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10 on ten. | ||||
| Abbas Kiarostami. Irán. Francia. 2004. 88 min |
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| Por: Mauricio Alvarez |
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El cine íntimo de Abbas Kiarostami. Puede llegar a creerse que Ten on Ten es una película sobre Ten que es otra película. Tanto el título como las referencias que hay en los 10 capítulos de Ten on Ten así parecen indicarlo. En ese caso uno tendría que ver a Ten on Ten como un apéndice de una obra predecesora que sería Ten. Incluso alguien podría llegar a creer que Ten on Ten es algún tipo de “explicación” que da Abbas Kiarostami para poder “entender” su película anterior y de esta manera la segunda película carecería de valor sin la primera. Nosotros partiremos de otro presupuesto. Ten on Ten es una película sobre el acto creador en el cine y toma a Ten como un caso particular de esa reflexión. De esta manera Ten on Ten se convierte en una obra en si misma pero con un vínculo fuerte con Ten. Ese vínculo se puede formular como interrogantes ¿Qué representa para el cine una obra como Ten? ¿Es Ten un punto de partida de otra forma de hacer cine? ¿Qué representa para la representación de la realidad una obra como Ten? ¿Qué ha aportado que no conocíamos? ¿Cómo es posible cambiar tantas cosas con una película tan sencilla? ¿Cuáles son las claves de este nuevo cine? Uno podría pensar que este tipo de preguntas solo tienen interés para aquellos que son muy aficionados al cine, que lo estudian en la academia o que lo realizan en la práctica. De esta manera Ten on Ten sería una especie de metacine para iniciados. Rechazamos este enfoque porque consideramos que niega el discurso central de Ten on Ten. En Ten on Ten Kiarostami habla de su cine y al hablar de él nos habla de su acercamiento al mundo, de cómo considera él la relación entre el mundo que vive y lo que puede mostrar y decir con el cine. Evidentemente que esto no tiene que ver sólo con el cine. Ten on Ten no es de modo alguno un “detrás de cámaras”, sería más adecuado decir que se trata de un “dentro del director” Kiarostami toma a Ten como el punto de partida para reflexionar sobre su propio cine. De Ten toma el formato de los diez capítulos y la cámara fija en el interior de un carro. Y toma a Ten porque es la película en donde se reflejan con más claridad sus planteamientos personales sobre el proceso creativo cinematográfico. Si afirmamos que Ten es su obra más personal, más libre, entonces Ten on Ten es la revelación de los elementos expresivos de esa libertad. La película muestra como esos elementos han llegado por accidente y como otros han aparecido fruto de la intensificación de su figura de autor. En Ten on Ten Kiarostami cuenta cómo la cámara digital apareció en su cine como un recurso de emergencia ante un accidente de producción en Taste of cherry (Irán 1999) y a partir de allí descubrió una forma diferente de concebir su cine. Llevar la cámara al lugar donde los actores se sientan lo suficientemente cómodos para permitirles que se abran, y se muestren al máximo. No es gratuita la presencia de los actores no profesionales en casi todas sus películas. Kiarostami quieren que actúen sin actuar. Por eso el desconcierto con Ten. Las fronteras entre las formas del documental y la ficción se desvancen, aunque en verdad esto no nos preocupa demasiado, los actores actúan sin actuar frente a una cámara casi invisible y con un director prácticamente escondido.Ten es el cine de las restricciones auto impuestas pero necesarias para llegar al punto preciso en donde la expresión se puede dar. La pequeña cámara fija, los personajes en el carro, en carro dentro de la ciudad. Confía kiarostami que así se podrá dar una revelación y persiste en ello. Y Ten on Ten es el diagnóstico y las preguntas que originan tal búsqueda. Ten on Ten es también una reflexión política sobre el cine. Kiarostami es sincero pero no ingenuo. Hacer cine de la forma en que él concibe el papel del espectador es como se dice en la película: “sembrar hierba en platos mientras los otros siembran grandes plantaciones”. Kiarostami no quire hacer cine para minorías, quiere que su cine pueda ser visto y degustado. Reconoce los obstáculos y los enemigos que tiene en esta tarea. Sabe de la omnipresncencia de ese otro cine, del cine grandilocuente, y conoce la forma en que ese cine trata al espectador. Pero antes de consagrar su desprecio, que lo hace, se detiene a analizar las causas y las fortalezas que tiene ese cine para cautivar de tal manera a los espectadores. Kiarostami reconoce que allí hay un gran conocimiento del cine y del ciertos mecanismos de la sicología humana pero también señala las trampas morales y económicas que hay detrás. Una de las preocupaciones centrales de Ten on Ten son los estudiantes de cine, que podemos extender en un contexto más amplio no sólo a aquellos que están matriculados oficialmente en la academia, sino a todos los que están en un proceso de formación de la apreciación o la creación de cine. Le preocupa a Kiarostami la distancia que hay entre esos procesos de formación y la realidad. Porque la que sufrirá con esa distancia será siempre la representación de la realidad y por ende la capacidad comunicativa y liberadora del cine. Kiarostami es un autodidacta del cine y nos recuerda nuevamente que el cine es ante todo un lenguaje y lo principal es lo que se tiene para decir con él. De ahí la reivindicación del cine digital. Porque como bien ha señalado Samira Makhmalbaf el cine digital es una revolución que no ha sido lanzada contra el cine mismo sino contra ciertas profesiones relacionadas con el cine que históricamente han impedido una auténtica expresión del cine de autor. En Ten on Ten Kiarostami se dirige a sus espectadores no sólo como espectadores de cine sino como sus interlocutores, como potenciales “hablantes” del lenguaje del cine. Para ello se pone a si mismo como ejemplo y recorremos con él las montañas de los alrededores de Teherán en su carro y con su cámara. No parece que haya nadie más allí. Es un diálogo personal. Kiarostami nos está invitando no sólo a su cine sino a todo el cine. Al cine como lenguaje y posibilidad de expresión, lo está desmitificando para ponerlo en nuestras manos. Nos muestra que simplemente hay que estar abiertos y saber mirar, porque hay un mundo de cosas sucediendo a nuestro alrededor y en nosotros mismos que merecen ser mostradas. Información adicional |
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