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"Para la timidez, la
autodestrucción."
Andrés Caicedo.
Una habitación...
De nuevo en tierra, con los ojos a la altura de mis ojos. De nuevo en
mi habitación (la más triste del mundo). Solo; sentado en
cualquier rincón, esperando el inicio de la película. La
única que me puede salvar el día, -y, a la vez- la
única que me puede quitar esta estúpida sonrisa que tengo
en mi rostro. Porque cada película tiene algo de mágico,
o algo de patético -o, mejor aún- de las dos. ¿Y
Tape? No lo sé. Pero sin lugar a dudas, me quita mi
estúpida sonrisa.
Ahora que los créditos finales han desaparecido, marcando
así la duración real de la Cinta. Ahora sí. Me
encuentro totalmente solo.
Una cámara...
Reconozco. Debo ser sincero, aunque sea por este instante. Que amo esos
pequeños (y sutiles) movimientos. Es el pulso. Su
respiración. La incomodidad. Su cansancio. Quienes le dan vida a
los encuadres; que al fin de todo es nuestra mirada. Hacé de
cuenta que vos estuvieras corriendo por toda la habitación de
ese hotel de mala muerte. Mirando a los personajes desde cada
rincón; en el suelo. En la cama. En el baño, mientras
Vince se da un pase. Ahora tocan la puerta. Corré rápido,
no te puedes perder nada. Tú eres la acción. Porque solo
tenemos: una habitación, y dos personajes. Pero tienes que tener
en cuenta, nene, que no es sólo mirar desde donde nadie
miraría. Es algo más complicado; pues tienes que darle
más vida a la mirada. Y volverla menos mecánica.
-No. No puedes descansar, ni estar cómodo. Eso es igual que
poner un trípode. Sí, ya sé que hacer esos
barridos te marean un poco. Pero lo estás haciendo muy bien.
¿Ya entiendes por qué me gustan esos pequeños, y
sutiles, movimientos? ¿Ya entiendes, por qué digo que la
cámara vive?
Una historia...
"Eso no es sentimentalismo. Es estupidez."
Tape.
Tres personajes, amigos en la prepa. Luego el baile. El tan anhelado
baile de graduación. Después las drogas o la universidad
(a vuestro gusto). ¡Que historia tan norteamericana! ¿No
tienen más historias? ¿Es, acaso, que todos los gringos
viven, piensan, y mueren, en colectivo?
- No es que no me guste la historia; es que estoy harto, de ver siempre
lo mismo. Bueno. También estoy harto de mí mismo; y no
hago nada para cambiar. Es inevitable. El miedo de penetrar en algo
desconocido, en algo ajeno a nosotros. Nos hace retroceder, y quedarnos
en el mismo punto; así lo odiemos.
Tranquilo, Juan, tranquilo. Es sólo una habitación, una
cámara, y una historia. Nada más que eso. No existen
pretensiones. Ni prejuicios. Es solo la película. Nada
más.
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