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Al final del camino
“El cine ya no es más la experiencia
panorámica que fue, con grandes presupuestos; el cine es -o
debería ser- el análisis de la experiencia humana
individual, y como puede encontrarse uno mismo dentro de esa
subjetividad”
Abbas Kiarostami.
En 1999 con las manos un poco temblorosas, seguros de tener en las
manos una cosa importante, desconcertados de no saber bien por
qué, ansiosos de saber como respondería el público
habitual del cineclub, con un grupo de amigos presentamos Taste of Cherry (El sabor de las cerezas) de Abbas Kiarostami. Aunque ya habíamos visto algunas películas suyas como ¿Dónde está la casa de mi amigo? y A través de los olivos, Taste of cherry
representaba un paso más allá. Parecía que
allí algo se estaba rompiendo, que esa película era una
bofetada a cierto tipo de cine, una crítica arrolladora y a la
vez un manifiesto impresionante, una fuga, una salida hacia zonas
desconocidas. Lo más complicado es que todo esto se daba en una
película, en apariencia, muy sencilla. Y esa sencillez
parecía ser precisamente la fuente de donde sacaba toda su
lucidez estética y existencial. Si, existencial, porque esa
película planteaba el problema de ser, de la vida como
opción, del final, de las razones últimas. Pero todo,
todo tan sencillo.
Ahora, 8 años después y luego de haber conocido
más profundamente la obra de Kiarostami, luego de haber visto Close-up, El viento nos llevará, Y la vida continúa, Ten, 10 on Ten, uno puede hacer un acto de reafirmación con esta película. Si, Taste of cherry es un clásico, nuestro clásico personal si se prefiere.
Así de extraño es el viaje que nos ha enseñado
Kiarostami. En un artículo escrito para la presentación
en el cineclub en 1999 citábamos al crítico
estadounidense Michael Atkinson quien aseguraba que No obstante no
vivimos una época donde la rigurosidad y el análisis
visual sean recompensados, las películas de Kiarostami
están destinadas a satisfacer sólo a un puñado de
inquietos cinéfilos. Esa afirmación ha resultado ser
totalmente falsa. Aunque Kiarostami no aparece en las carteleras de las
grandes cadenas multiplex (y ojalá nunca lo esté) no
puede decirse que su obra satisfaga sólo a un pequeño
puñado de cinéfilos. Su obra se abre poderosa, como un
conjunto, como una sola película mostrando el valor radical de
la estética del silencio, de la sencillez, de la quietud.
En ese sentido Taste of Cherry marca un punto de partida, pues está muy relacionada con lo que serían luego Ten, 10 on Ten y Five.
Hay que reconocer que uno tenía cierto miedo a lo que pudiera
hacer Kiarostami en sus películas más recientes
después de tantos premios y tanto homenaje internacional, pues
todo eso, como se sabe, sólo sirve para afectar la visibilidad
del mundo real. Pero Kiarostami no usó ni a sus amigos ni su
dinero para hacer una superproducción, no tecnificó su
estilo de producción al máximo, no invitó
superestrellas a sus nuevas películas, no escogió un set
en Francia o en las montañas de California. No. Kiarostami se
quedó en Teherán, en sus calles llenas de ruidos y de
personas moviéndose de un lado a otro. Se quedó en las
montañas de las afueras, esas mismas donde transcurre Taste of Cherry,
esas mismas donde su personaje Badi da vueltas en su carro buscando a
alguien que le pueda ayudar en esa tarea tan simple que es echarle a
uno unas cuantas palas de tierra encima. Y además Kiarostami se
quedó con sus actores no profesionales, con un par de
cámaras digitales, como las que tenía su hijo que lo
filmaba filmar Taste of cherry y que el propio Kiarostami
usaría como material para ese final tan desconcertante. Y se
quedó con el set de un carro en movimiento. Taste of Cherry, Ten y 10 on Ten
están todas filmadas en el interior de un carro. Dice Kiarostami
que en ese lugar el ser humano tiene una disposición especial
para el diálogo.
Y así, parece que cada vez Kiarostami prescinde de más
cosas, cada vez se da más libertad de quitar, de cerrar los
límites técnicos y formales de sus películas a la
vez que las abre como agujeros gigantescos por donde uno mismo se puede
escapar. Y qué es Taste of Cherry sino una ventana que
da a una ventana que da a una ventana que...Y todo sin explicaciones,
sin razones aparentes, a Kiarostami le sobran y a nosotros sus
espectadores también, ya estábamos cansados de que todo
el mundo nos quisiera explicar el mundo. Bienvenida la decisión
de Badi de SUICIDARSE, así sin más, sin razones, sin
llantos, sin patetismos, sin causa-efecto, sin nudo-desenlace.
Bienvenido el rodeo por las montañas, bienvenida la
búsqueda de los otros, bienvenida la noche con tormenta y rayos
y bienvenido el luminoso amanecer en donde todo se cierra en la
incógnita y sólo nos queda la cara del director a lo
lejos organizando a su equipo de producción. No sabemos que
pasó con el suicida, con sus colaboradores, con su vida, con su
muerte. Y ya está. Disfrutemos del sol sobre las montañas
y del sabor de las cerezas, mientras se puede.
Información adicional
Reseña de Ten por Mauricio Alvarez.
Reseña de 10 on Ten por Mauricio Alvarez.
Artículo sobre Abbas Kiarostami
por Pedro Adrián Zuluaga
Filmografía de Abbas kiarostami en Imdb.com
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