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  Mulholland drive.
Dirección, guión y música adicional: David Lynch.
 
EE.UU./Francia. 2001. 146 min.
 
Por: Jorge Serna
 
MULHOLLAND DRIVE, CARRETERA PERDIDA.
 
"I love the light. I love the feeling in the air that I sometimes catch of old Hollywood. And I love the feeling in the air of L.A., of we can do anything. It's a creative feeling in L.A. It's not stifling to me, and it's not oppressive. It's a feeling of freedom. And maybe it comes from the light. I don't know; it's something in the air." David Lynch.
 
El paisaje anda algo extraño en estos días. La flecha blanca sobre el pavimento señala una dirección para seguir. Los signos están por todas partes y algunos aseguran que han estado todo el tiempo ante nosotros, en el cielo y en las manos, en las cafeterías y en las manchas de humedad de las paredes. David Lynch entiende esto. Y Mulholland Drive parece sólo una excusa para demostrarlo. Una cartografía ilegible, sólo en apariencia. Los signos están por todas partes y todos apuntan a una sola dirección: Mulholland Drive, carretera perdida. Desde allí es posible ver Los Angeles y escuchar su denso estertor habitual: canto industrial de sirena. Ahí, abajo, la dicotomía diaria, vital, se intensifica aún más y no deja más opción: o el deseo o el terror. Por eso las noches. Noche tempestuosa, noche. Hacia abajo, siempre.
 
El deseo y el terror. Hacia abajo, el camino más cómodo. Pero luego, sin avisar, suele detenerse en seco en una revelación precisa, que abre un panorama inmenso, porque desnudo: todo en el paisaje apunta extrañamente hacia uno mismo. Se insinúa en el movimiento imperceptible de la tierra. Pura lógica de sueño. El mensaje nunca ha estado oculto (alguien, alguna vez, en un canal peruano, dijo que los sueños son como mensajes que se manda uno mismo. Lástima el lenguaje). El mensaje, entonces, es uno mismo. David Lynch, Diane, yo, cualquiera. Los limpios contraplanos se empeñan en mostrarlo, cada cierto tiempo, pero nunca hay concentración suficiente para descifrarlos. El paisaje nunca está por fuera de los ojos que lo ven. La tarea entonces es hacer conciencia de ello y no salir. Y una vez adentro se hace necesario avanzar sin vacilar. Avanzar es un decir. Una forma lineal de entender un tiempo que se repite en series de déjà-vus insaciables. Este momento que podría recuperarse luego como presente. Lógica Windows de ventanas sobre ventanas que no se anulan sino que se alimentan entre ellas. Nada tan fácil.
 
Pero yo es un pronombre peligroso. Y más aplicado con todo rigor gramatical: "sustituye al nombre o lo determina". Por eso la necesidad de otro. División refleja para protección del sujeto. El deseo por un lado, el terror por otro. Ambos recorriendo un mapa a escala cerebral de Los Angeles. "An industry town that produces fantasies and is lost in the fantasies it produces". Una ciudad tan fotografiada que de creerle a los temores primitivos ya hace rato debió de haber perdido su alma. Escenario perfecto para la fragmentación, el desdoblamiento, el maquillaje, la ilusión. No hay orquesta. Sólo resta averiguar quién demonios controla todo esto. David Lynch sólo pregunta. La pregunta circula periódicamente por el aire.
 
"I was lured back because of a really strong desire to tell a continuing story in which you go deeper and deeper into a world and you get lost in that world." David Lynch.

 
Filmografía David Lynch (imdb.com)

 

Los textos han sido realizados por el equipo de Pulp Movies.
Medellín - Barcelona - Madrid 2002 -2003