido realizados por el equipo de Pulp Movies.
Medellín - Barcelona - Madrid 2002 -2003