|
Lo que más me gusta es ir de compras. Todo es grandioso,
¿sabes? Tantas luces y tantos colores en las cajas de cereal,
y los carritos del súper me divierten cantidades. Un día,
por ejemplo, metí un gran pedazo de hígado crudo en
el carrito de otro comprador con cara de hippie vegetariano. No
te imaginas el escándalo que armó cuando llegó
a pagar y encontró el bistec sangrando sobre sus coliflores.
Es un juego fantástico. Lo llamo ir de shopping para otros.
Es anarquía total. Por supuesto que puede ser peligroso.
Que alguien, por ejemplo, te reconozca en la sección de detergentes
y grite, como si fuera lo peor que pudiera haberse encontrado: “¡Miren,
es John Waters!”, y un momento luego todos los compradores
quieran matarte, no es tan divertido, por supuesto.
Recuerdo cuando en los 70’s comenzaron a exhibir esas películas
para Betamax al lado de las cajas registradoras. Tú sabes:
ibas de compras con toda tu bonita familia y hacías la fila
para pagar y por casualidad elegías un par de títulos,
por decir algo: La Cenicienta y Pink Flamingos. Tú sabes:
sólo por los títulos. Ambas seductoramente rosa para
verlas en la noche con toda tu bonita familia. Pero luego llegas,
y enciendes tu brillante Betamax Sony y ves a Divine, a todo color,
por supuesto, chupándoselo a su propio hijo ¿qué
puedes hacer al respecto? Luego entonces no puedo quejarme si una
horda de compradores quiere matarme en la sección de detergentes
de un luminoso supermercado.
Pero, yo digo: yo tuve la desgracia de ver Forrest Gump, y me sentí
tanto o más ofendido que ese buen padre de familia, pero
¿con quien puedo quejarme porque permitan exhibir semejantes
porquerías?
Oh, tengo muchos proyectos. Me encanta caminar por las calles de
Baltimore para cazar ideas, pequeñas cosas que voy escuchando.
Alguna vez me crucé con una chica que me miró muy
entusiasmada y me dijo: “Acabo de matar este gusano.”
Y yo le dije: “¡Oh, tu primer asesinato!” Ella estaba
realmente excitada. De algo así yo podría hacer una
escena completa. También quisiera hacer una superproducción
protagonizada por Divine y Frances, La Mula que Habla. Y quisiera
reunir de nuevo a la Familia Manson. Tú sabes: a Charles
y a los otros. Lo mismo a los freaks que todavía se creen
Jesucristo como a los otros que ya están totalmente rehabilitados.
¿Te imaginas? Todos juntos en uno de esos lujosos salones
de banquetes de Los Angeles. Sería un documental fascinante,
objetivo, nada más que la pura realidad de lo que pasaría.
Se llamaría La Gran Matanza. Sería una película
altamente conceptual, tú sabes. También quisiera hacer
la parte final de Viernes 13, la que cerraría la saga, donde
todos los protagonistas de las partes anteriores, cada uno con su
propia motosierra brillante y su propia máscara de hockey,
resucitaran para vengarse de Jason. Sería estupendo. Las
he visto todas, cada una de las 17 partes y las detesto a todas.
Claro que siempre voy a los estrenos. Me gusta la idea de hacer
la misma película una y otra vez y que siempre vaya el mismo
público a verla una y otra vez. Realmente es una fórmula
mágica. Especialmente cuando todos salimos de la sala maldiciéndola
y diciendo: “cada vez son más patéticas”.
Pero cuando sale la próxima Viernes 13, parte 18, o algo
así: Jason regresa, ¡otra vez!, ahí estamos
todos, otra vez, el día del estreno. No pueden ser tan malas
cuando haces la misma película 17 veces y obtienes millones
de dólares en taquilla. ¡Una y otra vez!
Debe ser el mismo atractivo que tienen mis películas. Nadie
admite haberlas visto y si lo hace es como un chiste o un escándalo:
“¡no creerás lo que acabo de ver! ¡Imagina
lo que pensarían mis papás si la vieran!” Los
padres de Divine, por ejemplo, nunca vieron Pink Flamingos. ¿Quisieras
que tus padres te vieran vestido de dragqueen comiendo mierda de
perro?
Divine era sólo un niño cuando lo conocí en
Baltimore. Nada le gustaba y nunca salió de su casa hasta
que cumplió 17. Supe que era perfecto para hacer ciertos
personajes que tenía en mente. Obviamente no tenía
plata para contratar estrellas de cine así que convertí
en estrellas de cine a mis amigos. Claro que no fue fácil.
La única publicidad que hacíamos eran unas performances
muy simpáticas antes de las funciones. Alguien decía,
por ejemplo: “y ahora tenemos el gusto de presentar a la mujer
más bella del mundo”. Y entonces salía Divine
empujando un carrito de supermercado, lanzando pescados podridos
por todas partes y luego mataba a alguien disfrazado de policía
y luego otro policía entraba e intentaba arrestarlo. Eso
fue en los 60’s, por supuesto. Entonces Divine estrangulaba
al nuevo policía y todos esos hippies y junkies lunáticos
gritaban y aplaudían. Eso hacía que más gente
fuera a mirar lo que estábamos haciendo.
Por eso yo me alegro que Pink Flamingos vuelva a editarse en video
después de 30 años. Creo que cierta gente necesita
otro tipo de nostalgia, que puedan suspirar mientras la ven, tú
sabes: “ah, fue la primera vez que me golpearon en una cita
por llevarla a ver esta película...”, o “ah, esa
fue la primera película en la que vomité sobre alguien...”
Y, por supuesto, el video me encanta. En cierto sentido puedes difundir
el culto al mal gusto más fácilmente. Y es fabuloso.
Recuerdo cuando tenía 16 años y tenía que viajar
50 millas hasta un auto-cinema para poder ver Festín Sangriento
de H.G. Lewis. Nadie había hecho gore antes y todos se escondían
en sus autos en las escenas más brutales, ¿recuerdas?
Era una nueva clase de shock, el inicio de un nuevo espíritu,
divertido y desenfrenado. Ahora los chicos están listos para
cualquier cosa y siempre hay alguno de esos chicos raros de Bumfuck,
Kansas que sale con una innovadora snuff movie que puede llegar
a parecer real. El problema es que ese chico raro será aceptado
demasiado rápido y pronto tendrá un contrato en Hollywood.
Su próxima película valdrá 40 millones de dólares.
Para mí tuvieron que pasar 30 años para poder volar
en primera clase, ¿te imaginas?
Claro que si ves Pink Flamingos ahora, sabes que podría
pasar por una película muy actual, muy Dogma.95, o algo así.
O no, espera, ¿no puede haber muertos, verdad? Lástima.
Por eso yo invento mi propio Dogma.2000. veamos: Primero: debe ser
una película triple equis (NC-17) pero sin sexo ni violencia.
Segundo: debe haber una banda sonora tan abominable que ninguna
compañía discográfica quiera sacarla al mercado.
Tercero: el fotógrafo debe ser ciego. Y cuarto: en lugar
de conseguir estrellas famosas, debes contratar ancianos que no
hayan trabajado en 20 años y debes pagarles 1 millón
de dólares a cada uno.
Te cuento: yo quería hacer una secuela de Pink Flamingos.
Lo que probablemente hubiera sido un error. Si la hiciera sería
decepcionante. Ya no tengo la rabia que tenía cuando la hice.
Y si a mis 56 años tuviera esa misma rabia sería una
tontería. La rabia no se lleva bien con los años,
¿sabes?
|