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| Wong Kar-wai. Hong Kong. Francia. 1999. 98 min. |
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| Por: Álvaro Ruiz. | |||||
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Lluvia y Tallarines en Hong Kong |
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Una lluvia desplomada sobre Hong Kong hace
que cuando camines, tus pasos se acompañen con un vapor de
asfalto. Camino y repaso el escenario de mi viaje a pie, aunque mis
pies no tocan tierra, la percepción avanza por mí.
«Cuando no hay más que decirnos habla el humo, nada el humo y rema en espiral» en el restaurant exóticos aromas
culinarios se apoderan de los sentidos? paladares que palpan los aires
y fluyen por los platos apio y soya y ajo y esencias traídas de
la gran muralla china brotan de un hervidero paradisíaco
¿Dónde están los tallarines?
« Cuando no hay más que decirnos se abren al aire vacíos que dos no pueden respirar» Allí voy de nuevo. Vers la nuit. A
little vacation in mind. Soulfull radiation. La calle toda penetrada
por un olor a eucalipto como en un turco y la lluvia, a pesar de los
pronósticos, no cesa. Escapas a la acera/enciendes un
cigarrillo/te despabilas un poco y vuelas. Extensos travellings de
estrellas reflejadas en diminutos ríos urbanos cruzan mis ojos.
La sangre es suave y es dulce y navega entre el humo, los oídos
son radares de alcances kilométricos: «el que pone
atención, entiende». Una luz se estaciona en el
tímpano y danza un vals. Allí esta. Ella.
Resguardándose del clima general y escapando de la gravedad. Sus
lágrimas se mezclan con la humedad natural del entorno.
¿En verdad, llovía o ella lloraba? Encontré su mano a eso de la
medianoche frente a un ventanal de la gran ciudad, mientras el fuego en
las vértebras hacía estragos en mi comportamiento. Me
acerqué un tanto más y un tanto más y
contemplé a través de los ojos de su mente una
súbita explosión de juegos pirotecnicos. Quedé una
pizca enceguecido pero en trance y entre en ella con dulzura, todo su
organismo olía a cereza y rosas, y todo eso fluía en mi
sin orden, como el río que se desbarajusta y pierde su rumbo. « Cuando no hay más que
decirnos me hago uno con el humo serpenteando la razón de todo
aquello decidido se estira el tiempo y me olvido me olvido como vos y
en la espera vagamos indiferentes por el espacio que dejó para
desvanecerse alargando el después una historia sin final
distante placer, de una mirada frente a otra
esfumándose...» Un taxi, que me parece haber visto en otra
película, en otra ciudad, quizá en Buenos Aires,
apareció en esta escena y nos recogió. Como en el otro
film, tomamos el asiento trasero, y ella dejo caer su cabeza sobre mi
hombro y allí reposó. El taxi avanzaba por todo Hong Kong
y la lluvia, según los pronósticos, no cesaba.
Debo decir que en mi la ebriedad es silencio.
Postdata a cargo de Wong Kar-wai: "Mi
propósito era mostrar la película de una manera
repetitiva. Repetimos la música, el ángulo de un
escenario, siempre el reloj, siempre el corredor, siempre la escalera.
Pues quería mostrar que nada cambia, excepto las emociones de
estos dos personajes" |
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