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El sol del membrillo | ||||
| Victor Erice. España. 1992. 133 min. | |||||
| Por: Wilson Montoya | |||||
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Pintar el sol, es imposible. Raras veces encuentras cosas tan sencillas y honestas con las cuales es inevitable sentirse conmovido, raras veces encuentras obras tan poco pretenciosas y faltas de vanidad que no puedes evitar que se te forme un nudo en la garganta, y es tal vez que ya estás predispuesto a descubrir la impostura y banalidad en todo, que algo como El Sol del membrillo te desarma. Ella es una de esas cosas, es una de esas obras que sólo tu piensas entender y sentir en su verdadera magnitud, casi comparable a un gran lago de aguas tranquilas pero profundas, un lago perdido en el bosque, vas a nadar y es tu secreto, nadie más sabe sobre el. El mundo está convulsionado, cuándo no, pero en un pequeño rincón de Europa personajes puros encuentran sosiego en el desarrollo de sus obras, Antonio López con sus pinceles, Erice con su cámara, la herramienta no importa cuando se trata de captar algo de la fugaz belleza de esta tierra, para lograrlo se necesita paciencia, mucha perseverancia, otra vez paciencia, defraudarse y volver a intentarlo. Hussein proclama la guerra santa, el Discovery despega con éxito, el petróleo sube de precio mientras Antonio y su viejo amigo Enrique contemplan la reproducción del Juicio final en la Capilla Sixtina, Erice encuadra el autorretrato de Miguel Ángel en los pellejos de San Bartolomé —su angustia lo dice todo, todos moriremos, todos estamos muertos y Dios nos mira con desprecio. El Tiempo es fugaz, pero no hay que dejarse engañar por él, mucho menos dejarse enrolar por la velocidad de las cosas, todas ellas cargadas de trivialidad; a cada tiempo su ritmo, un ritmo para cada momento, el tiempo que sea necesario; Antonio y Erice lo saben con maestría, pues producir no es el objetivo, Antonio no pinta el árbol, más bien lo acompaña pues lo importante es estar junto al árbol, acompañarlo en su crecimiento, extraer de él su esencia al mejor estilo cezanniano, pero sobre todo acompañarlo. Por su parte Erice acompaña silencioso a estos personajes, su felicidad está en ser testigo de bellezas imperceptibles para nosotros, al final de todo, si hay cuadro o hay película realmente no importa, la consigna es renunciar a cosas, siempre debes renunciar a cosas y empezar de nuevo. Empecemos de nuevo. Información adicional |
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