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  Ten, de Abbas Kiarostami.  
En el camino.  
Por Patrice Blouin.(Traducción Claudia Jaramillo. PulpMovies)  

 

 
Dónde va el carro cinematográfico de Abbas Kiarostami? Después del tiempo pasado en las calles de Teherán y en las montañas iraníes, no estamos seguros con exactitud. Uno duda, viendo los caminos y recorridos, el director interviene menos que lo que el objetivo atiende (un lugar para morir, la casa de mi amigo) en un camino desconocido. Pero se entiende siempre la última parada, dónde, al menos, las pausas intermedias - que son las que permiten confrontar directamente la posición del conductor en la sociedad que le rodea. Pues, como en un cuento (por fuerza) persa, el carro está a la medida que él avanza. En Ten el carro ocupa todo el espacio. No es una cuestión de salir, este tiene su propio y único destino. El mundo exterior no está del todo anulado. Persiste como un rumor lejano, como si desfilara por la ventana, un cuadro luminosos que varía del blanco al negro. Paradoja aparente y verdad histórica: es la firmeza original de un dispositivo que muestra la coincidencia perfecta entre cine y tragedia. Con Kiarostami, el cine de carretera se convierte en un arte extranjero.
 
Es decir un estudio móvil, un carro ambientado, que va por la ciudad equipado de dos cámaras, una dirigida por le pasajero y la otra por la conductora. Las personas se suben y se bajan, reintegrando a si mismo el flujo que momentáneamente desaparece. Uno lo tiene al curso del camino, ellos saltan en la marcha. Ellos no tienen deseos de continuar. Inmovilizan provisionalmente un cuerpo y están en su mundo cotidiano, de ello se deriva la contraparte del "ver hablar", este es el truco de Ten, su sutil línea y su defecto escondido. Afuera, el tráfico urbano, delante la circulación de la palabra. Afuera y delante, su parada, su arranque, su desvío y eventualmente su despegue. Ese ritmo no es por lo tanto de la conveniencia de todos los invitados. El niño(que no quiere oír) y la prostituta (que no quiere hablar) son los más rápidos y en ellos se devela un tratado desigual, al querer imperativamente llevar la conversación y el viaje. Estos son de otra parte, los únicos que uno ve salir y entrar de uno a otro vehículo silencioso (esto o uno se lo imagina).
 
Lo que es imposible de esconder en este vehículo cinematográfico de Ten, es que siempre tiene la misma conductora, con sus gafas de sol, maestra y reguladora de los propios cambios (La encantadora Mania Akbari), cuando Kiarostami estaba todavía detrás de la cámara, su objetivo estaba demarcado por un hombre, mientras que ahora, el dispositivo encuentra su independencia, el elemento femenino prevalece como si la cámara digital no fuese simplemente una técnica artística, sino sexual. En el transcursos de los diferentes trayectos, esta inmutable interlocutora muestra diferentes facetas, según su humor, según sus pasajeros, entorno a ser madre, hermana, mujer divorciada y agnóstica. Y en sus diferentes diálogos, se muestra una comunidad ausente, moral, política, civil y religiosa, que aparece, poco a poco.
 
Es un mundo insinuado que viene a desvelar la realidad. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, Kiarostami, está siempre tocado por el lenguaje intertextual de las palabras ordinarias, de los trazos de ingenuidad como de las malas maneras, y sin embargo no hay nada que reprocharle en sus conversaciones parlanchinas. Sin duda estos diálogos reclaman sus derechos a existir en la opresión de cualquier mirada individual. Por lo tanto, eso que gusta de ten, en sus 10 historias encadenadas, es en parte el plató continúo lleno de discusiones, que se desbordan en acciones afectivas y los gestos que las acompañan.
 
En la primera frecuencia, la violencia del niño negándose a escuchar a la madre, patalea, se hurga las orejas. En otra parte, el antes y el después que enmarcan las sonrisas y las lágrimas de la muchacha, amorosa, paciente, descubriendo con suave aplomo su cabeza rapada. Los contratiempos que surgen imprevistos. Muestran a un Kiarostami, que después de renegar de la familia Lumière, al hablar de la desaparición de "la puesta en escena", diciendo que su cine es la continuación fílmica desde otros medios, con las nuevas técnicas se conserva igual el legado y la herencia.
 
El carro-cinema de Ten, funciona parecido a un Wolkie Tolkie, utiliza dos cámaras digitales, que no pretende hacer de sus actores ratas de laboratorio, o ladrones en una persecución, mas bien es dejarles en libertad, sin darles un margen aparente. Se podría creer que en ABC África, Kiarostami parte de un diario de viaje, un diario íntimo, pero es mas bien una ambición personal, de su amor profundo por el personaje. Lo utiliza como el medio viable para la puesta en escena. Con Ten, trae el primer invento del cine sobre ruedas afectivo, para Cahiers du Cinéma, el nuevo nombre del cine.
 
Ten (Francia -Irán 2002 )
Equipo: Abbas Kiarostami, Mania Akbari, Roya Arabshari, Katayoun Taleidzabeh, Mandana Sharbaf, Amene Moradi, Amin Maher, Kamran Adl, Morteza Tabatabaii, Bahman Kiarostami, Mastaneh Mohajer, Mazdak Sepanlu, Reza Yadzdani, Vahid Ghazi. Música: Howard Blake. Producción: Marin Karmitz y Abbas Kiarostami. Distribución: MK2 Diffusion.
 
Filmografía de Abbas Kiarostami (imdb.com)
 
 

Los textos han sido realizados por el equipo de Pulp Movies.
Medellín - Barcelona - Madrid 2002 -2003