1. Yo.
Supongamos que yo me llamo Ah-jung y que vivo en Taipei.
También podríamos suponer que no tengo nombre y vivo el
cualquier otra parte. Sólo es una cuestión formal,
un asunto de créditos.
2. El melón
Te quiero dar un beso, te chupo por todas partes, siento todos tus
jugos en mis labios y en mi lengua. Te penetro con mis dedos que quedan
húmedos y relucientes, te toco por todas partes, me meto
adentro, te despedazo y juego contigo.
3. La calle.
Me gusta el silencio, me obliga el silencio, ¿tienes algo para
decirme?, ¿tienes algo para decir? Yo no. Evita hablarme aunque
no me importa si lo haces, es lo mismo. ¿Tienes fuego? Un
cigarro sí, Eso sí. ¿Qué hago? Qué
importa si vendo espacios en un recinto para criptas de lujo. No
tienes cara de comprador ¿o si?.
4. Sweet home.
El la encuentra en la calle. Ella se llama May Lin, aunque yo no
lo sé. (May como la novia que dejó a ese
policía de Hong Kong que para olvidarla tomaba piña en
latas con fecha de vencimiento del primero de mayo.) La encuentra en la
calle aunque ellos no se encuentran, la calle los desencuentra.
Se miran en silencio. En el silencio estruendoso de la calle
aturdida por las luces de neón, tiendas de comida rápida,
muy rápida y vendedores ambulantes de todo lo que se pueda
vender ambulantemente. Todos somos vendedores ambulantes de algo.
Ella pega carteles anunciando pisos pero reparte angustia con la
mirada. Está sola. Cómo todos, ¿no?.
Ellos dos se meten en una cama, sin quitarse la ropa. Nunca
estuve más vestido que cuando estaba desnudo con los calcetines
puestos. Yo los oigo. Su jadeo me aplasta, literalmente.
5. Dame las llaves.
Llevo tanto tiempo sin hablar que ahora camino de puntillas, mi
rostro es un comodín aunque me sigo viendo. Mi casa es la de
ellos que es la de nadie. Esta ciudad está llena de casas
vacías.
Si señor en perfecto estado, 4 habitaciones, cocina muy
iluminada, kinder garden cerca, un parque en la esquina, dos
baños, mucha luz. Todo por solo...
Ella vende espacios vacíos y ellos la habitan.
6. Un rayo de esperanza.
Ella quiere llorar, su mirada lo dice. Su llanto no es
fácil. No se trata de llorar algo en concreto, se trata de
llorar todo. Todo eso que está ahí adentro
apretando. Llorar por nada. Llorar.
Hace falta un lugar, hace falta caminar, llegar a los extramuros de la
ciudad y de ella misma, llegar a un lugar abierto. Una banca de
un parque, en un rincón no tan solo. No tan lleno. Ahí
está la gente de los parques mirándose hacia adentro,
hacia sus cataclismos, sus desastres, sus ruinas, hacia lo que no es.
Una fuente. Unas gradas. Una banca. Un periódico.
Aquí fue. Esa esquina buscada sin saberlo pero sabiendo que
allí es.
El asunto consiste en aplastar las soledades (hay quienes las tenemos
en plural) contra el cemento. Revientan te lo digo. Revientan por los
ojos aunque se llora con el estómago, como los perros cuando
ladran.
7. El asunto ese. La cosa.
Se trata de un llanto lento. Continuo. No hay prisas, aunque haya
alguien rodando o haya otros mirando. Se llora por lo no mensurable. Se
llora porque ¿ Qué otra cosa se te ocurre amigo
mío?.
"Cuando escribí la
versión original del guión quería un rayo de
esperanza al final. Entonces el final original era, que la mujer,
después de caminar y caminar en el parque, decidía que
sí, que quería extender su mano y pedir amor.
Entonces volvía al apartamento y esperaba al hombre
durmiente. Ese era el final original. Así que
esperé a que se abriera el nuevo parque en Taipei . Y cuando se
abrió vi que se trataba del mismo que había visto unos
días atrás. Nada había cambiado. No estaba
en forma para abrirse pero abrió. Y con ese desconsuelo en
mi corazón ya no había forma en que pudiera filmar el
final original. Y así es como apareció el final"
Tsai Ming Liang.
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