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"No asumas la estéril estancia del espectador."
"Lo que deseo es el hambre universal, la sed universal
Mi oreja en el piso, escucho pasar el mañana."
Aimé Césaire
Sokolo-Mali, Mauritania. Para un fin de año.
Sokolo, un paraíso. Soy baquiano en sus terrenos. El sol
pega en bombas contra mi sombrero. Escribo, y mientras la tinta
del esfero se escurre, descubro la maravilla en clave sobre el papel:
la sombra ondulante y frágil de un árbol de Sokolo,
bajo el que estas líneas encuentran abrigo. Frágil,
ondulante, paradisíaco, así es Sokolo. Grandes extensiones
para tus ojos, así es Sokolo. Aquí el universo vespertino
se resuelve en calor y las bicicletas al rodar esquivan sus estragos.
Así es el mundo en Sokolo, abanicos en movimiento traspasados
por las ondas hertzianas de Radio Colon, calles polvorientas espasmódicas
escuchan los sonares del dial de la gran ciudad: ecos y ecos de
virus informáticos, fiestas multitudinarias, pirotecnia y
neón. En Sokolo todos esos ecos se desvanecen en el oleaje
del atardecer, en la visión fugaz de un cúmulo de
nubes partiendo hacia el nuevo día en otra latitud. Es la
noche en Sokolo, África sonríe, las mujeres sueñan
con nacimientos y ríos y tambores...
.....En la oscuridad compacta de Sokolo, insectos conmueven mi
tímpano......
Así es Sokolo, se duerme sobre el manto rojizo del desierto,
desnudo de todo poder, de toda vanidad. Un sueño austero
es Sokolo para estos ojos de avenidas y colisiones. Duermo en Sokolo
y corre la vida en la tierra, más allá de los párpados
las cabras comparten el sueño, los grillos apenas murmuran,
las raíces penetran tierra y fuego, el silencio toma cuerpo,
el flujo revienta, es inminente el sol en la cúpula, es inminente
el sol en la cúpula en la tierra en la vida.
¿Volveré a la gran ciudad?
Si acaso estos parajes me lo permiten.
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