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El Regreso (Vozraschenie)
 
  Adrei Zvyaginstev. Rusia. 2003. 106 min
 
 
 
  El regreso: cine, vértigo y paisaje  

por Mauricio Alvarez





"Diría que se trata de la encarnación metafísica del alma de la Madre hacia el Padre."
Adrei Zvyaginstev

En el principio está el paisaje. El paisaje es la película. Un gran lago, como un mar, visto desde la altura de una torre donde el vértigo se combina con la emoción de los niños que saltan al agua, todos menos Iván. Un niño que es parte de un paisaje abierto e imponente: el lago, el sol que se ahoga, la montaña y el pueblo. Un niño que se llama Iván y que tiene miedo y frío.

El regreso es una película de un paisaje con personajes. Un pueblo que podemos ver en la carrera de Iván con su hermano Andrey hacia la casa, prolongado travelling que pasa por las calles, enseña las paredes escasas de pintura, los edificios que hablan de otras épocas, la humedad, la hierba y al final la casa de la Mamá.

El regreso es una película de carretera, de agua, de horizontes abiertos, de un lago inmenso, de lugares desconocidos para los
espectadores y los personajes, lugares de adentro y de afuera. El paisaje se convierte en un mapa para revelar los acontecimientos internos que van cambiando al ritmo de un viaje lleno de giros en la carretera y en los afectos. Viaje desde la seguridad de la casa de la Mamá en el pueblo de siempre hacia lo remoto de la montaña, la ciudad grande, el río y la isla. Viaje con el papá (Iván, llámame papá) hacia adentro, hacia el principio de Andrey e Iván.

Pero nunca se empieza desde cero, es decir sólo se puede hacer una vez, y un viaje hacia atrás siempre será hacia un viaje hacia adelante lleno de tropiezos. Las preguntas estallan en la cabeza de Iván, ¿dónde estabas? ¿por qué nos dejas(te) solos? ¿a dónde vamos? ¿por qué no aprovechamos la pesca en este lago? La irreverencia de Iván lo deja sólo en una carretera, la más perdida de todas. Llueve y los camiones pasan y el mundo es muy grande, demasiado. La película no se apresura hacia ningún lugar, lo que importa son estos instantes, la soledad, la rabia, el agua en los zapatos, por eso la cámara tiene que querer a los personajes; como diría Tsai Ming Liang, no se debe notar que la cámara está ahí y que hay unos actores actuando frente a ella.

El viaje de El regreso está lleno de cosas que no sabemos, de cosas que no importa que sepamos, el asunto es que los tres están en un viaje juntos buscando lo que es de cada uno. Parece que no hay un destino común. El destino es estar juntos en esa primera soledad tan anhelada y ahora tan diferente, tan monstruosa, tan otra cosa. Pero Andrey e Iván están de viaje, y toman fotos y escriben un diario. Miedo, pesadillas y las noches del campo quedan grabadas en el pequeño libro y en su película.

El destino de estos tres viajeros recuerda a un documental ruso en el que una familia viaja en un viejo camión con su circo ambulante por una carretera inmensa y desolada en la frontera entre Rusia y Kazahstan. Se detienen en algunos pueblos donde presentan su show y luego continúan el viaje. La película muestra los temblores del autobús por la carretera desgastada, las caras de los niños y todo ese mundo “ahí afuera”.

El regreso trata de los rostros de Andrey e Iván montados en una pequeña embarcación trayendo a su padre de vuelta a un lugar ya sin tiempo, a un lugar sumergido, que une la primera y la última escena, con esos colores y esos movimientos que adquieren los objetos olvidados y ahogados.

El regreso describe, con la dureza del paso lento del tiempo, esos puntos donde el “puede ser” se quiebra en un “fue” terrible e inevitable. La película se reserva grandes dosis de respeto por los sentimientos de los espectadores y de los personajes dejando que las cosas sucedan sin presionar el ritmo. Ella deja que sus personajes sean. Vemos el rostro perplejo de Andrey por varios minutos y su mirada refleja todo lo que allí sucede, la película es sincera con quienes se debaten ahí dentro y con quienes nos la jugamos aquí ¿afuera?

Andrey, Ivan y el Padre, viajando hacia una isla en el lago Ladoga al norte de San Petesburgo, están descubriendo lo inconmensurable, lo que no habían olvidado de si mismos, se buscan yéndose. La isla abandonada es un territorio de separación entre el continente seguro y la posibilidad de lo inesperado. Todo es tan nuevo. Todo es tan contradictoriamente nuevo como el sabor del primer trago de vino.

Al final lo único que se tiene es lo que se sabe hacer: navegar, nadar, hacer una camilla, pescar, no dejarse robar, hacer una lancha, hacer una sopa, pararse en lo más alto de una torre y gritar con el ácido del vértigo y la desesperación en la mitad de la garganta. Gritar palabras irreconocibles, gritar por el miedo y por la rabia, por lo que no puede ser y “que no puede ser”, gritar inútilmente para luego “quedar impotente frente a lo ya hecho porque [la voluntad] no puede querer hacia atrás”. Ni siquiera por un segundo o menos. Esta es la esencia de la desolación que en El regreso es puro paisaje, imagen, cine. Iván sabe que ahora no hay regreso que valga, reconoce “la piedra a la que [la voluntad] no puede remover [que] se llama lo que fue, fue” [1].

Zvyanginstev pinta esa aversión contra el tiempo y su “fue” en el rostro de Andrey, en sus patillas cortas, en su pelo todo mojado y revuelto, en el desplome de su mirada; porque en la mirada de Andrey, el personaje,  se reconoce a Ivan Dobronravov, el actor, asistiendo a la representación de la monstruosidad y sabiendo que ésta es también de alguna forma monstruosa.

Al final la película nos deja de nuevo en la orilla ¿a salvo?, en tierra ¿firme? Allí Iván, Andrey, el carro, el lago, el cielo, todos son el paisaje. Allí comienza otro viaje de regreso, el más complejo. En esa escena final Zvyanginstev nos saca a todos brillantemente de esa orilla-atolladero. Vemos pasar las fotos del viaje que tomaron Andrey e Iván. Esas fotos ya no son pedazos de algún álbum familiar sino piezas clave de su memoria, su galería personal y la única forma de reconciliarse con el viaje. Son la prueba de que pudieron regresar a algún sitio.

[1] De la Redención. Así habló Zarathustra. Friedrich Nietzsche

Filmográfia de Adrei Zvyaginstev en imdb

 
 
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    magazine online pulp movies04. fotografías: claudiajaramillo. diseño pulpmovies. 2004. medellínbarcelonamadrid